Gracias a la gentileza del maestro Guillermo Zúñiga Martínez y al profesionalismo de sus colaboradores, mañana estaré en el trance de presentar mi libro Pueblo Viejo, un manojo de historias de mi pueblo rescatadas de entre el recuerdo y el homenaje al ingenio de quienes han hecho su historia y su fama.

A las 13:30 horas -una y media de la tarde- en el auditorio del Colegio de Notarios, calle de Bravo número 15, abajo del Hospital Civil y en pleno centro de Xalapa, dos eminentes doctores en literatura y un afamado escritor se ocuparán de dar a conocer lo que piensan de mi obra (espero que sean complacientes y compadecidos con ella, ya que no conmigo), en un evento que está abierto al público y al que invito muy cordialmente a mis lectores, no siempre satisfechos pero totalmente añorados y respetados.

Como una muestra de lo que presentaré ante ustedes mañana -si me hacen el honor de acudir a la ceremonia, que es gratuita y no requiere invitación-, me permito reproducir algunos fragmentos de Pueblo Viejo, con la esperanza de incitar a su lectura.

“El chisme es el deporte nacional de Pueblo Viejo. Todos lo ejercen y todos lo cultivan como una flor preciada. No hay honra que pueda permanecer sin mancilla ni secreto que se pueda guardar, por más que se esconda entre paredes o bajo siete llaves. Todo se sabe; todos lo saben. Y está tan extendido que, paradójicamente, ha perdido la fuerza maligna que en otros lados suelen tener los infundios, las mentiras, los embustes, las maledicencias. Acá se puede decir lo que sea, y en verdad que no se acaban ni amores ni se pelean hermanos ni se terminan amistades. Los pleitos, que los hay y muchos, son por otra cosa. El chisme se cultiva en todos lados, pero tiene un sabor especial cuando se cuenta o se escucha en la tienda de Togillo, el abarrotero del pueblo, toda una institución. Ahí vamos todos los puebloviejenses a sentarnos entre las jarcias para escuchar las últimas noticias, para conocer las exclusivas, para informarnos fehacientemente.

“Un estudioso de la semiótica oriundo del lugar, que vino a aplicar sus profundos conocimientos para dilucidar cómo iba eso de la comunicación entre los puebloviejenses, llegó a una profunda conclusión:

“—El chisme es el mensaje.”

“Caminaba nuestro estimado alcalde El Altor junto con su secretario por el parque del pueblo, enfrente justo del Palacio Municipal, cuando uno de los miles de pajaritos que viven en los árboles que adornan el centro histórico atinó a dejar caer una de sus gracias, con tan buen tino que se depositó inclemente sobre la cabeza del munícipe.

“—¿Qué es lo que tengo en la cabeza? —preguntó al secretario al sentir el proyectil desparramado en su cráneo.

“—Caca —le dijo el otro, en honor de la rapidez y la contundencia. Conocedor de sus alcances y hombre honesto hasta consigo mismo, le contestó a su subordinado:

“—No, mi secretario, yo te pregunto qué es lo que tengo en la cabeza, ¡pero por fuera!”

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