Varios politólogos y analistas políticos han señalado en las últimas semanas que lo que estamos viviendo en México y en Veracruz es un cambio de régimen en el sentido de que llega a su fin la mancuerna de gobiernos neoliberales y tecnócratas con empresarios privilegiados y voraces. Me parece que esa conclusión es correcta. Las élites políticas y económicas del país no han entendido que no han entendido que ya todo cambió.

Después de la Revolución Francesa de 1789, en los años más radicales entre 1792 y 1794, la Convención francesa lo que hace es un replanteamiento ético y moral ante la sociedad que convulsiona al país entero, a sus instituciones pero sobre todo plantea un nuevo paradigma político y social. Igual pasó después con la primera parte de la Revolución Rusa 1917. Desde luego no planteo ni propongo el radicalismo de violencia y terror en los que derivaron estos movimiento, pero sí hago un símil de lo que significa una sacudida en las conciencias en cuanto a que estábamos viviendo y seguimos viviendo en un régimen de privilegios, de excesivas desigualdades donde el Estado no quiso o no pudo poner un alto.

Es importante señala aquí que no se trata de un cambio de régimen legal o constitucional, se trata de un cambio político de una clase privilegiada y corrupta que usó al Estado mexicano para su propio beneficio. No se trata tampoco de estar en contra del libre mercado, de la economía liberal, de las empresas o la propiedad privada, se trata simplemente de no permitir más los negocios de un grupo de personas y familias con la complicidad de funcionarios corruptos. No entienden que no entienden que todos los mexicanos lo sabíamos.

Desde luego la sociedad civil debe seguir vigilante que este cambio de régimen respete la legalidad y las instituciones del país, pero lo que hay que dejar claro es que lo que estamos viviendo en este momento son discusiones muy ideologizadas y propagandistas del grupo que ha sido privilegiado con la corrupción de los tecnócratas que han manejado México desde 1988. No entienden que no entienden que ellos pensaban que la mayoría de los mexicanos eran tontos.

No entienden que no entienden que hay una gran mayoría de mexicanos empobrecidos que no han recibido los beneficios de las políticas neoliberales.

No entienden que no entienden que las nuevas mayorías parlamentarias les van a hacer los mismos que ellos hicieron cuando controlaron los Congresos.

No entienden que no entienden que los gobernadores absolutos, ladrones y autoritarios van a encontrar un gobierno central que los va a frenar.

No entienden que no entienden que los jueces y los magistrados también tendrán que empezar a hacer su trabajo de árbitros y control.

No entienden que no entienden que son muchos legisladores y con sueldos que no los justifican, y que tendrán que disminuir tanto en número de legisladores como en sus prerrogativas.

No entienden que no entienden que nunca reconocieron realmente que los policías ministeriales y los ministerios públicos no estaban haciendo su trabajo y que ahora lo tienen que hacer.

No entienden que no entienden que ser servidor público no es ganar como un gerente o ejecutivo de una empresa privada.

No entienden que no entienden que tendrán que pagar sus impuestos completos.

No entiende que no entienden que no se va a tolerar más lastimar los recursos naturales del país.

No entienden que no entienden que son discriminatorios, que no respetan derechos humanos, que son clasistas y elitistas.

No entienden que no entienden que han vivido en una burbuja de privilegios y que todos los demás lo sabíamos.

No entienden que no entienden que hay más regiones y lugares en México que sólo la capital Ciudad de México privilegiada y ambiciosa.

No entienden que no entienden que la libertad de expresión va en serio y que es un derecho.

No entienden que no entienden qué es un derecho.

No entienden que no entienden que ya todo cambió.

Y en lo que toca al nivel local, Miguel Yunes no entendió ni entiende, a pesar de su gran capacidad política, que no entiende que desaprovechó su oportunidad.

Yunes no entiende que no entiende que no debió poner monárquicamente a su hijo de candidato.

No entiende que no entiende que controló al estado al más claro y conspicuo estilo autoritario y centralista.

No entiende que no entiende que todos nos dimos cuenta que su modus operandi es a través de traiciones y compra de voluntades.

No entiende que no entiende que acaparar el micrófono y los discursos significaba evidenciar su megalomanía y su voluntad de control total.

No entiende que no entiende a las víctimas. No entiende que no entiende que no conoce la legislación sobre los derechos de las víctimas.

No entiende que no entiende los derechos humanos y no entiende que no entiende que no se puede ejecutar a una niña a sangre fría.

No entiende que no entiende que él creó guerra en lugar de paz. No entiende que no entiende que él dividió en lugar de unir.

No entiende que no entiende que perdió el poder, perdió el piso, perdió la cordura y perdió el gobierno.

No entiende que no entiende que pone en peligro a Veracruz con su opacidad, su autoritarismo, su falta de sentido democrático y de dignidad ante la derrota.

No entiende que no entiende que él no es democrático.

No entiende que no entiende que él es un autoritario.

No entiende que no entiende que él es igual a sus dos predecesores Fidel Herrera y Javier Duarte. No entiende que no entiende que él es lo mismo que ellos, igual a ellos, y que él es ellos.

No entiende que no entiende que no añadió nada, no agregó nada, no mejoró nada, no dio nada nuevo a Veracruz.

Yunes no entiende que no entiende que solamente sumó dos años más a los años perdidos de Veracruz, sumó dos años más a la nada, sumó dos años más a un Veracruz estancado, dividido, pobre.

No entienden que no entienden.