La Ley General de Educación señala que todos los niños y las niñas deben estar incluidos en una misma aula, porque sólo los que estudian, crecen y aprenden juntos se darán cuenta que en el mundo hay personas con algún tipo de discapacidad y así cuando sean adultos podrán aceptar el trabajo junto a una persona con esta condición de vida, señaló la periodista Katia  D ‘Artigues.

Es entendible, que algunos padres y madres prefieran enviar a sus hijos a una escuela de educación especial, a fin de evitar que sean discriminados, sin embargo cuando terminen de estudiar se enfrentarán al mundo exterior y es así en donde se percatan que no están preparados para ser incluidos.

Explicó que al integrar a los niños con algún tipo de discapacidad a las aulas de las escuelas públicas o privadas, sus compañeros aprenderán que en el mundo debe haber inclusión social.

“Hay altos y bajitos; gorditos y flaquitos; habrá una mayor integración y podrán hacer todo juntos. Es la única manera de cambiar al mundo; con educación”, explicó.

Explicó que hay papás que tienen dudas porque quieren proteger a sus hijos que tienen algún tipo de discapacidad y no enviarlos a las escuelas públicas.

“Pero es una sobreprotección que les ponemos amorosamente; para que no sean buleados, discriminados, pero cuando se acabe la escuela, les quedan los papás y los papás se van a morir, porque esa es la ley de la vida, entonces qué pasará con ellos?”, reflexionó.

Katia D’ Artigues acudió al museo de Antropología a ofrecer la conferencia magistral “Igualdad, Inclusión y Estado Laico”, organizado por la Universidad Veracruzana.

Explicó que el estado debe preparar a los maestros y capacitar a la sociedad a fin de que sean incluyentes con las personas que tienen algún tipo de discapacidad.

Las escuelas de educación especial no deben desaparecer, pero si reducirse poco a poco hasta que los niños puedan incluirse en escuelas regulares, explicó.

En España, dijo la conferencista, el 80 por ciento de los niños con algún tipo de discapacidad  están en escuelas regulares, porque desde hace 30 años iniciaron el proceso de inclusión, que apenas inicia México.

“Es un cambio cultural; lo que tenemos que cambiarnos es el chip. No podemos llegar y decir que los niños son malos, no, los niños no son crueles, nosotros los enseñamos a ser discriminadores, que nosotros como padres, madres, maestros se espantan cuando ven a un niño con discapacidad, porque no saben cómo tratarlos”, finalizó la directora de la Fundación Comunicación para la Inclusión.

 

 

 

 

 

 

 

Verónica Huerta