Yo soy hija de la luna,
nacida del rayo del sol,
hecha con muchas estrellas,
mujer de mucho valor
(Mariana Carrizo)

Poco sé, debo confesar, de Mariana Carrizo, la coplera argentina que se presentará este fin de semana en Xalapa. Cuando Ramiro González y Eloy Fernando me hablaron de ella (Ver: Pásenle a Xipano, el nuevo centro cultural de Xalapa), la perseguí en YouTube y quedé fascinado, especialmente, por la autenticidad y sencillez de su canto. Busqué después información sobre ella y me encontré, entre otras, con una entrevista que le realizó Carolina Cattaneo para el portal Sophia. Limitaré esta a entrega a retomar algunos fragmentos de esa entrevista para que la conozcan y no vayan perdérsela, se presentará el jueves 25, a las ocho de la noche, en el espacio de Xipano (Santiago Bonilla 105, colonia Obrero Campesina, a un lado de la torre Hakim), y el viernes 26 —haciendo un dueto imperdible con Laura Rebolloso—, a las nueves de la noche, en el foro Cauz (Morelos 1, esquina con Barragán). Cuando esté aquí, por supuesto que intentaré platicar con ella, por lo pronto, conozcamos algo de su vida y su quehacer.

«–¿Ibas a pastorear cabras a los cerros?

«–Siempre, de chiquita. Ahí empecé a cantar. La gente en aquellos lugares tiene su majadita, vive de eso: de la lana, de la carne, de la leche; entonces, teníamos unas cabritas y salíamos a los cerros a pastorear todo el día. Y allá, durante el tiempo que pastoreás, se hila, se canta, bueno, se está en las diferentes actividades con el tiempo que va trascurriendo.

«–¿Cómo es cantar pastoreando?

«–Este canto es de esos lugares, natural de aquella zona, es una expresión cotidiana, espontánea, íntima. Íntima porque es un canto que, si bien a veces se canta de manera colectiva, como en los carnavales, donde hay ruedas de hombres y mujeres, es una expresión del ancho de la vida. Y esto se canta cotidianamente mientras se pastorea, como cuando cantás una canción en la ducha. Es parte del aire que respirás. Los Valles tienen su forma de cantar, la Puna la suya, el monte la suya; va variando. Cada paraje, cada pueblo, le va poniendo su impronta, la textura de su sentimiento que va tallando el canto.

«–¿Cómo fue crecer en el campo?

«–Al pie del cerro está la casa de mi abuela y a doscientos metros pasa el arroyo. Y arriba del cerro, el sol, la luna, los cardones y los cóndores. Cuando era chica, y estábamos en los cerros, mi primer sueño era alcanzar con mi canto el vuelo de los cóndores, que ellos me escuchasen. Ese era mi juego. Y yo cantaba lo más fuerte que podía.

«–Tu perfil de Facebook dice que sos ‹Coplera por libertad. Cantora por necesidad›. ¿Cuál es esa necesidad?

«–Yo, cuando canto, siento que existo. Punto. Eso me pasa. Sin cantar, estaría apagada.

«–¿Qué cosas evocás al cantar? ¿La compañía humana o el contacto con la naturaleza?

«–Es todo. En esos lugares, somos una parte más de la naturaleza, no estamos desprendidos. Somos flor, tierra. Eso somos. Para mí el canto está en todas partes. Cuando era chica, la música era sentarme debajo de un árbol y escuchar los pajaritos, cada uno de sus trinos; o el río, cuando bajaba o cuando crecía; los truenos. Cada uno tenía un sonido diferente de acuerdo con el lugar en el que estuviese ubicada. Y eso está adentro mío, de eso estoy compuesta».

 

 

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https://youtu.be/kEhdZ1xd3Fc