Dos factores extramuros estarán en el ánimo de los representantes ante el Consejo Universitario General que este lunes por la noche se reúnen en sesión ordinaria: el ahorcamiento financiero de que ha sido objeto la casa de estudios por parte del gobierno estatal y lo que en los corrillos universitarios se considera como la mano negra que está meciendo la cuna en medios de comunicación (incluso internacionales) para dejar en la lona a la rectora Sara Ladrón de Guevara y, de paso, desprestigiar a la casa que ha formado a buena parte de los profesionistas de Veracruz.

Hasta el viernes, en Poza Rica, Sara se refirió a lo publicado por un portal sensacionalista inglés, al que nos referimos el mismo martes primero de septiembre en este espacio, y en que el firmante parece realizar un ejercicio de periodismo ficción, colocando a la UV como el sitio en que se conjugan las plagas bíblicas.

¿Fue una inocente fórmula del reportero para justificar un trabajo mal hecho (o inexistente) y lograr un sitio especial en la oferta informativa del Daily Mail, medio catalogado como sensacionalista? Lo cierto es que, tras este pretexto, varios medios nacionales lo reprodujeron sin tomarse unos minutos para corroborar los hechos ahí destacados, incluso aderezándolo con datos no incluidos en el original en inglés, como el que el informante oficial era Edgar Onofre, jefe de prensa de la UV.

Veracruz está tan bien colocado en el catálogo de los desastres que todo parecía concordar, desde el punto de vista de los observadores ajenos a lo que ocurre en la casa de estudios, con los hechos desorbitados presentados por el periodista inglés.

Sara, en Poza Rica, pecó un poco de inconsistente. Primero, porque lo que todo mundo esperaba ese primero de septiembre era escuchar a la universidad sobre los dichos del portal informativo inglés, cosa que ocurrió mediante un desplegado difundido exclusivamente en el portal de la UV por la tarde de ese día, pero que no llegó a los periodistas y, menos, a los lectores; y segundo, porque –acaso por no leer este espacio cotidiano– afirmó que “no hay medios que salgan a decir ‘yo vivo aquí, yo veo cuál es el clima, yo veo que no hay una mayor violencia en el interior de la universidad’”.

Por supuesto, no se trata de repetir lo que en su momento escribimos porque es posible que tampoco lo lea Sarita, una mujer a la que estimo y con la que trabajé hace algunos años en la UV.

Lo cierto es que en la comunidad universitaria se ejerció lo que en derecho se conoce como nexo de causalidad entre las recientes manifestaciones de la universidad, en general, y de su rectora en particular, en torno al tema de los casi mil 800 millones de pesos que el gobierno estatal ha dejado de transferir a la tesorería universitaria desde el gobierno de Fidel Herrera Beltrán, y lo que dijo el medio inglés y reprodujeron los medios nacionales. ¿Hay mano negra que esté moviendo la cuna del golpeteo desmedido contra la UV?

La lucha de Sara por los dineros

Para la comunidad universitaria no es un secreto que, en cada quincena, la UV sufre las de Caín para cumplir con sus obligaciones laborales. Como sucede en la estructura gubernamental, en cada quincena puede observarse a académicos y personal de confianza acudir a cada rato al cajero más cercano para ver si ya les depositaron sus emolumentos y ello no sucede sino mucho después de lo que marca una norma interna que data de hace por lo menos cinco décadas: la puntualidad en el pago.

Mucho se ha hablado de la morosidad en entregar los recursos federales, muchos de los cuales (sobre todo en el rubro de recursos extraordinarios) son depositados a la UV directamente por la SEP.

El problema radica en lo que antaño era considerado como un orgullo jarocho: Veracruz es la única entidad del país que otorga la mayor parte del presupuesto universitario. Por cada peso entregado a nuestra máxima casa de estudios, el gobierno estatal entrega 52 centavos (o poco más).

Por eso, que el gobierno estatal postergue indefinidamente su aportación o, como ha sucedido en los últimos años, no cumpla con lo establecido en el presupuesto de egresos, colapsa profundamente la operación de la institución, ya no digamos los proyectos para su expansión en términos de infraestructura educativa, docencia, investigación, difusión cultural y extensión de sus servicios.

Eso es lo que ha estado peleando, por fin, la actual administración universitaria.

Por desgracia, al hacer un exhorto a los diputados federales veracruzanos hace unas semanas, uno de ellos, el panista Miguel Ángel Yunes Linares, lo politizó, convirtiendo el problema de los recursos retenidos a la UV en una bandera para golpear al gobernador Javier Duarte de Ochoa. De nueva cuenta, la UV fue incapaz de ofrecer una versión oficial oportuna que impidiera que otros aprovecharan su desgracia en agendas políticas personales y partidistas.

De tema de la agenda universitaria de la mayor importancia, el asunto de gestionar ante el gobierno federal (en el marco de la negociación del presupuesto con base cero para 2016) mayores recursos a la UV se convirtió en bandera de un fuerte suspirante a la candidatura por el gobierno estatal en 2016, quien minutos después de desayunar con la rectora y otros diputados federales como Cuitláhuac García diputado de Morena por Xalapa, y Érick Lagos Hernández, diputado priista por Acayucan, lo convirtió en asunto de su precampaña.

Como quiera que Sara por fin ha reaccionado en la defensa de los recursos presupuestales que corresponden a la institución que representa, el tema de los dineros verá muchas más batallas… y derrotas.

¿Buenas noticias para los consejeros?

Sara Ladrón de Guevara podrá recibir la noche de este lunes el apoyo de quienes representan a la amplia y diversa comunidad universitaria. Bien haría en establecer colectivamente acciones que permitan exigir a las autoridades estatales el cumplimiento de sus obligaciones financieras con la universidad y lograr el apoyo en una circunstancia que implica no solo a su administración sino a toda la comunidad universitaria.

El retraso que sufrirá la UV en términos de su desarrollo es cosa que debe inquietar a estudiantes, profesores, investigadores, burócratas y trabajadores universitarios, y no solo a la rectora.

En medio de tanta mala noticia, una buena seguramente dará a los consejeros universitarios, por ejemplo, la aprobación por parte de Conaculta de un presupuesto extraordinario para la conclusión de la sala de conciertos de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, Tlaqná, cuyo periodo de construcción supera los ocho años. Gracias a ello, los xalapeños tendrán un sitio digno para la cultura y las artes.

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