—Tengo 15 años, vengo de la comunidad Zacate Limón, Espinal, Veracruz y mis clases de pintura las tomo en mi comunidad cada ocho días. En mi lienzo yo expresé un sueño que siempre tengo. Yo sueño que estoy parada en una piedra y alrededor hay mucha agua. Arriba de mi hay árboles con ramas caídas y en medio está la serpiente. Yo le consulté a mi abuelo Antonio Romero para saber qué significaba mi sueño, y él me dijo que la serpiente me estaba proponiendo cumplir todos mis sueños, mis metas, salud, bienestar y otras cosas que desearía, pero a cambio, ella se adueñaría de mi vida. Entonces si ella quisiera hacer algo con mi vida, lo haría por ejemplo si se quisiera quedar con mi alma, lo haría. Esto si yo acepto, pero si no lo acepto tal vez se podría enojar y tal vez me enfermaría. Si no creo en eso no voy a tener remedio alguno, por eso yo pinté esto —explica Andrea Gaona Salazar ante su obra que forma parte de la exposición Kinmasúy: Mi identidad en la Casa de Pintura durante el Festival Cumbre Tajín 2019, del 20 al 24 de marzo.

Andrea es alumna de la Casa-Escuela de Tradición desde hace un año y aunque al principio no era de su interés, hoy la pintura es una práctica que llena su corazón y le permite tomar parte de esta muestra que compila cerca de 20 lienzos de gran formato en los que los integrantes de la Casa plasmaron sueños, inquietudes, recuerdos, memorias e intereses.

Esta espacio educativo forma parte del Centro de las Artes Indígenas, institución de enseñanza-aprendizaje que, gracias a su labor en pro de la salvaguardia de las artes de la tradición totonaca, forma parte de la Lista Mundial de Mejores Prácticas de Salvaguardia del Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Dado que la Casa de Pintura trabaja en la recuperación de los tintes naturales y sus aplicaciones, su actividad incluye un recorrido por los procesos de extracción del añil, así como de otras plantas y raíces con los que se obtienen las pinturas que dan vida a lienzos y mantas.

Niños y jóvenes entre 12 y 20 años son los encargados de explicar el significado del altar y de los procesos naturales. También son los anfitriones para explicar las obras que conforman la exposición.

Así, Andrea explica que tardó más cuatro meses en pitar su obra y empleó colores provenientes de palmilla, hoja de pichoco, cúrcuma, palo Brasil con cal, zapote, coco, mohuite negro y mohuite azul.

Andrea finaliza su disertación:

—Yo tenía este sueño diario y le pregunté a mi abuelo sobre lo que iba a pasar. Él me dijo que cuando me durmiera le pidiera al sueño que no me siguiera molestando pero que lo hiciera bien, que no lo dijera de una mala forma porque si se molestaba también podría tener daños que quizá no tuvieran remedio.

En la Casa de Pintura también se imparte el taller Kamani minnakú: Pinta tu corazón, en la que se decora un corazón de tela relleno de hoja de plátano. Las mesas de trabajo se llenan de interesados que desean aprender más de los tintes naturales, pero sobre todo buscan llevarse un recuerdo del Festival.

Afuera de la Casa-Escuela de Tradición se exhiben trabajos de los integrantes para su venta y hay otros lienzos que demuestran la destreza tanto de los maestros como de los alumnos que durante todo el año estudian en el Centro de las Artes Indígenas.

Durante Cumbre Tajín, esta experiencia de inmersión cultural se replica en cada una de las 16 Casas-Escuela en torno a las múltiples artes totonacas, como la alfarería, el teatro, la madera, la música y las danzas.