Hay muchos que opinan que después del estrepitoso fracaso -el mayor en toda su historia- es momento de hacer un cambio drástico en el timón.

No, no me refiero a la derrota 7 goles por 0 de la Selección Mexicana de Futbol contra su similar de Chile, en la Copa América Centenario. No, hablo de la derrota -igual de histórica- del PRI en Veracruz.

Lo que a muchos preocupa es que en la carrera por la sustitución de Felipe Amadeo Flores Espinosa se estén apuntando personajes que, en mayor o menor grado, fueron partícipes del más reciente fracaso.

Es como si Memo Ochoa quisiera ocupar el cargo de Juan  Carlos Osorio.

Al no haber gobernador electo con la bandera del PRI, el actual mandatario estatal sigue siendo considerado «el primer priista» de la entidad y, por lo tanto, jefe político de ese partido. Sin embargo, quienes la atribuyen de forma preponderante la responsabilidad de la derrota, sólo tienen una condición para la nueva dirigencia tricolor: «¡Nada que huela a Duarte!».

Quizá tengan razón, aunque no haya sido el único responsable del descalabro.

¿Cuál debe ser, entonces, el perfil del próximo dirigente priista?

Las opiniones coinciden. Debe ser alguien que llegue a reconstruir al partido, que convoque a los grupos políticos de la entidad y rescate los liderazgos regionales, con miras a la sucesión del 2018.

Debe ser alguien identificado con el proyecto del PRI para la sucesión dentro de dos años.

¿Sigue en pie el proyecto que colocaba como candidato en el 2018 a Pepe Yunes?

De ser así, el próximo dirigente priista en la entidad debe estar identificado con esa propuesta y ambos (dirigente y aspirante) deben recorrer el estado para levantar desde sus cimientos al priismo en Veracruz.

¿Cuál debe ser el futuro del candidato derrotado, Héctor Yunes?

Cualquiera, menos involucrarse en la reconstrucción del partido. Él tiene también una importante cuota de responsabilidad en la derrota.

A raíz de su encuentro con Manlio Fabio Beltrones, la semana pasada en la capital del país, han sido varias las plumas que han sugerido la posibilidad de que el propio Héctor Yunes asuma las riendas del partido, lo que de inmediato encendió las luces de alerta entre los liderazgos de ese partido.

«No puede ser. Él ya tuvo su oportunidad y la perdió. Además él ya fue dirigente del partido. El próximo Presidente del PRI tampoco puede estar identificado con Héctor», alegan los propios priistas.

Hay, sin embargo, quienes se mantienen tranquilos. Conocen a Héctor Yunes y, más aún, conocen a Manlio Fabio Beltrones.

Desde su punto de vista, ambos han sido los responsables de filtrar las versiones de que el candidato derrotado buscaría la dirigencia del partido. El anuncio, hecho por el propio Héctor Yunes, de que volvería a recorrer la entidad para «agradecerles» a los veracruzanos que votaron por él, habría fortalecido el rumor.

Pero, en realidad no se trata de eso. Lo que pretenden ambos, Manlio y Héctor, es presionar al Presidente Enrique Peña Nieto para que le otorgue al candidato derrotado en Veracruz una «salida decorosa», que podría ser una embajada, o al menos un buen consulado.

Así lo hizo en su momento, Fernando Castro Trenti, candidato priista a la gubernatura de Baja California, derrotado en el 2013, quien amagó con pelear posiciones dentro del partido en su entidad, y para «aplacarlo» terminaron dándole la embajada de México en Argentina.

Cuentan que la treta fue ideada por el dirigente nacional del PRI. Ya le funcionó una vez y quiere aplicarla nuevamente.

La jugada no va por ahí.

El PRI en Veracruz requiere de un personaje (hombre o mujer) con liderazgo, sin aspiraciones personales para el 2018, con infatigable disposición al trabajo y que esté en posibilidades de asumir ya, sin mayor dilación, las riendas del PRI.

El cambio urge, pero no por apresurarlo se vaya a tomar una decisión errónea.

Ya no pueden darse el lujo de cometer otro error.

filivargas@nullgmail.com