Alicia Elena Pérez Duarte y Noroña es doctora en derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México y una de las feministas más distinguidas del país.

Fundó y fue la primera titular de lo que hoy es la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas de la Procuraduría General de la República y es una destacada jurista que ha equilibrado una prominente carrera entre la investigación y la función pública.

Ayer visitó Xalapa como parte de los 16 días de activismo y, en un salón del Centro Recreativo Xalapeño –estrecho e incómodo pero engalanado con un banquete de inaccesibles bocadillos y vino– dictó la conferencia El hoyo negro de las alertas de violencia de género.

Espacio repleto. Todas mujeres, excepto por tres caballeros que escuchábamos interesados y entremetidos. Todas entusiastas, todas atentas, de todas las edades y de diversas profesiones.

Alicia Elena se presentó; no por sus logros académicos ni profesionales, sino por su éxito más grande: ser la abuela de una “preciosa brujita”. La ponencia comenzó y yo apresuré mis notas.

Alerta de género es el conjunto de acciones gubernamentales de emergencia para enfrentar y erradicar la violencia feminicida en un lugar determinado, ya sea ejercida por los individuos o por la propia comunidad.

“Debemos verlo como un brote de cólera”, afirmaba Alicia Elena convencida de la exactitud de su comparación. Y es que ante una epidemia los gobiernos y las sociedades actúan de inmediato, sin burocracia, sin política de por medio.

La alerta de género es un compromiso de estado, y “el estado somos todos, desde el señor que sirve el café o el taxista, hasta el gobernador.” Mientras resonaba en nosotros la afirmación categórica de Alicia Elena, la gente seguía llegando; sillas extra se agregaban a cualquier rincón disponible.

Su presentación –bien ordenada y metodológicamente impecable– continuaba. “Así como tenemos derecho a que no nos excluyan, nosotras tampoco tenemos derecho a excluir.” Un silencio reflexivo irrumpió el saturado recinto.

“No vemos a las mujeres indígenas, no vemos a las mujeres viejas, no vemos a las discapacitadas.” ¿Qué tanto hemos avanzado entonces? Nuestra sociedad, la clase mediera, la medio informada parece que un poco; pero esas mujeres de las que habla Alicia Elena aún aguardan en el silencio, en el anonimato, en el abandono discursivo.

Según Alicia Elena, tres son los grandes hoyos negros de las alertas de violencia de género: la burocracia, la politización y el tiempo perdido. “La alerta de género es burocracia, no es emergencia. Se ha convertido en un asunto meramente político. Nació mal, por eso se politizó desde el principio.” Y es que, según explicó más tarde, “de que matan a la tercer mujer hasta que se declara la alerta pasa, cuando menos, un año.”

«¿Qué hace falta? Muy sencillo, en palabras de la jurista de la UNAM, es imprescindible erradicar la impunidad. “¡La violencia machista nos afecta a todas!” Este parecía ser el momento culmen de la ponencia, su voz se elevó, se apasionó, las asistentes parecieron arrojarse a su respaldo. “Ninguna, ninguna nos hemos escapado de la violencia machista. Ni siquiera las güeritas ricas de escuela de monjas.” Risas. La sala completa estaba de acuerdo y se lo hizo saber.

Erradicar la impunidad no es fácil pero es simple. Empieza por esos actos cotidianos, esos que parecen no importar pero que, a la larga, llevan al feminicidio. ¿Cómo se hace? Alicia Elena lo tiene muy claro: a través de la capacitación, especialización y fortalecimiento del sistema de justicia. De todo el sistema. “Empieza por el policía de la esquina y llega hasta los once entogados de la suprema corte». La crítica es sencilla: “Los estados podrían hacer frente por sí solos a la violencia, sin esperar a la federación; pero no hay recursos. Se endeudan cada año para construir carreteras y puentes pero no para fortalecer su sistema de justicia.” ¿Y el de educación? Pues menos.

Ha pasado más de una hora y ninguna de las asistentes se levantaba. Los caballeros tampoco. Para finalizar, Alicia Elena habló de las lecciones aprendidas: “Somos los seres humanos, mujeres y hombres, los que estamos en el centro del proceso de justicia. A su vez hay que capacitar a los que la imparten. No se puede investigar igual un homicidio en una riña que uno por violencia machista; o un robo que una violación.” Respiró y reflexionó, emociones fluían y se racionalizaban al mismo tiempo en un momento catártico.

“Se requiere especialización en los servidores públicos, para que vean que no es cierto que las mujeres somos calientes y busconas. ¡Y menos si se trata de una niña de diez años que se sentó en las piernas de su padrino!” Silencio. Alicia Elena estaba por concluir, ofreció cifras, estadísticas, todas reflexivas, todas representaban mucho más que un número, había una relación vinculante entre todas ellas.

Concluyó: “Nuestro sistema de justicia ha sido incapaz de encontrar, procesar y sancionar a los feminicidas de Claudia Alondra, Pilar, Columba, Iliana, Mara Fernanda, Yadira, María del Carmen, Jade, Teresa, Ángela de los Santos, Karina y muchas, muchas más que hoy no están con nosotras.”

Un agradecimiento. Un aplauso, uno más, la sala se llenó en palmas. Sonrisa en Alicia Elena, de esas que uno tiene cuando se encuentra satisfecho más no conforme.

AVC/Noticias