CIUDAD DE MÉXICO.- Durante más de seis décadas el actor, director y escenógrafo José Solé se ha consolidado como un icono del teatro mexicano no sólo desde el escenario sino como promotor del arte escénico desde diferentes trincheras institucionales.

En ello coinciden dramaturgos como Hugo Hiriart y la especialista Socorro Merlín sobre el también galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2008, a propósito de su cumpleaños 86 que celebró ayer.

Solé es la encarnación del teatro mexicano, una persona extraordinaria, perspicaz, inteligente, con un gran sentido del humor, con una inmensa cultura teatral que ha sido y es una pieza indispensable de la vida teatral mexicana”, apuntó Hiriart.

Para Hiriart, Solé representa la producción contemporánea del teatro nacional, tanto comercial como clásico; además de que reconoce su gestión al frente de instituciones como la Escuela de Arte Teatral y la Coordinación Nacional de Teatro del INBA, y de su labor como fundador del Centro Nacional de Investigación e Información Teatral Roberto Usigli, y de la Muestra Nacional de Teatro en la década de los 70.

Desde niño, Solé tuvo afición por las artes escénicas; primero con títeres y pronto se integró a la Escuela de Arte Teatral del INBA, de la cual formó parte de la primera generación. Fue alumno de maestros como André Moreau, Enrique Ruelas, Salvador Novo, Xavier Villaurrutia y Fernando Wagner.

En 1952 fue catalogado como revelación juvenil y en 1954 como mejor actor, según la Asociación Mexicana de Críticos de Teatro. En 1956 viajó a París para estudiar dirección de escena con Rene Dupoy, becado por el gobierno francés, y luego realizó estudios de escenografía en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda.

Durante 60 años ha dirigido obras como Amadeo, de Ionesco; Moctezuma II, de Sergio Magaña; La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca; Sueño de una noche de verano, de Shakespeare, y las más recientes Doce hombres en pugna, de Reginald Rose, y Los empeños de una casa, de Sor Juana Inés de la Cruz.

En una ocasión Solé confesó que hacer teatro era como torear: “Hay que saber torear cualquier toro; es decir, si el toro es teatro comercial, hay que hacerlo comercial, o si se trata de una obra clásica, hay que darle todo el clasicismo. Eso es lo que quiero decir que, como en los toros, hay que torear el que salga”.

Las obras de Solé se han convertido en referentes académicos, opina Socorro Merlín, quien destacó la investigación del dramaturgo para cada historia. “Siempre son impecables sus direcciones, porque es un investigador; investiga a fondo todo lo necesario en la cuestión de escenografía y vestuario que él mismo diseña”.

Con información de Excelsior