Dos aviones ha tomado Miguel Zenón este año para venir a Xalapa. El primero fue en junio, cuando venía a participar en el Xalapa Jazz Festival 2016 (Ver: Miguel Zenón, el mago de la canción). El segundo, hace un mes, cuando aceptó la invitación del Centro de Estudios de Jazz de la Universidad Veracruzana, JazzUV, para fungir como maestro en residencia durante la semana comprendida entre el 29 de agosto y el 2 de septiembre. Varias fueron las actividades que realizó durante esos fructíferos días, entre ellas, un concierto abierto al público, el jueves 1 de septiembre, que constó de dos partes, en la primera estuvo acompañado de cuatro docentes del Centro de Estudios: Rafael Alcalá (piano), Aldemar Valentín (bajo), Renato Domínguez (batería) y Francisco Wilka (percusiones).
En la segunda parte dirigió un ensamble formado por los estudiantes más destacados de la escuela cuya participación fue, sin duda alguna, uno de los acontecimientos que habrá que poner en el cuadro de honor de la institución por la gran capacidad y profesionalismo que mostraron los jóvenes que, lejos de disminuirse, se agigantaron ante la presencia de una de las figuras más destacadas de la escena jazzística internacional de la actualidad.
El viernes 2 se realizó una entrevista académica a cargo del guitarrista y escritor Diego Salas, docente de JazzUV. Muy amablemente, me invitaron a participar con un par de preguntas.

1 Identidades

La primera pregunta que le formulé giró en torno a su álbum del año 2014, Identities are Changeable, producción que, como ya he comentado en esta columna, (Ver: Miguel Zenón, evolución de la tradición) nació de la inquietud del saxofonista puertorriqueño por explorar cómo asumen su identidad las personas que nacieron en Nueva York pero de padres o abuelos puertorriqueños. La música de esa composición es el resultado de una serie de entrevistas que realizó a gente con este perfil. Aquí nos detalla los resultados:
«Mira, a la hora de yo trabajar ese proyecto de las identidades lo hice, básicamente, con la idea de meterme un poquito dentro del fenómeno de lo que es el inmigrante en Estados Unidos, bueno, me fui específicamente por la comunidad puertorriqueña pero es algo que se podría aplicar a cualquier comunidad, y cómo estas comunidades se conectan a las raíces de sus padres o sus abuelos, muchas veces utilizando el lenguaje, música, comida, vestimenta, todo ese tipo de cosas. Algo que nos interesaba, y las entrevistas que hice, las hice con eso en mente, tratando de verlo desde la perspectiva de personas que habían pasado por eso: segunda, tercera generación de puertorriqueños. Obviamente, algo de lo que me di cuenta es de que la identidad de esas personas, y es algo que muchos de ellos lo dicen abiertamente, no se puede ver desde un punto de vista, en el caso mío, puertorriqueño o desde un punto de vista estadounidense o newyorker, pero es algo en el medio, es como una identidad propia, hasta cierto punto.
«Muchos de ellos me decían mira, a mí me gusta la salsa pero también me gusta el jazz y me gustan por igual, no hay ni uno ni el otro o sea que hasta cierto punto, esta idea de lo que se le llama new riquer, esta identidad que está en el medio de las dos, sí acumula información de ambos lados sin tener que comprometerse con ninguno de los dos. Eso fue lo más interesante del proyecto para mí, que es casi como una identidad propia, que está en los dos lados por igual».

2 El jazz y la educación formal

En segundo lugar le comenté que he escuchado a muchos jazzistas expresarse mal de las escuelas de jazz, hay quienes incluso llegan a afirmar que estas instituciones no solo son innecesarias sino que llegan a obstaculizar el desarrollo de los músicos de este género esgrimiendo el argumento de que el jazz es de la calle:
«Mire, yo le hablo desde mi perspectiva, desde mi experiencia, yo pasé por una escuela de música, tanto en Puerto Rico como después en Boston, en Berklee, y después hice una maestría en Nueva York, sin ese proceso de asistir a la escuela, obviamente, yo pienso que no sería el músico que soy ahora porque la escuela me dio mucho en términos de información, en términos de poder fraternizar con otros músicos, de poder desarrollarme, desarrollar una personalidad basada en una tradición, ahora, como esa fue mi experiencia, yo no le podría decir que yo no pudiera estar en el mismo lugar si no hubiera estado en la escuela pero tampoco le podría decir que haber pasado por el proceso de la escuela me hizo daño porque no es la realidad, no nos hizo daño, yo pienso que nos hizo bien.
«Habiendo dicho eso, yo sí creo firmemente que el jazz es música para tocarse, es música, como usted dice, que se aprende tocando, no es el tipo de música que se aprende en un salón de clases, necesariamente, el salón de clases te va a dar unas herramientas, te va a dar una cantidad de información, te va a poner en unas situaciones que se asimilan, que te están preparando para lo que es una situación real pero no es la situación real, o sea que yo sí pienso que aunque la experiencia de pasar por una educación de jazz o un punto donde estudien el jazz puede ser bien positiva, pienso que no estaría completa si no está complementada por una experiencia real de tocar con músicos más experimentados, pasar por un proceso de aprendizaje de cosas que solo se aprenden tocando, tiene que ser un balance entre las dos cosas, si no, para mí, no está completo».

3 El concierto

No resistí la tentación de hacerle una tercera pregunta: ¿Cómo te sentiste en el concierto de anoche, tanto con los maestros como con los estudiantes?
«Muy bien, muy bien, obviamente lo que hicimos con los compañeros maestros de aquí pues ya viene más desde un lado de, trabajamos desde un punto, como quien dice, más relajado porque se trata de tocar juntos, pasarla bien.
«Los muchachos estaban más serios, ellos lo tomaron como una presentación, lo tomaron desde un punto de vista bien profesional. Inclusive, cuando yo llegué aquí y me metí al primer ensayo, ellos ya estaban totalmente preparados, toda la música estaba al día, tenían todas las partituras listas, sabían quienes tocaban, las estaban leyendo y las estaban tocando al tempo que iban, yo básicamente lo que hice fue darles indicaciones más en términos de detalle, trabajar con la cuestión de la improvisación, de la presentación pero ellos estaban listos, es lo que me dijo a mí que ellos lo tomaron como una presentación real, no era una presentación estudiantil en la cabeza de ellos, era un presentación real y ellos la tomaron como tal y fue para mí bien impresionante ver ese nivel de seriedad, enfoque, profesionalismo de parte de los estudiantes».

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