La académica de la Universidad de Nevada, Estados Unidos (EEUU), Lydia Huerta Moreno, habló de “Identidades migrantes y ciudadanía” en la Internacional Sumer School 2019, que se desarrolló en la Universidad Veracruzana (UV) y cuya temática central es “Rostros de la migración”.

Para ella, la intención de su presentación fue hacer consciencia entre las personas para que se den cuenta que la identidad política afecta completamente en el acceso a ciudadanía y a procesos burocráticos. “Impacta por las diferentes ideologías que se manejan en los países donde se migra.

”En el formulario (de solicitud) de asilo a EEUU hay una pregunta sobre si una persona tiene síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) o no. Esta pregunta se puso en 1991, y básicamente vetaba a cualquier persona que tuviera el virus para entrar y formar parte del país.”

A partir de 2010 ese planteamiento dejó de tener peso, pero previamente era definitorio para que se permitiera o no la entrada a EEUU. Es más, si una persona que se identificaba como parte de la comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgénero) o era de Haití no lograba el ingreso a EEUU “pues se decía que eran personas sidosas”.

Para ella, esto es sólo un ejemplo que ilustra que ese tipo de identidades se manifiestan en las políticas públicas y afectan los procesos de migración.

“Cuando uno politiza y militariza los procesos migratorios entran otras cuestiones que tienen mucho que ver con las identidades políticas.”

En su presentación, explicó que es complicado hablar de ciudadanía estadounidense, porque hay diferentes tipos de inmigrantes, de acceso a la ciudadanía en sí, de procesos de naturalización, de migración legal, incluso de solicitudes de asilo.

Aclaró que un refugiado es quien recibe permiso para entrar a los EEUU desde afuera del país con la ayuda de una agencia, mientras que los asilados reciben tal estatus cuando ya están dentro de EEUU, deben comprobar que tienen una razón por la cual salen de su país de origen.

“Esa es una de las cosas que la prensa no entiende, porque todo el mundo dice que la gente que está pidiendo asilo entró ilegalmente al país; y para poder pedir asilo tienes que estar ya en el país. Es otra paradoja.”

Obtener la ciudadanía estadounidense es posible si se nació allá; si uno de los dos padres es de allá o se ciudadanizó antes de que los hijos cumplieran 18 años; si fue adoptado por un ciudadano estadounidense o pasó por el proceso de naturalización.

Sin embargo, si una familia LGBT adoptará un hijo, cuya madre biológica está en Canadá o México, la administración de EEUU no le permite al menor ser ciudadano estadounidense, por no haber nacido en territorio nacional. En este caso específico, las leyes de aquel país “juegan con la biología”.

Y nuevamente Lydia Huerta retomó el caso de los haitianos para remarcar que “nuestra identidad política afecta cómo migramos”; la mayoría de los de ese país que solicitan ciudadanía estadounidense son pobres, de piel negra y clase baja, fenómenos de su identidad política que no les permiten migrar a EEUU.

Al explicar el proceso de naturalización, expuso: “¿Qué tipo de migrante nos está diciendo EEUU que quiere? Un migrante educado. Ese es el migrante ideal, porque si sabe leer, escribir y hablar inglés en público (como indica uno de los requisitos), quiere decir que fue a la universidad o a la escuela porque tenía algún tipo de recurso”.

Aclaró que las personas que tienen suficientes recursos económicos lo que hacen es tramitar una visa; “por eso es que los funcionarios políticos no piden asilo, por lo general. Donan una gran cantidad de dinero para tener su visa”.

Es más, mencionó el ejemplo de la clase política rica que se fue de Venezuela a Miami, quienes lejos de pagarle a “un coyote”, como es lo común, se fueron para allá porque tenían familia en EEUU o dinero para pagar las visas notoriamente cara. Entonces, “su privilegio, como personas de clase alta, les permitió ese proceso de migración”.

UV/ Karina de la Paz Reyes Díaz