La indumentaria de los músicos de las sinfónicas, su imagen física, diversos géneros musicales y su constante preocupación por la deficiente orientación vocacional de este país, son algunos de los temas que toca Horacio Franco en esta parte final de la conversación.

La manada anticuada

La moda es la manada;
lo interesante es hacer
lo que a uno le da la gana.
[Luis Buñuel]

El mundo de la música sinfónica es muy conservador, muy poco liberal, es un mundo muy de derecha de veras recalcitrante y de la etiqueta del siglo XIX, porque el concierto como evento fue gestado en el siglo XIX, cuando los músicos dejaron de ser los criados de lujo de los reyes, de los príncipes y de los grandes sacerdotes y cardenales.
Éramos criados de lujo, con la revolución francesa, cuando decapitaron a los reyes tuvimos que rascarnos con nuestras propias uñas y gestionar nuestra propia carrera como empresarios, al hacer eso, hubo un reubicación de la música en un teatro dirigida a un público en especial, ¿quiénes eran ese público?, ¿los obreros?, no; ¿los campesinos?, no; ¿los analfabetas que no sabían leer y vivían como pordioseros?, ¿los que que vivían comerciando?, no, eran los mismos amigos de los reyes, los condes, los duques, los grandes ricachones de Europa y eran los que se vestían con una etiqueta muy formal en el siglo XIX, y se quedó así hasta ahorita, y digo qué hueva me da porque en verdad no corresponde, sí es uniforme muy elegante, pero la música clásica no es nada más elegante, es elegante pero es apasionada, es rabiosa, es visceral, es todo.
Es muy incómodo tocar con frac, yo quiero tocar cómodo, yo no soy parte de la orquesta, yo soy un solista y los solistas pueden vestirse como quieran: de largo, de corto, de lo que se les antoje.

En ese tenor

La música clásica mexicana no existe en realidad, existen Revueltas y a veces Chávez y ya, es que no hemos tenido gobiernos o instituciones que impulsen realmente un mercado. Sí hay gente trabajando fuera de México, pero quienes la han hecho son los tenores, ¿por qué no las sopranos, por qué no las mezzo?, ¿porque son menos talentosas que los tenores?, claro que no, lo que pasa es que en Alemania, en Inglaterra, tú buscas un tenor y no lo encuentras, no hay tenores y en cambio aquí pululan las voces preciosas de tenores porque son cosas genéticas, ¿quiénes son los grandes tenores?, Domingo, Pavarotti, o sea, los latinos son los más grandes tenores.
Los mexicanos tienen una genética especial en la voz que hace que los tenores sean muy potentes, muy bonitos, muy amaderados, y tienen cualidades que no tienen muchos en Europa, por eso los contratan y por eso ganan los millones, pero no quiere decir que las sopranos mexicanas no tengan sus talentos, lo que pasa es que en Europa, levantas una piedra y te sale una soprano.

Entre ritmos y flautas

Me gusta mucho el jazz, me gusta mucho la música árabe, la música hindú me encanta, me encanta la música japonesa, la china, la coreana, me gusta toda la música cuando está muy bien hecha y muy bien sustentada en la honestidad y en la transmisión de emoción, porque la música sirve para eso, para transmitir emociones, entonces, desde una canción de los Carpenters hasta una rola de una película, me puede gustar mucho por muchas razones: cuando está bien hecha, cuando se siente que está escrita honestamente.
Lo mismo puede gustarme, por ejemplo, la tonada de una canción de un mariachi, pero el mariachi en sí no me gusta por la combinación tímbrica de los instrumentos, se me hace un poco burda, pero es personal. La combinación instrumental del mariachi se me hace muy desafortunada, pero no quiere decir que sea fea, no quiere decir que sea mala, al contrario, el mariachi es un gran acervo cultural mexicano, pero la música más mexicana es la de los indígenas porque son ellos por los cuales se hizo este país, digamos que son los principales habitantes de este país y la música indígena mexicana no tiene, desgraciadamente, la denominación de origen de la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad y sí la tiene el mariachi, y nada nada de lo que se hace con el mariachi es mexicano: la trompeta es un instrumento europeo, la guitarra es un instrumento europeo que vino de los árabes; el violín, igual; el arpa, igual; no había instrumentos de cuerda en Mesoamérica, no había nada de eso; el idioma de los mariachis es el español, no es náhuatl, no es maya; y mariage es una palabra francesa.
El son jarocho me encanta, soy fan irredento del son jarocho, es una forma que va de la mano con la tradición de hacer música barroca, porque muchas de las danzas barrocas se originaron en América, sobre todo la chacona, la zarabanda son danzas que al ser prohibidas por la inquisición —la iglesia le hizo mucho mal a la cultura tradicional que empezaba a hacerse con los indígenas y los negros—, les dieron al traste aquí, pero en Europa las adoptaron como la gran música, y mucha de ella convivió aquí subrepticiamente, ilegalmente, fueron precisamente los sones jarochos y mucha de la música para violín de muchas de las regiones mexicanas.
Yo soy feliz tocando Bach, Vivaldi, la música más idiomática, la música contemporánea también. He hecho un disco de jazz también, me gusta pero no soy muy especialista, es un disco que trabajé con toda la entereza posible, pero no me quedaría yo en el jazz, realmente exige mucho más, pero mucho más tocar un buen Bach que tocar jazz.

Flauta sana en cuerpo sano

Yo hago ejercicio y me cuido mucho, primero por salud, porque tengo una herencia genética verdaderamente atroz, verdaderamente de miedo: padre diabético, madre artrítica —ya murieron ambos—, con los dedos deformes, que no los podía ni mover y además hipertensa, murió de un derrame cerebral; dos hermanos que tienen demencia, otra que murió de una enfermedad, hereditaria, del corazón, la que tiene demencia, tuvo cáncer, o sea, a mí es más fácil que me orine un perro, yo tengo de todo, no puede ser, nada más me falta tener un pariente sordo porque sería el colmo, y no te estoy hablando de mi tía abuela, te estoy hablando de mi papá, de mi mamá y de dos hermanos, el círculo familiar más cercano, y yo no quiero padecer eso, me niego a ser diabético, soy hipertenso pero me cuido muchísimo.

Foto: Jaime Velasco Meunier

Hago mucho ejercicio por salud y también porque soy vanidoso, porque tengo una imagen que vender, y por mercadotecnia, porque la tengo que vender. Son tres cosas que van de la mano, pero la principal es por salud, porque en verdad sí me aterra morirme de un derrame cerebral o de un ataque al corazón o tener artritis y no poder tocar nunca más.
La vanidad no es un pecado, en México nos enseñan a sentirnos feos, a ser agachones, pero no, señores, cuando estuve en Holanda me di cuenta de que en Europa les fascinan los latinos precisamente porque Tenemos una manera muy sui generis, muy especial de la belleza, una amiga mía holandesa vino una vez y me dijo que estaba en Oaxaca, en el zócalo, y estaba con la boca abierta; me dijo nunca en mi vida había visto hombres más bellos que en México, es que esos colores de piel son únicos; y realmente sí, pero nos enseñaron a que los mexicanos somos feos, ¿te acuerdas de ese idiota italiano que cantaba que dijo que las mujeres mexicanas son bigotonas? Es cuando digo ¿saben qué?, si vamos a seguir siendo un pueblo agachón, sumiso y un pueblo de indios conquistados, allá nosotros, pero creo que ya está pasando eso, lo único que sí tenemos que cuidar como mexicanos es que en verdad no nos dejemos engañar por la comida chatarra y por toda la basura que nos dan de comer, ahora sí que de veras vamos por un maíz no transgénico, vamos por comida de calidad para la gente, vamos por alimentarnos mejor, sin comidas importadas o sin comida chatarra, porque está tremenda la mala alimentación en este país, somos un pueblo sometido a una industria refresquera, a una industria alimentaria.

La tragedia nacional

Una de las más grandes tragedias en este país, quizá la más grande tragedia educativa en este país, no es que no sepamos bien matemáticas, no es que los alumnos salgan mal preparados sin saber ni escribir bien, la peor tragedia educativa que hay en este país es que los muchachos estudien carreras que no les gustan o para las cuales no sirven. La educación vocacional en este país es una gravísima tragedia, es un gravísimo error y no nos hemos percatado todavía que está costando un montón de dinero, que está costando un montón de vidas, que está costando un montón de abogados que trabajan en Uber o que tienen un restaurante, o un montón de músicos frustrados que quisieron ser músicos y que sus papás no los dejaron y ahora tienen que trabajar como maestros de escuelas de no sé qué; es una tragedia, de verdad.
Encontrar tu vocación definitiva en la vida, por la cual, aparte de que te va a dar de comer, vas a ser feliz, vas a desempeñarte honesta y felizmente, cada vez es más difícil y los chavos no pueden darse el lujo de escoger una carrera para las que o no sirven o darse cuenta muy tarde de eso. Si tienen hijos, si tienen nietos, si tienen sobrinos, ayúdenlos a darse cuenta de esas dos cosas que yo descubrí a los 11 años: ¿para qué sirvo? y ¿qué me gusta?, y con eso se tienen que casar porque esa va a ser su vida.

PRIMERA PARTE: El niño pájaro
SEGUNDA PARTE: Ave del paraíso



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