¿La ficción?

A mediados del 2012 Alejandro Almazán -autor de la mejor obra de la narconarrativa: Entre perros (Grijalbo/Mondadori, 2009)- publicó El más buscado (Grijalbo), novela que incluye como personaje central al narcotraficante precisamente más buscado durante más de tres lustros en ambos lados del Río Bravo, y fugado dos veces de penales de alta seguridad en México: Joaquín “El Chapo” Guzmán, mismo que aparece en como Felizardo “El Chalo” Gaitán, capo del cartel de Sinaloa, en la que él considera es su última noche vivo después de haber cometido el asesinato de un alto funcionario del gobierno federal: el procurador general de la república.

El Chalo/Chapo manda a traer a “El Cuervo”, un viejo y famoso compositor, y que escriba el o los corridos definitivos que den cuenta de cómo fue su vida real. “[M]i compadre [el procurador] Villalobos está muerto y a mí se me acabó el corrido” (p. 12), le dice al compositor y se justifica contradictorio ante él: “Yo no empecé esta guerrita, y si lo hice ya ni me acuerdo.” (p. 13); define a los políticos: “pinchis políticos… no tienen llenadera: creen que el dinero les va a quitar lo pendejo y lo corriente” (p. 14); y sentencia aforísticamente: “de lo que no hay falla, viejón, es de que todo en esta vida se echa a perder y yo no voy a librarla. Con la muerte de mi compadre, el presidente cincuentaiséis me anda buscando y no me le voy a esconder.” (p. 14).

Pesimista, el narcotraficante dialoga con quien irá construyendo su épica y a la vez reclama a los beneficiados por él:

     “Ya ve lo que anda diciendo el chapito ese [el presidente de México en

     el 2012]: que soy la vergüenza del país, que soy un error de la

     naturaleza, que… ¿Y por qué el bato no le cuenta a la raza que mi

     dinero ha sido la leña que lo ha calentado todos estos años? ¿Ya se

     le olvidó que a él y al sombrerudo ese con botas de puto les financié

     sus campañas? Y el trato que hicimos con los gringos, ¿qué? Este

     presidente nomás platica del México que no existe. Ese donde él se

     siente Rambo y el Ejército se las pega de pinchi insobornable. Mejor

   debería hablar del país que usté, yo y los demás conocemos: donde la

     guerra es por las drogas, donde policías y guachos pelean por su

     tajada, y donde políticos y narcos venimos del mismos vientre. Hay que

     ser puercos pero no trompudos, viejón.” (pp. 14-15)

El novelista va dejando caer mendrugos de pan en el camino para que intuyamos hacia dónde ir en el entendimiento de esta nuestra historia reciente      y generemos como lectores esa cortesía que el autor convoca en su nota final. Para ello en el Capítulo 29 de los 35 que integran la novela le cedió la pluma al mejor dotado narrador periodístico de estos tiempos en que estamos insertos: Diego Enrique Osorno, creador de dos obras imprescindibles para seguir y comprender los tiempos del narco: El cartel de Sinaloa. Una historia del uso político del narco (Debolsillo, 2009) y La guerra de los zetas. Viaje por la frontera de la necropolítica (Grijalbo/ Mondadori, 2012).

Esa vuelta de tuerca que es el tal Capítulo 29 deja atisbar la decisiva y final en esta obra acerca de un personaje incluido recurrentemente por la revista Forbes en su lista de <los más ricos del mundo>, el cual en su vertiente aparentemente ficticia dice ser “el hombre del siglo” y una leyenda (pp. 15 y 181), así como también definir al presidente de la república Felipe Calderón como un “pinchi bato [que] siempre fue dos caras” [y que por eso él llegó] “a decirles a [sus] compadres que [apostaran] por el izquierdoso ese, nomás que como [les] había ido bien con el presidente de las botas [creyeron] que con éste [se consolidarían].” (p. 177)

Cerrada la narración Almazán asienta, a manera de confesión de parte, en la mencionada nota final: “Quiero trasgredir la realidad con los mitos que existen sobre el Chapo… [Y] El más buscado traiciona la vida, de manera que todo espejismo o reflejo de la realidad en [la novela] es cortesía del lector.” (p. 185) Cierto y no, porque uno -el tal lector, pues- no requiere mucha imaginación para correrle “la cortesía” al autor y encontrar tras las siluetas de personajes como “El Güero” Zalazar, Julio Zambrano, Armando Carrizo, Silvano “El Rojo” Díaz, Villalobos, Kiki Castañeda, los hermanos Avendaño, González Calderón, Aguilar Gallardo, Nieto Fonseca, Caso Quintana, el chapito -chaparrito- presidente de la república número cincuentaiséis, su antecesor el presidente de <las botas de puto>… a seres de carne y hueso presentes en la vida nacional de tiempo atrás y hasta el presente, amén de los que aparecen con sus nombres reales como Jesús Blancornelas y Pablo Escobar, por ejemplo.

¿La realidad?

El ocho de enero del presente fue apresado por tercera vez en veinticinco años Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, y desde ese día las notas principales de los medios de información masiva nacionales, y algunos extranjeros, remiten al hecho. El día nueve la avejentada, y tiempo ha periodísticamente depauperada revista Rolling Stone, publicó un texto/documento escrito por Sean Penn dando cuenta de cómo contactó a Guzmán Loera y de las respuestas de éste a un cuestionario a modo del narcotraficante -tanto que éste revisó la presunta entrevista y todo el documento antes de su publicación.

La captura del capo más buscado fue producto de un conjunto de circunstancias que son del dominio público, pero hubo una que pudo haber sido determinante: la vanidad de Guzmán, reproducida por haber creído que, como afirmó su gemelo ficticio Galán, en verdad era el hombre del siglo y una leyenda. Porque si en la no fiction novel de Almazán “El Chapo” hace que le suban a la sierra a “El Cuervo” para contarle su vida y que éste la narre musicalmente, en la realidad realmente existente “El Chapo” contactó de tiempo atrás a Kate del Castillo para que produjera cinematográficamente su biografía; y en la imbricación ficción-no ficción la actriz funcionó como la guía para seguirle la pista “al más buscado” y meterlo de nuevo tras las rejas, poniendo fin a, como él mismo dijo a sus captores, unas recientes vacaciones de seis meses.

Si verdad es que Doctorow acertó al afirmar que no hay ficción y no ficción, sino sólo narrativa, también lo es que más acá de discutir lo periodístico o no del texto de Penn vale ir más allá y tener presente que, como responde el propio Guzmán en una de las 37 respuestas dadas al actor, “es falso que el día que [él] no exista vaya a disminuir… el tráfico de drogas. Eso es falso«, coincidiendo en lo substancial con Yaretzi, sicaria de 27 años que empezó a matar por dinero a los 18 y hoy está presa en alguna cárcel de Chihuahua, quien al preguntarle Alejandro Almazán “¿Tú sabes cuándo se va a acabar esta guerra? [responde] Sí: nunca. El narco es dinero y todos lo quieren.” (Chicas kaláshnikov y otras crónicas, Océano, 2013) ¿Alguien lo duda?

 

Xalapa/Veracruz Puerto, agosto de 2013 (post scriptum enero de 2016)