Durante la semana, Xalapa ha sido un reflejo de la ciudad sin ley en que nos hemos convertido. Balaceras a escasas cuadras de Palacio de Gobierno, secuestros que no se denuncian, homicidios que no paran, una escalada terrible de feminicidios, y para colmo, una réplica del filme “Un día de furia” (Michael Douglas, 1993), donde un grupo de choferes de taxis y autobuses escenifican una batalla campal en la avenida más transitada de la ciudad. La autoridad simplemente no existe.

 

A eso habría que agregar que la primera lluvia de la temporada colapsó calles, avenidas y colonias que están en completo abandono. Xalapa se ha convertido en un lugar inhabitable.

 

Pero no se trata sólo de una mala racha. Durante muchos meses en los que nos han gobernado lo mismo el PRI, el PAN y Morena –unos desde Palacio de Gobierno y otros desde el Ayuntamiento- la ciudad no ha encontrado sosiego. Basta revisar las cifras en materia de inseguridad, observar el colapso del otrora pujante sector comercial y  la descomposición política que vivimos para entender la gravedad del caso.

 

De acuerdo con datos de la asociación civil «Alto al Secuestro» tres municipios veracruzanos se ubican entre los primeros lugares en secuestros a nivel nacional, de acuerdo a la incidencia registrada del mes de diciembre a marzo. El primer lugar lo ocupa Xalapa que con 19 secuestros seguido por Coatzacoalcos con el número dos y 14 secuestros y Orizaba que ocupa el lugar número 5 con 11 secuestros.

 

De estos casos poco se sabe, pero saber que en nuestra ciudad hay más secuestros que en Tamaulipas, Michoacán o la ciudad de México, eriza la piel.

 

Eso no es todo. Conforme a las estadísticas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Veracruz sigue a la cabeza en feminicidios, pues durante el periodo enero-abril 67 de los 294 casos registrados a nivel nacional fueron reportados en la entidad.  En la lista enumerada del 1 al 100 a nivel nacional, se ubican Veracruz y Xalapa en cuarto y quinto lugar, respectivamente, por el reporte de cinco feminicidios en cada municipio.

 

Si antes un homicidio escandalizaba a la sociedad enterada –recordemos el caso de Sonia Patricia Reyes Peralta a un costado de la avenida Murillo Vidal-, hoy se ha convertido en parte del paisaje urbano. Los homicidios los vivimos todos los días, ya sea en una plaza comercial abarrotada de gente, en una peluquería a plena luz del día, en una parada de camión, en una calle cualquiera o a bordo de un taxi. Nadie está a salvo en esta jungla, por mucho que digan que se trata de ajustes de cuentas entre delincuentes.

 

El origen de esta descomposición está principalmente en la política. La corrupción de los gobiernos estatales que toleraron y animaron incluso la presencia de la delincuencia organizada; el saqueo indiscriminado que dejó a la ciudad y sus habitantes en un estado de indefensión, sin inversión, sin obra pública, sin generación de empleos.

 

Otra de las razones por las que nuestra ciudad se ha convertido en un refugio de la anarquía es porque no tiene gobierno. Su presidente municipal se ha convertido en una figura decorativa e ineficiente, en un académico ignorante de la función pública, preso de su arrogancia y de los aduladores que lo mantienen en una burbuja a punto de estallar.

 

Año y medio después del inicio de su administración, sigue buscando justificaciones en el pasado. Utiliza a los medios de comunicación –a los que califica de chayoteros- para hacer denuncias públicas que es incapaz de sostener ante una instancia jurisdiccional. Acusa pero no prueba, mientras tiene que devolver recursos del presupuesto ante su probada incapacidad de administrar el gobierno de la ciudad.

 

Muerto de pánico, ha tenido que recurrir a la protección personal de elementos de la marina, mientras miles de xalapeños tienen que rifársela a diario, no porque tengan que ver con actividades delictivas, sino porque las balaceras, los homicidios, los robos con violencia, se han convertido en una lastimosa normalidad.

 

Hipólito es un apestado hasta del partido que lo postuló. El niega cualquier militancia y Morena lo desconoce como uno de sus cuadros; fue acaso un acto de promiscuidad política donde los únicos que perdimos somos los xalapeños. Vendrán tiempos de elecciones e Hipólito podrá irse con las alforjas llenas a refugiarse al cubículo del que nunca debió salir.

 

La Xalapa de antaño no volverá. Quienes han muerto a causa de la violencia, tampoco. Quienes tuvieron que emigrar para evitar un secuestro y una extorsión inminente es posible que tarden muchos años en regresar.

 

La apacible Xalapa no existe más, sin embargo, lo peor podría estar por venir.

 

Las del estribo…

 

  1. Las cooperativas y las cuotas escolares son los mejores negocios de los planteles educativos; el dinero corre a raudales a cuenta de los padres de familia y no del erario público. Por eso llama la atención que la SEV se haya metido a fondo a un tema donde permea la corrupción y los negocios a favor de las parentelas. Ojalá y el asunto se investigue a fondo y no se trate sólo de una maniobra para cambiar de gerente.
  2. Hemos llegado a la mitad del año y las organizaciones políticas que aspiran a convertirse en partido político no han realizado ni siquiera el 5 por ciento de las más de mil asambleas que se necesitan. Será muy difícil que más de tres logren su registro.