El país se encuentra en la encrucijada. Hoy el principal riesgo que representan las elecciones, no es quien vaya a ganar –su desempeño como Presidente lo conoceremos muchos meses después-, sino lo que su triunfo provoque. Como aquí se ha dicho,  la polarización del país pronostica un complejo periodo pos electoral debido a que millones, literalmente millones, estarán en desacuerdo con quien gane, sin importar de quien se trate.

Y las encuestas han envalentonado a Morena. Andrés Manuel y sus huestes no aceptarán ningún otro resultado que no sea el triunfo. Hay plena convicción de que un resultado adverso sólo es posible con la operación de un fraude monumental. Esto pudiera ser cierto, por supuesto, pero tampoco es la única verdad.

Este lunes, la amenaza volvió a escena. La presidenta nacional de Morena, Yeidckol Polevnsky ha dicho que aquellos partidos que intenten algún fraude electoral el próximo 1 de julio “se encontrarán con el diablo”. Amenazó que si bien Andrés Manuel López Obrador ha dicho que no se va meter, ella no permitirá un fraude a ningún precio.

“Andrés Manuel López Obrador ha dicho: yo no me voy a meter, pero yo soy presidenta de Morena y yo sí me voy a meter y voy ir al fondo. Que no se atrevan a querer hacer un fraude porque sí se van a encontrar con el diablo, porque no les vamos a permitir un fraude, a ninguno precio, no lo vamos aceptar”, sentenció.

Por supuesto que la dirigente de Morena da por descartado dos escenarios: que en realidad haya una elección democrática y que la gente le niegue su voto a Andrés Manuel –si las encuestas fueran definitorias, entonces que cancelen el oneroso proceso electoral-; y que en caso de que así suceda, no van a recurrir a las instituciones electorales ni de justicia, sino que defenderán su causa a “cualquier precio”, lo que lleva implícita la amenaza del caos y la ingobernabilidad.

Ya en marzo pasado, el propio Andrés Manuel habría amagado con que un resultado adverso sería como soltar al tigre y que él no sería responsable de lo que hagan sus seguidores. “Si se atreven a hacer un fraude electoral, yo me voy a Palenque, y a ver quién va amarrar al tigre, el que suelte el tigre que lo amarre”, dijo entonces.

Si las elecciones se resuelven así, a horca y cuchillo, ¿para qué carajos nos gastamos casi 30 mil millones de pesos en legitimar a un personaje que amaga con no reconocer los resultados si no le favorecen? Las elecciones en México cuestan cada vez más caras, en un escenario en el que los ciudadanos se muestran insatisfechos con la democracia.

El costo de las elecciones federales, es decir, tan solo para elegir al nuevo presidente, 500 diputados y 128 senadores será mayor a los 28 mil millones de pesos; este monto considera los recursos otorgados para el proceso al Instituto Nacional Electoral (INE), el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y el financiamiento a los partidos políticos.

La cifra representa un incremento real de 22% frente a los 22 mil 928 mdp de hace seis años y equivale a 46 veces más el presupuesto asignado este año para el programa de salud materna, sexual y reproductiva, que es de 607.34 mdp, de acuerdo con el Presupuesto de Egresos de la Federación. ¿Para qué tanto gasto si más de la mitad de los electores quedarán inconformes con cualquier resultado?

Hoy poco más de la mitad de los electores han dicho que no votarán por AMLO, aunque no se sabe por quién sí lo harán o de plano lo sumarán al porcentaje de abstención. Luego entonces, haciendo caso a las matemáticas, López Obrador sí puede perder.

En el artículo “La elección de México está en juego”, publicado por el diario The Wall Street Journal, uno de los más influyentes del mundo, se asegura que aunque lleve 10 puntos de ventaja, muchos mexicanos aún tienen la esperanza de que sea derrotado. Y agrega que estás personas tienen sus razones, ya que en las contiendas presidenciales anteriores, López Obrador se ha ganado una reputación de mal perdedor.

Si esta vez es derrotado, después de que a sus seguidores se les dijo que ya tenía un pie en la presidencia, no reaccionaría bien. Incluso el diario español El País, que en un análisis del 3 de junio asignó una alta probabilidad de victoria para AMLO, admitió que no está garantizada.

Por supuesto que México entraría en una crisis profunda si se comete un fraude electoral; sería inaceptable en estas condiciones. Pero no tiene porqué suceder si los ciudadanos decidimos libremente que Andrés Manuel no sea el Presidente. Las amenazas no construyen democracias ni legitiman victorias electorales.

Algo anda mal en un sistema democrático donde un partido político sólo juega a ganar y si no lo logra, desconoce las reglas del juego, apostando a la violencia y la inestabilidad de nuestra frágil convivencia.

Las del estribo…

  1. No me imagino la expresión de millones de usuarios de redes sociales –en el país y el extranjero- cuando ven a policías municipales de Alvarado siendo equipados con sendas resorteras para combatir el crimen. Tampoco cuando se enteran que policías se enfrentan a sus propios compañeros que se dedicaban a atracar comercios en Martínez de la Torre. Más allá de quien tiene la razón, todos se empeñan de hacer de Veracruz un hazmerreír.
  2. En materia futbolera los pronósticos no fallan: Rusia 2018 iba a desaparecer las campañas electorales. Hoy los mexicanos están más enterados de las combinaciones que pueden calificar o dejar fuera del mundial a la selección mexicana, que de la jornada electoral a realizarse el domingo.