¡Volvieron a fallar la tlaxcalteca y la minatitleca!

A Guadalupe Osorno y a Daniela Griego les molesta de sobremanera que les recuerden su origen, pero cada que sucede una tragedia es imposible no explicarla a través de estos personajes que no conocen el estado ni el municipio, y peor aún, tampoco la responsabilidad que les fue asignada.

La tormenta del lunes en Xalapa desnudó nuevamente a las funcionarias. Exhibió una vez más su ausencia e indiferencia ante la tragedia.

El lunes por la noche, nuestra ciudad no enfrentó un huracán de categoría mayor ni un fenómeno imprevisible. Enfrentó una tormenta intensa, con acumulados puntuales de alrededor de 135 milímetros en apenas dos horas en muchas colonias que históricamente sufren deslaves e inundaciones. ¿En verdad nadie se los informó?

Cuando los deslaves se contaban por doquier y el agua corría en afluentes furiosos por calles y avenidas, nadie alertó a la población. Nadie lanzó un llamado de emergencia, a pesar de que Protección Civil estatal y municipal tenían información meteorológica previa: se hablaba de lluvias, de potencial de tormentas y de riesgos de deslaves e inundaciones. Fue una omisión criminal.

La población en zonas de riesgo no recibió alertas claras, oportunas y masivas; no se activaron medidas preventivas de evacuación o refuerzo en colonias vulnerables; y cuando el agua y el lodo llegaron, la capacidad de respuesta se mostró insuficiente. El resultado no fue solo encharcamientos: fueron dos muertes, decenas de viviendas dañadas, más de 40 colonias afectadas y cientos de familias damnificadas.

Por supuesto que las autoridades son responsables de la muerte de dos personas. Si hubieran alertado a tiempo, esto no habría sucedido. No fue una desgracia provocada por la suerte sino por la omisión criminal del gobierno.

Carlos Zepeda González, de 41 años, murió sepultado por un alud de tierra que alcanzó su vivienda en la colonia Independencia. Joselyn Flores Hernández, joven trabajadora, quedó atrapada y murió ahogada dentro del Híper San Bruno cuando el río Carneros se desbordó y el agua invadió el establecimiento. Dos vidas jóvenes.

La misma cifra de fallecidos que, en términos de impacto humano directo en un solo punto, se compara con el saldo mortal reportado por el huracán Polo en partes del Pacífico, un ciclón que afectó al menos seis estados del pacífico.

No se trata de equiparar magnitudes meteorológicas, sino de señalar una verdad incómoda: en Xalapa, con pronóstico disponible y territorio conocido, dos personas murieron de formas que una alerta temprana, un llamado a desalojar zonas de ladera o un cierre preventivo de locales en cauces de respuesta rápida podrían haber evitado. La improvisación cobró un precio humano inaceptable.

Mientras el agua subía y el lodo bajaba, ¿dónde estaban las autoridades que debían encabezar la respuesta? Ni la secretaria de Protección Civil del estado, Guadalupe Osorno Maldonado, ni la presidenta municipal de Xalapa, Daniela Griego Ceballos, aparecieron de manera visible y contundente liderando los trabajos de emergencia en el momento crítico.

Se activó el Plan Tajín, se desplegaron equipos y se abrió un solo refugio que muy pocos conocen, pero la ausencia de liderazgo político en el terreno refuerza la percepción de que la crisis se gestionó a distancia, con comunicados posteriores y censos al día siguiente, en lugar de presencia firme cuando más se necesitaba.

La aseguradora y el fideicomiso para desastres naturales, otra cábula que cobra vidas.

Y aquí entra otra pregunta que no puede eludirse: ¿dónde está el seguro contra desastres naturales que el gobierno del estado anunció y prometió? Desde el año pasado se habló de instrumentos de cobertura, de un fideicomiso y de mecanismos propios para no depender de aseguradoras privadas.

La realidad es que se dejó vencer la póliza catastrófica anterior, se apostó por un fideicomiso de alcance limitado y se creó una figura de aseguradora estatal cuya operatividad real sigue siendo opaca. ¿Qué se hizo con los recursos destinados a ese fin? ¿Cuánto hay disponible hoy para reconstruir viviendas, reparar infraestructura y apoyar a las familias de Xalapa y de los doce municipios afectados? La ciudadanía tiene derecho a saber si el dinero se protegió o se diluyó en la opacidad de decisiones administrativas.

Por último, los xalapeños están pagando muy caro la improvisación, la inexperiencia y el desconocimiento del territorio de funcionarias que no son originarias de esta ciudad ni, en un caso clave, del propio estado. Daniela Griego Ceballos, minanteca de nacimiento, tiene trayectoria en Veracruz, pero gobierna una capital cuya geografía de laderas, cauces y colonias de riesgo exige un conocimiento fino y operativo que no se improvisa.

Guadalupe Osorno Maldonado, originaria de Tlaxcala, es antropóloga y literata de formación, con cursos cortos de protección civil, y lleva años al frente de una secretaría que debería estar en manos de especialistas con dominio profundo de la gestión del riesgo en un estado tan expuesto como Veracruz. El territorio no perdona.

Esta tormenta no fue solo un evento meteorológico. Fue un espejo. Reflejó la falta de alertamiento efectivo, la ausencia de prevención real, el liderazgo distante, la opacidad en los instrumentos financieros de emergencia y el costo de colocar en puestos críticos a personas sin el anclaje territorial y técnico necesario

Los xalapeños merecen más que improvisación. Merecen un gobierno que anticipe, que esté presente y que rinda cuentas con hechos, no con comunicados.

El destape de las corcholatas; ajuste de cuentas al interior de Morena.

La designación de quienes serán los candidatos de Morena a las 17 gubernaturas que se disputarán el próximo año no es solamente un proceso interno. Es un ajuste de cuentas entre el lopezobradorismo que empieza a desdibujarse y el urgente empoderamiento de Claudia Sheinbaum rumbo a su sucesión.

El proceso interno con el que Morena acaba de definir a sus 17 “coordinadores estatales de defensa de la transformación y la soberanía nacional” no es un ejercicio de democracia partidista. Es, en realidad, el primer gran tablero de poder de la era Sheinbaum.

El resultado es un mapa que pretende mostrar quién manda y quién empieza a quedar fuera.Y la cara de Adán Augusto López lo dijo todo…

Lo más elocuente no es quién ganó cada encuesta, sino quién no quedó. En varios estados se observa un claro desplazamiento de perfiles más cercanos al ala dura del lopezobradorismo.

Figuras históricas o identificadas con la etapa de Andrés Manuel López Obrador fueron relegadas o neutralizadas, mientras prosperaban nombres respaldados por gobernadores en funciones, por la dirigencia actual de Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, o por la lógica de alianzas donde Manuel Velasco salió con más fichas que los dinosaurios morenistas que empiezan a extinguirse.

El Partido Verde, por ejemplo, logró colocar perfiles en entidades clave. No se trata de un relevo generacional limpio ni de un simple ajuste técnico: es un reacomodo de fuerzas en el que el poder real se concentra cada vez más en la estructura que responde a la presidenta y a los equilibrios locales que ella está dispuesta a tolerar.

El lopezobradorismo no ha desaparecido, pero sus escándalos ya cobraron la factura en la designación de los futuros gobernadores.

Sheinbaum ha salido a hablar de “mucha unidad”. Es el lenguaje oficial de siempre. En los hechos, el proceso dejó reclamos, llantos, retiros molestos y acusaciones de que las encuestas no fueron el único criterio.

Cuando la encuesta no coincidía con el arreglo político, el arreglo político prevaleció. Eso no es unidad: es imposición negociada. Y en un partido que se construyó denunciando los “dedazos” y las cúpulas, el espectáculo resulta especialmente divertido.

Pero hay un segundo problema, más grave todavía: el proceso sigue siendo un fraude a la ley electoral. Llamar “coordinadores de defensa de la transformación” a quienes, en los hechos, ya son virtuales candidatos a las gubernaturas de 2027 no es un eufemismo inocente. Es una estrategia deliberada para adelantar el proselitismo, posicionar nombres, movilizar estructuras y gastar recursos mucho antes de que las precampañas formales arranquen en enero.

La oposición lo ha denunciado reiteradamente ante el INE. El Tribunal Electoral ha empezado a revisar la negativa del Instituto a asumir competencia plena. Y mientras tanto, el árbitro electoral tolera la ficción. Cada acto de posicionamiento, cada recorrido, cada evento de “defensa de la transformación” que no se contabiliza como campaña anticipada erosiona la equidad de la contienda.

El INE, una vez más, aparece más preocupado por no incomodar al partido gobernante que por hacer valer la ley. La suerte, para muchos está echada…

La doble nacionalidad: ¿una reforma con dedicatoria y temor a la derrota?

Este miércoles, la mayoría morenista en el congreso local y sus aliados aprobaron la minuta que reforma a la Constitución federal propuesta por la presidenta Sheinbaum para obligarque quienes aspiren a la Presidencia de la República, a una gubernatura o a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México y posean otra nacionalidad deban renunciar a ella para poder ejercer esos cargos.

Claudia Sheinbaum defendió este miércoles, en su conferencia mañanera, la reforma asegurando que los mandatarios de México «sólo pueden tener una bandera, una patria, un pueblo a quien defender».

¿Esto es un acto de soberanía o de plano una reforma con dedicatoria por el temor a futuras derrotas electorales? Ayer, una de las exposiciones más diáfanas fue la que presentó el diputado aliancista Héctor Yunes Landa.

El argumento central del Gobierno ha sido la defensa de la soberanía nacional. La misma soberanía que utilizan para defender a personajes acusados de vínculos con la delincuencia organizada, para acusar injerencia extranjera en las elecciones y para ocultar el mayor robo de la historia: el huachicol fiscal. Eso no es soberanía, es impunidad.

Casi en respuesta a la presidenta, Yunes Landa les dijo a los morenistas: ¿Desde cuándo tener una segunda nacionalidad significa tener una segunda lealtad? ¿Desde cuándo un mexicano debe demostrar que es suficientemente mexicano? ¿Quién es más desleal a México, quien lo saquea bajo la protección del régimen o quien posee una doble nacionalidad?

“Tener doble nacionalidad no es, en la inmensa mayoría de los casos, un acto de deslealtad o una decisión deliberada; es una condición jurídica adquirida por nacimiento, en razón de la nacionalidad de los padres (ius sanguinis) o por el lugar de nacimiento (ius soli).

Y de paso también respondió a Sheinbaum: No escogieron dos banderas. No negociaron dos patrias. No adquirieron deliberadamente una segunda ciudadanía para participar en la vida política mexicana. Simplemente nacieron bajo una circunstancia jurídica determinada.

Por eso resulta especialmente delicado convertir esa condición jurídica en una causa de exclusión política, utilizando a la Constitución como un instrumento de discriminación ideológica.

Según Yunes Landa, esta iniciativa estigmatiza la condición de la plurinacionalidad, presentando veladamente a quienes la ostentan como sospechosos de traición o conflicto de interés.

Y les puso el dedo ardiente en la llaga: “¿No hay más traición en aquéllos que profesan su lealtad absoluta a los afanes de un malogrado caudillo, a un partido o a un movimiento, antes que a la patria misma? La lealtad no se acredita con un documento migratorio.”

Reformar la Constitución con dedicatoria particular, con el propósito explícito de inhabilitar o frenar a actores políticos específicos para evitar que compitan por cargos de elección popular, es un uso faccioso del poder legislativo que degrada la técnica constitucional al nivel de una herramienta de venganza u hostigamiento electoral.

Y les espetó: ¿Qué van a salir a decirle a millones de mexicanos? “Usted es mexicano para votar, para pagar impuestos, para cumplir la ley, para trabajar y para contribuir al país. Pero usted no es suficientemente mexicano para aspirar a determinados cargos porque también tiene otra nacionalidad.”

Pues justo eso harán…

La ratonera

La suerte de Adán Augusto, Andy, Amilcar y algunos aspirantes a gobernador confirman la pérdida de espacios clave y divisiones internas. ¿Ha empezado el ocaso del lopezobradorismo?