Venus es hoy uno de los lugares más hostiles del Sistema Solar, pero su superficie podría estar contando una historia completamente distinta. Un estudio identifica terrenos fracturados, enormes canales y estructuras geológicas que podrían corresponder a antiguos ambientes marinos. Al analizarlos en conjunto, los investigadores encuentran indicios compatibles con un Venus cubierto por océanos.
La reconstrucción propuesta resulta todavía más sorprendente: los investigadores estiman que un antiguo nivel del mar habría dejado bajo el agua cerca del 90% de la superficie de Venus.
Ese océano habría tenido un volumen equivalente a aproximadamente el 40% del contenido de los océanos terrestres y una profundidad promedio cercana a mil 400 metros, de acuerdo con el estudio The Lost Oceans of Venus, de los especialistas Richard Ghail, Eloise Crouch y Philippa Mason.
Pero si Venus realmente tuvo tanta agua, surge una pregunta inevitable: ¿qué ocurrió con ella? El estudio plantea que el planeta atravesó un proceso de calentamiento extremo que terminó provocando la evaporación de sus océanos. Las señales de ese cambio podrían permanecer actualmente en lugares donde, a primera vista, solo parece existir una superficie volcánica y tectónica.
Las extrañas fracturas que podrían ser huellas del antiguo mar
Una de las pistas principales es enormes terrenos formados por patrones de fracturas poligonales. Algunas de estas estructuras alcanzan varios kilómetros de extensión y, según los investigadores, tienen similitudes con sistemas de fracturas que en la Tierra aparecen asociados con sedimentos arcillosos de antiguos ambientes marinos.
El estudio identifica seis tipos principales de estos terrenos. Su tamaño y distribución resultan difíciles de explicar únicamente mediante el enfriamiento y la contracción de rocas volcánicas, por lo que los autores plantean que podrían haberse formado en sedimentos ricos en arcillas, similares a los que se encuentran en determinadas cuencas marinas terrestres.
Los canales que podrían haber estado bajo el agua
Otra pieza del rompecabezas son los llamados canales, enormes canales que atraviesan la superficie venusiana. Algunos son tan extensos que su origen continúa siendo discutido, pero su geometría presenta características que, según el estudio, podrían ser más compatibles con canales submarinos que con estructuras producidas por lava.
La pista resulta especialmente interesante porque muchos de los canales más largos terminan en las zonas bajas y profundas que, de acuerdo con la reconstrucción, habrían formado parte de los antiguos mares. Algunos podrían haber sido producidos por corrientes de densidad submarinas o por flujos extremadamente salinos mientras los océanos de Venus se evaporaban.
Venus pudo quedar cubierto de sal
La desaparición del agua también habría dejado otro rastro: sal. Al calcular cuánto material podría haberse precipitado durante la evaporación de los hipotéticos océanos, los investigadores obtienen una cantidad mínima equivalente a una capa de aproximadamente 64 metros de espesor en las cuencas bajas.
Ese cálculo incluso produce una coincidencia llamativa. Si esa sal se redistribuyera dentro del volumen oceánico estimado por el estudio, la salinidad resultante sería de aproximadamente 35 partes por mil, prácticamente la misma que la del agua marina terrestre. Los autores advierten, sin embargo, que los depósitos reales pudieron haber sido mucho mayores.
El planeta que perdió sus océanos
El escenario propuesto comienza con un Venus que todavía tenía grandes masas de agua. Durante decenas o cientos de millones de años, procesos atmosféricos habrían favorecido una evaporación cada vez más intensa, mientras las tierras altas sufrían una fuerte erosión y enviaban sedimentos arcillosos hacia las zonas que todavía permanecían cubiertas por agua.
Finalmente, el calentamiento habría llevado al planeta hacia un efecto invernadero desbocado, un estado en el que las condiciones atmosféricas impiden mantener los océanos líquidos y aceleran su pérdida. Para los investigadores, varias de las estructuras que permanecen actualmente en Venus podrían ser el registro geológico de esa transformación.
La hipótesis todavía tiene preguntas abiertas. No se han identificado costas antiguas de manera concluyente y cada una de las estructuras estudiadas admite explicaciones alternativas relacionadas con procesos volcánicos o tectónicos. Sin embargo, los autores sostienen que, consideradas juntas, las evidencias ofrecen un caso convincente de que Venus tuvo océanos y los perdió hace menos de mil millones de años.
Y la historia podría comprobarse mejor en el futuro. Las misiones EnVision y VERITAS, previstas para estudiar Venus durante la década de 2030, podrían aportar imágenes y datos topográficos de mayor resolución, además de información del subsuelo capaz de ayudar a determinar si esas estructuras realmente son los restos de un mundo que alguna vez estuvo cubierto por agua.
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