El próximo jueves 10 de septiembre, Claudia Sheinbaum llegará a Veracruz para presentar aquí parte de su Segundo Informe de Gobierno. La visita, sin embargo, llega en un momento particularmente incómodo.

Además de una escalada de violencia que incluye la muerte del diputado federal Zenyazen Escobar y a dos policías federales, entre una decena de víctimas mortales, esta vez, la presidenta podría encontrarse con algo más que acarreados, banderas y porras como ya ha sucedido en los eventos de Aguascalientes, Jalisco y Colima.

Es evidente que Shienbaum y Morena han perdido mucho más que apoyo popular. Hay una abierta confrontación en contra el gobierno.

En cambio, para Rocío Nahle representa una oportunidad de imperdible recuperar su cercanía con la presidenta. Realizar un evento impecable, con un estado lleno, es oxígeno puro para ambas; en cambio, un mitin donde los acarreados den la espalda a la presidencia, podría representar para Nahle el distanciamiento definitivo.

Lo que tendría que ser un momento de fortaleza tras la curva de aprendizaje del primer año, se ha convertido lo que comúnmente suele ocurrir hasta el quinto año: el debilitamiento presidencial en vísperas de la sucesión. Esto ha sido más bien el octavo año del gobierno de López Obrador que entra en crisis. Esto no es culpa de Nahle, pero lo que sucede en Veracruz sí.

Los eventos previos ya muestran hartazgo de la gente… y de la presidenta. Los eventos no salen como se planean y con demasiada frecuencia son interrumpidos por “espontáneos” que confrontan abiertamente a la presidencia, al grado de arrebatarle la palabra, algo que muy pocas veces ocurrió con López Obrador. El encabronamiento en público, como sucede en Veracruz, es inocultable.

Veracruz, por lo tanto, no será solamente otra parada del tour presidencial. Para Rocío Nahle puede convertirse en un examen. La gobernadora tiene ante sí una oportunidad extraordinaria: demostrarle a Claudia Sheinbaum que tiene control político de Veracruz.

Que tiene estructura; que tiene capacidad de convocatoria; que su gobierno puede presentar resultados; que la entidad no es un polvorín político -aunque la realidad les escupa lo contrario-; que las protestas, las demandas y los reclamos son asuntos aislados; y que ella manda. Tal vez lo único cierto sea lo último.

El problema es que también puede ocurrir exactamente lo contrario.

Porque si el próximo jueves el estadio Beto Ávila se convierte en una cascada de reclamos —médicos sin insumos, trabajadores inconformes, productores, ciudadanos afectados, problemas de seguridad y demandas sociales—, la visita podría convertirse en una auditoría política en vivo, como sucedió en Colima.

Por ello, Nahle necesita que el evento sea una demostración de fuerza. Pero tendrá que evitar que esa demostración se convierta en demostración de fuerza… contra su propio gobierno. Porque si algo ha demostrado la política mexicana es que los aplausos se organizan, aunque las manifestaciones también.

Pero la cosa es más grave. Mientras se prepara el templete presidencial, Veracruz vivió un fin de semana que parecía una película de terror: dos agentes federales de la SSPCfueron asesinados en Omealca mientras realizaban labores de investigación relacionadas con un secuestro. Una tercera agente resultó herida.

Posteriormente, las fuerzas federales lograron liberar a dos personas secuestradas. Es decir, no intervino la Fiscalía del Estado y su Unidad Anti Secuestros. La desconfianza a la policía y fiscalía estatal sigue.

Pero Omealca no fue un episodio aislado. Se sumaron hechos violentos en distintos puntos de la entidad: una pareja asesinada en Omealca, homicidios en Soconusco y Oteapan y, finalmente, otro asesinato en Coatzacoalcos. El saldo preliminar del fin de semana rondó la decena de personas asesinadas.

El viernes pasado, Héctor Yunes resumió con una frase lapidaria el problema: “Si no pueden cuidar a los de casa, menos a los del vecindario.”

Y ese debería ser uno de los letreros que recibieran a la presidenta en el aeropuerto. Porque si Veracruz pretende ser anfitrión de una presidenta de la República, primero debería poder garantizar que sus ciudadanos puedan regresar vivos a sus casas.

El próximo jueves veremos abrazos y sonrisas entre la presidenta y la gobernadora. Pero tras el estrado, podrían pasar muchas cosas en Veracruz… para bien y para mal.

A Zenyazen ni lo mataron, ni se suicidó; el triste papel de Ricardo Ahued.

Cuando el secretario de Gobierno salió a decir que la muerte del diputado Zenyazen Escobar era “un lamentable fallecimiento con arma de fuego», es decir, no era ni asesinato, ni suicidio, irremediablemente vino a la memoria la gobernadora Rocío Nahle cuando, encolerizada, asegurabaque la muerte de la maestra Irma Hernández Cruz se trató de un infarto y no de una ejecución como lo afirmaron los “miserables” medios de comunicación.

Días después, la propia fiscalía general de la República salió a confirmar la hipótesis de los medios y no la irresponsable afirmación de la gobernadora, quien sin saberlo ni entenderlo, estaba dando una salida a los homicidas: enjuiciarlos sólo por secuestro y no por homicidio, porque al final, la maestra murió víctima de un infarto.

Es el mismo ridículo el que espera al secretario de gobierno, cuya torpe e inverosímil versión lo exhibió a nivel nacional. Versión que ni siquiera la fiscal general del estado se atrevió a avalar. ¡Qué vergüenza!

Lo primero que se les ocurrió es descartar el asesinato. Y en esa lógica mandaron a su parvada de jilgueros a tratar de reforzar la versión. Seguramente, como a la rana, escribir algo así les debe dar una vergüenza terrible, pero les cae el depósito y se les pasa.

Lástima. El Ricardo Ahued que muchos conocieron parece haberse quedado en algún lugar del camino. Aquel priista firme, de carácter, eficaz, contestatario, que no tenía demasiados problemas para decir lo que pensaba, parece haber sido sustituido por una versión dócil y desvergonzadaante el poder que tanto criticó.

Hoy pareciera que su principal función consiste en mantener abierto el Palacio de Gobierno, apagar incendios que no provocó y, cuando la crisis alcanza determinada temperatura, ponerse enfrente de las cámaras.

Una especie de conserje político del Palacio, pero con una peculiaridad: cuando la crisis es demasiado grande, el conserje también puede convertirse en patiño.

Ya ocurrió con el llamado cártel inmobiliario. Ya ocurrió con las versiones relacionadas con la presencia de familiares de Andrés Manuel López Obrador en la nómina estatal. Y ahora ocurre con el caso Zenyazen. ¿Cuánta dignidad le queda a don Ricardo antes de renunciar?

El diputado federal morenista fue encontrado muerto en su vehículo el pasado viernes. La FGR atrajo la investigación y las autoridades han insistido en que deben agotarse todas las líneas. Hasta la gobernadora, luego de empinar a Ahued, lo dijo.

Sin embargo, Ricardo salió inicialmente a explicar que no había indicios de una agresión externa al vehículo, una declaración que inevitablemente alimentó la hipótesis del suicidio, aunque la causa y circunstancias de la muerte todavía no están determinadas oficialmente. La versión se cae sola.

Pero si la propia gobernadora sostuvo que había que esperar los resultados de la Fiscalía, ¿para qué mandar al secretario de Gobierno, sin argumentos, a adelantar conclusiones políticas o periciales?

¿Para qué? ¿Para tranquilizar? ¿Para controlar la narrativa?¿Para que alguien cargara con el costo de una explicación prematura? Porque si después resulta que la Fiscalía establece otra hipótesis, Ahued habrá cumplido nuevamente su papel: poner la cara mientras otros toman las decisiones.

Y así se entiende mejor por qué el otrora poderoso Ahued ha aguantado tanto. Quizá porque alguna vez creyó que la paciencia, la disciplina y la lealtad tendrían recompensa.

Tal vez sigue soñando con ser gobernador. Hoy ese sueño parece alejarse cada vez más, porque cuando un político de la talla de Ahued termina defendiendo lo indefendible, explicando lo inexplicable y absorbiendo los golpes que otros deberían recibir, su aspiración se irá a la basura.

Nahle ya demostró que Ahued es sacrificable…

¿Mil millones de pesos para contrarrestar una campaña de odio?

Y mientras Veracruz se desangra, sus hospitales se quedan sin insumos. Personal médico del CAE -y de la mayoría de los nosocomios del estado- ha denunciado la falta de medicamentos y material de curación, lo que ha provocado que más de mil pacientes que esperan cirugía estén en lista de espera por meses.

El propio gobierno estatal reconoció que existen requerimientos y anunció redistribución de insumos, envíos del IMSS-Bienestar y compras directas para cubrir faltantes.El mismo discurso que han mantenido desde hace ocho años.

Pero resulta que, como lo ha hecho desde hace ocho años, la negligente incompetencia del doctor Ramos Alor, hombre que en los hechos opera como una de las figuras centrales de la política sanitaria estatal, responde hablando de una “campaña de odio”. ¿Qué le debe la gobernadora a este charlatán-,

¿Qué quiso decir el descerebrado este? ¿Qué los quirófanos no tienen material porque alguien los odia? ¿Qué hospitales no tienen medicamentos porque alguien tiene malos sentimientos? Y seguramente las gasas también forman parte de una conspiración.

Si todo esto es “mala leche” de sus malquerientes, que no son pocos, entonces ¿por qué el Gobierno de Veracruz anunció que podrá realizar compras directas de medicamentos e insumos por alrededor de mil millones de pesos, con la explicación de que posteriormente la Federación repondrá esos recursos conforme al convenio del IMSS-Bienestar.

Y si el Estado tiene que comprar anticipadamente los medicamentos y después la Federación le devolverá el dinero, ¿no está reconociendo tácitamente que el problema está en el mecanismo federal de abastecimiento?

Porque no se puede sostener simultáneamente que los hospitales están funcionando correctamente; que las denuncias son producto de una campaña de odio; que el personal médico exagera; y, al mismo tiempo, el gobierno tiene que sacar mil millones de pesos para comprar urgentemente los insumos que faltan.

Eso no es una campaña de odio. Esto se llama negligencia criminal. Veracruz padece una enfermedad terminal.

Y si hay que ponerle nombre al diagnóstico político, se llama: Roberto Ramos Alor.

La omnipresencia de Héctor Yunes que tanto encabrona a muchos.

El diputado local y presidente de Alianza Generacional por Veracruz se ha convertido en un personaje omnipresente en el escenario político estatal, muy a pesar del gobierno, Morena y algunos de sus malquerientes. Ya demostró que no lo hará.

Así, un día está en el Congreso trabado en contra de tres o cuatro morenistas -a los que exhibe sin misericordia- y alguno del verde; al día siguiente está en la mesa del Consejo General del OPLE y con diferencia de horas,aparece en casa de Dante Delgado o alguien se su familia inaugurando el edificio de Alianza Generacional.

Esto por supuesto que incomoda. Incomoda en Morena e incomoda en el PRI. Pero resulta que esta animadversión es precisamente lo que lo ha ido acercando a su proyecto. No es monedita de oro, pero sí perseverante y tozudo.

Durante la sesión del OPLE, ofreció justo lo que los veracruzanos quieren oír y concretar: devolver a Veracruz lo que Morena y sus gobiernos populistas, corruptos y foráneos nos han quitado: la seguridad, la salud, la educación, el empleo y lo más importante, nuestra tranquilidad.

Hoy, fuera del gobierno, Héctor Yunes es el político con mayor capital y plataforma política: es diputado federal, presidente de un partido político estatal, recorre todas las semanas el estado y, por tanto, es uno de los perfiles más rentables en el momento que vive Veracruz

Esa es la razón por la que, independientemente de quien sea el candidato del frente opositor que ha propuesto Movimiento Ciudadano para la elección de 2030 -y al que por supuesto el PRI es el único que no está invitado-, Héctor Yunes estará en la mesa donde se tome la decisión final.¡Pago doble!

La ratonera

“Lucha, lucha, no dejes de luchar, por un gobierno obrero, campesino y popular”, se escuchó gritar a algunos de los asistentes al velorio de Zenyazen Escobar, el personaje que apareció muerto en un Mercedes Benz y a quien se incendió recientemente un yate, todo valuado en muchos millones de pesos. ¡Todo un mártir!