Quienes nos dedicamos al periodismo, que tiene que ver forzosamente con entender el porqué de la conducta humana, hemos elaborado distintas hipótesis sobre la conducta que asumen quienes llegan al poder apoyados por Morena, aunque no necesariamente sean militantes o fundadores de esa corriente política nacional que fundó el político tabasqueño Andrés Manuel López Obrador.

Que se trata de resentidos sociales que fueron víctimas de administraciones anteriores, priistas o panistas, y ahora en el poder toman debida venganza por los agravios recibidos.

Que son “comunistas” de esos que aún quedan en este país, de aquel histórico movimiento del 68 cuando el gobierno del PRI, de Gustavo Díaz Ordaz, los aplastó con toda la fuerza del estado y ahora, tras una lucha de años, alcanzaron el poder y a su manera de entender que es la izquierda actúan.

O que son políticos que en sus tiempos juveniles fueron menospreciados por los líderes del PRI o del PAN, que no los tomaron en cuenta pese a todos los esfuerzos que hicieron para lograr una posición y en venganza se unieron con AMLO en su Morena y ganaron el poder, lo que hoy los ha convertido en corruptos compulsivos e insaciables, al grado de que se asociaron con el crimen organizado.

Quién sabe, lo único cierto es que estos de la llamada 4T, ya le dieron en la torre al país, a un México que con defectos pero más aciertos caminaba siempre hacia el progreso. Hoy para recuperar ese avance tendrán que pasar muchos años, los de la reconstrucción de la república tras la liberación de parte del gobierno norteamericano.