El discurso del triunfo del segundo año por parte de la presidente de México, merece ser tratado desde un análisis político, el cual tiene varias líneas: a) mimetismo del otrora discurso priista, b) la conspiración internacional de la derecha norteamericana, c) el nativismo de morena, y d) la contestación a los expresidentes de la república del PAN.
El primer punto, al escuchar a la primera mujer que es presidente de México, fue como oír a José López Portillo en aquellos informes de gobierno hablando de la grandeza mexicana, éste como país único en el mundo, me recordaba aquella frase de: “ahora tendremos que administrar la abundancia”, algo así es el México de 2026 en el imaginario gubernamental.
Es pertinente comentar que la Inversión Extrajera Directa, el aumento de los salarios, y la inflación es baja, son resultados del T-MEC y de las políticas neoliberales que mantiene morena desde hace más de 7 años, y que reniega discursivamente, lo que significa cinismo en esos resultados gubernamentales, porque no son logros del actual gobierno, sino producto de una economía de mercado.
Por otra parte, la algarabía de la creación de los 669 mil empleos, no es tal, porque desde 1982 el país requería anualmente crear 1 millón de empleos, ya en 2026, el país necesita crear 1.3 millones de puestos laborales para insertar a la población económicamente activa. Y esto se le agrega un nuevo factor real de desestabilización laboral con el auge de la Inteligencia Artificial, basta recordar el diagnóstico entregado en 2018 por la Embajada del Reino Unido a México, cuyo título fue: “Hacia una Estrategia de IA en México: Aprovechando la Revolución de la IA”, en donde expuso el escenario laboral en el país donde se perderán debido a la automatización 9.8 millones de trabajos en las próximas dos décadas. Y que es un tema que ningún gobierno ni estatal ni federal han puesto en el debate público, prefieren continuar con discusiones decimonónicas de la perversidad de la derecha, y la restauración de la soberanía.
El segundo tema, fue no nombrar a Donald Trump y la elección de la Cámara de Representantes en noviembre, que por cierto con la decisión de la Corte Suprema de anular los distritos electorales favorables al partido demócrata, el presidente de los EUA, no necesita agarrar de “piñata a México”, pero el craso error fue confrontarlo con la vacuo discurso de la soberanía, pues pretende que los mexicanos asuman su responsabilidad como jefa de Estado, mientras ella se comporta como jefa de partido, esa retórica no está funcionando, porque no estamos en el siglo XIX ni XX, inclusive el antiyanquismo cada día es minoritario, esto desde 1994 cuando se firmó el TLC.
Pretendió plantearlo como un dilema entre Trump y los mexicanos, cuando el tema es que el vecino del norte quiere a narcopolíticos, donde la primera parada es Rocha Moya y sus secuaces, esto seguirá hasta desangrar a morena rumbo a la elección de 2027, no en un tema de injerencia, sino de que al igual que Salvador Allende, quien ganó con el 34% de los votos, sólo se dedicó a gobernar para ese porcentaje de la población, ella también arrancó así su discurso agradeciendo a los 36 millones de mexicanos, es decir, al 36% del listado nominal que le votó. La gobernación es para todos, no sólo para un sector, de allí la miopía política, el problema, es que los errores de cálculo de estos neófitos arrastrarán a todo el país con sus fobias, prejuicios y sesgos.
Más allá de los nuevos “extraditables”, que ya son más conocidos quienes serán llamados a cuentas a los Estados Unidos, son las implicaciones de estos errores, el primer efecto será el fin del T-MEC por diversas razones económicas, pero hay una que flota en el aire, el poder judicial que no es autónomo, y el segundo es el tema de la seguridad nacional para los EUA con los 6 grupos terroristas que ya han sido señalados, pero en la actual coyuntura se abre la posibilidad de un séptimo grupo terrorista, que será morena.
El tercer punto, es el cliché de la soberanía, un concepto que ya no significa lo mismo que en el siglo XIX, hoy en día la Unión Europea nos enseñó un concepto ampliado, que es la macrosoberanía, los países perdieron su moneda nacional y se fusionaron en el euro, crearon un Banco Central Europeo, y hasta les dio tiempo de diseñar un Parlamento Europeo, con lo cual ya redefinieron ese concepto; y en el caso mexicano, para el gobierno la soberanía se torna nativista, chauvinista, pero hay una diferencia, este país dejó de ser soberano cuando quienes gobiernan y controlan al Estado mexicano son los grupos ilegales que cobran piso a los boleros, vendedores de helado, vendedores de pilas para reloj, vendedores de pollo, aguacate, comerciantes formales e informales, ese es el resultado cuando un Estado no le garantiza la seguridad a sus ciudadanos, y ya no solamente lo podemos definir como un Estado fallido sino como Estado cómplice como el que experimenta el país, donde sus ciudadanos se enfrentan al drama cotidiano de secuestros, levantones, homicidios, desapariciones, y un largo etcétera; porque los únicos seguros en el país son los que les dan besos y abrazos a los delincuentes. El problema de fondo fue ceder la soberanía a los grupos ilegales.
El cuarto punto, fue responder de manera sentimental a Vicente Fox y Felipe Calderón quienes la criticaron el día anterior, lo que evidencia la pobreza del discurso.
Puedo afirmar que a diferencia de discursos políticos históricos, como el de Abraham Lincoln (Gettysburg), Martin Luther King (I have a crean), Winston Churchill (I hace hosting to offer but blood, toil, tears and sweat), Nelson Mandela (Discurso de investidura), Lázaro Cárdenas del Río (Discurso de la Expropiación Petrolera), Luis Donaldo Colosio (Reforma al Poder), Barak Obama (Yes we can); el discurso de la celebración fue victimizante, acomplejado, defensora de los privilegios del poder, de la relación entre grupos criminales y políticos, de vació de poder, porque la pregunta que nace de ese discurso, es ¿quién gobierna a México?.
Finalmente, un discurso de festejo del triunfo electoral que se transformó en un discurso de miedo, de no saber qué hacer, ni cómo gobernar, de confrontar de manera estéril a Trump, de pasarle su responsabilidad gubernamental a los mexicanos, demostrar que hay una incompetencia para gobernar y una enorme tolerancia hacia lo ilegal, a la corrupción del sexenio pasado, a los vínculos inconfesados entre políticos y delincuentes, y que al final optó por la omertá con la nueva mafia gobernante que optar por México y los mexicanos.

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