Hace apenas unos días, el gobierno cubano reunió en su embajada en México a más de 300 diputados, senadores y funcionarios del gobierno mexicano para rendirle culto a Fidel Castro y a una dictadura que agoniza.

Ilustres personajes de la nomenclatura morenista solían recibir trato de mandatarios en sus recurrentes visitas a Caracas y La Habana. Mientras en Veracruz, activistas cubanos sonllevados al Congreso local como un acto de provocación a otras fuerzas políticas y en agradecimiento a los favores recibidos por Morena.

Como cínica paradoja, la madrugada del viernes, Morena y sus aliados en el Congreso federal y en la mayoría de los congresos locales reformaron la Constitución para imponer como una nueva causal de nulidad de elecciones la supuesta “intervención o injerencia extranjera” que influya de manera determinante en los resultados electorales.

Si algún extranjero ha intervenido en los procesos electorales de nuestro país, han sido los asesores cubanos y venezolanos cuya presencia ha sido documentada públicamente.

México no está bajo amenaza de ningún gobierno extranjero. La amenaza bajo la que estamos no es foránea, se llama Morena y tanto su gerente y como su dueño radican en nuestro país. La primera vive en Palacio Nacional mientras el otro radica en La Chingada.

La “intervención o injerencia” extranjera como causal de nulidad es la ruta para preparar la anulación de las elecciones de 2030 en un escenario cada vez más probable de perder la presidencia de la república y el gobierno de Veracruz.

Morena hará todo lo posible para impedirlo. Millones de mexicanos y de veracruzanos haremos lo legalmente necesario para que así suceda.

La diputada de Morena, Olga Sánchez Cordero, ex Secretaria de Gobernación con López Obrador, advirtió durante el debate en el Congreso- que esta reforma, al carecer de criterios probatorios y parámetros claros, permite la censura, interpretaciones discrecionales y atenta contra el principio de certeza jurídica.

Lo que Morena pretende es que no se hable de México en medios extranjeros; que no se ponga en evidencia la intervención del crimen organizado en favor del narco gobierno; que se censure cuando haya evidencia de la intervención oficial y el financiamiento ilegal de las campañas.

Los falsos nacionalismos han resultado en una herramienta eficaz para justificar fraudes electorales. Porque si fallan los programas sociales y pierden las elecciones, necesitan una justificación para desconocer el resultado electoral.

La ley anti injerencista en materia electoral resulta una burda copia del modelo de Nicolás Maduro para imponer su fraude electoral gritando que la oposición estaba manipulada por la injerencia del presidente Trump. ¿No les parece demasiada casualidad?

En México está permitido que el crimen organizado intervenga en las elecciones, que controlen territorios, financien campañas, intimiden comunidades y asesinen a candidatas y candidatos, además de reconocerles cuando “se portan bien”, como decía López Obrador.Pero acusar de ello es injerencismo.

México no necesita de ningún gobierno extranjero para sacarlos de palacio nacional. Lo haremos nosotros solitos.

La puntita

Del frenético glosario morenista: no se dice “hackearon” las plataformas de los Programas de Bienestar, lo que permitió a cibercriminales tener acceso información sensible de los beneficiarios. Se dice: “se registró un acceso no autorizado”. ¡Y así pretenden que registremos nuestras líneas telefónicas!