Todos los que pasamos por alguna escuela de Periodismo o Comunicación, sabemos quién fue Julio Scherer García. Al menos los de mi generación —y algunos más jóvenes— conocemos la importancia del director y fundador del semanario Proceso, mismo que al fallecimiento de Scherer, perdió esa credibilidad que marcaba la agenda política del país.

(Debe decirse que era inevitable su desvanecimiento: el periodismo impreso en general pasa por la peor crisis. Proceso dejó de imprimir, pero también perdió el rumbo editorial).

Ahí en esa revista trabajaron muchos periodistas muy renombrados. En Veracruz tuvimos a la gran Regina Martínez, asesinada en circunstancias misteriosas y en momentos justos cuando se estaba revelando en Proceso —a través de números especiales— sobre las operaciones del narcotráfico en la entidad, donde se señalaban a políticos y jefes policiacos.

Otro de esos periodistas es el veracruzano Ricardo Ravelo (originario de la Cuenca del Papaloapan), quien durante años manejó para Proceso la fuente pesada de la nota roja, pero a niveles de la extinta Procuraduría General de la República o los capos de la delincuencia organizada en México.

En alguna ocasión, una persona que conoce a Ricardo me platicó que alguna vez le confesó una discusión que tuvo con Don Julio Scherer por una información que había conseguido.

Narraba que el legendario Don Julio le había pedido a Ravelo que investigara un tema de corrupción en las aduanas del país. El veracruzano se abocó a la tarea y logró conseguir lo que su director le pedía. El problema fue que dentro de esa investigación surgió el nombre del abogado Julio Scherer Ibarra.

Entre que si entregaba o no la investigación completa, Ravelo llevó su texto ante Scherer y le dijo la verdad: en el trabajo aparece el nombre de su hijo.

Don Julio, según lo que le contó Ravelo a mi fuente, leyó el trabajo y tomó una decisión tajante: “No sale”.

—Ok, yo se lo traigo porque usted me pidió investigar ese tema.
—Sí, pero es mi hijo.

Dicho esto, nunca se supo en qué andaba metido Julio Scherer junior, porque aparentemente nunca salió publicado el trabajo de Ravelo.

Luego sabríamos del hijo de Don Julio Scherer en tiempos recientes porque llego como consejero jurídico de la Presidencia de un tal Andrés Manuel López Obrador, cargo al que renunciaría el 2 de septiembre de 2021 tras acusaciones de operar una supuesta red de tráfico de influencias y negocios al amparo del poder. Sus principales detractores eran la entonces secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y el fiscal general Alejandro Gertz Manero.

A su salida, Scherer Ibarra mantuvo un perfil bajo, pero hace unos días atrás salió un libro donde hace supuestas “revelaciones”.

Entre los chismes que revela (porque el contenido no es más que para el puro morbo y el orgasmo chaquetero de los detractores de la Cuarta Transformeishion) habla de bajezas como decir que la actual gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, era una persona manipulable y que le habían dado la tarea de la construcción de la refinería de Dos Bocas para darle un trabajo en el gobierno federal. Que además tumbaron manglares, gastaron una millonada en compra de terreno y nunca hubo estudio de impacto ambiental.

La gobernadora no se quedó callada: en el programa “Los Periodistas” conducido por Alejandro Pérez Varela y Álvaro Delgado (otro periodista destacado que salió de Proceso), transmitido este lunes 16, habló sobre la deslealtad de Julio Scherer y la equivocación que tuvo López Obrador al incluirlo en su proyecto de país.

“Yo entiendo que cuando uno entra a un puesto de administración y como sobre todo un Presidente de la República que tiene muchas secretarías, que tiene muchos puestos, que tiene que designar quién le ayude en las diferentes áreas, pues busca personas de confianza; busca personas que tengan coincidencias y, a veces, uno se equivoca, así es. Me queda claro pues que hubo una equivocación con él y una equivocación porque hoy que estamos escuchando y viendo todo lo que