Me atrevo a decir que todos —sino es que la mayoría— de analistas políticos veracruzanos coinciden en que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) de Veracruz no tiene salvación.
Lo comentábamos recientemente en una reunión de amigos donde estuvo gente que trabajó para el tricolor: no se ve por donde pueda recuperar lo de antaño y pasarán al menos un par de sexenios para que el PRI logre ganar algo de lo que alguna vez tuvo.

Y es que de haber sido el poderoso partido que dominó al estado por casi nueve décadas, hoy apenas es un esbozo de instituto político dirigido por una pandilla ya muy desprestigiada.

Por mucho tiempo se dijo que Veracruz, junto al Estado de México, eran los dos estados más priistas en el país: los que tenían los mejores políticos, los comités mejor organizados y una influencia tremenda en territorio nacional, con personajes muy representativos del priato como los ex presidentes Miguel Alemán y Adolfo Ruiz Cortines, o el ex gobernador Fidel Herrera, entre otros nombres que me faltaría espacio para nombrar.

Así, en Veracruz el PRI contó con una estructura fortísima que aglutinó a caciques regionales, empresarios millonarios, sindicatos muy poderosos como el SNTE y el de PEMEX, y jóvenes entusiasmados por participar en política que hacían la talacha del partido pintando bardas y colgando pendones. Al mismo tiempo, se coordinaban con Gobierno del Estado (el gobernador priista en turno como jefe político, también recibiendo órdenes desde Palacio Nacional) para operar elecciones, al grado de que jefes de la Policía Estatal supervisaban a alcaldes para hacer ganar al tricolor en su demarcación.

Era, pues, la maquinaria perfecta.

Alguna vez me contaron, por ejemplo, que uno de los mejores comités municipales mejor organizados a nivel nacional era el de Minatitlán; hoy ni figura en la agenda política local.

¿Y qué pasó? Sencillamente el PRI envejeció y terminó con demencia senil, porque una generación que hizo carrera política desde los años 70 nunca quiso abandonar el poder ni dar paso a una nueva generación, apropiándose del partido-gobierno y exprimiéndolo todo. Al final, esa generación enloqueció y dejó que el partido se convirtiera en una simple agencia de colocaciones con sueldos muy elevados.

Y por eso no queda nada del PRI en Veracruz. Básicamente, es un edificio sin pena ni gloria.
No obstante, sorprendentemente (y creo fue por una mala operación política de los líderes de Morena que se confiaron y se tiraron al chupe o a la hueva), el PRI logró ganar 23 municipios en las pasadas elecciones locales, cuando se supone que no tenían ni para ganar diez, salvo triunfos contundentes en Orizaba y Cosoleacaque.

Pero su problema sigue siendo la falta de líderes. Sigue dirigiendo, por ejemplo, la misma pandilla de gente ligada al Fidelismo (y su extensión, el Duartismo); la misma que ocasionó la debacle del PRI en menos de 10 años, situación que aprovechó en su momento otro ex priista, Miguel Ángel Yunes Linares, para terminar de despedazar lo que quedaba del partido con sus ataques constantes al tricolor, a quienes no bajaba de corruptos.

Así, el PRI que gobernó Veracruz ininterrumpidamente durante aproximadamente 86 años (desde la fundación del partido como PNR en 1929, hasta el año 2016), se derrumbó cuando el PAN ganó la gubernatura, rompiendo la racha de gobiernos priistas que dominaron el estado durante la mayor parte del siglo XX y principios del XXI.

Debe recordarse también que las recientes elecciones a la gubernatura han sido un fiasco para el PRI y la debacle se veía venir cuando perdieron el Senado en 2006. En ese entonces se vislumbraba que se acababan los cuadros destacados y que la generación de jóvenes que Fidel Herrera impulsó para refundar un nuevo partido-gobierno, fracasó rotundamente, porque se dedicaron más a la ratería y se olvidaron del servicio público.

Este miércoles, en una conferencia de prensa, el dirigente estatal de dicho partido (al que apodan “Fofo”) acusó que están