Cuando vi el video donde Alejandro “Alito” Moreno le levanta la mano al candidato a diputado federal Américo Zúñiga Martínez, durante el recuento de votos en el distrito X de Xalapa, dije: “Ya estuvo que perdió Américo”. Y como fue.

La elección entre el aspirante de la coalición Fuerza y Corazón por Veracruz y su oponente de Morena, Ana Miriam Ferráez, fue la más reñida en la entidad. A veces la señora se iba arriba, a veces Américo la rebasada y luego la señora lo rebasada a su vez, hasta que el INE decidió que por lo cerrado del resultado (menos del 1% para Ana Miriam) se recontaran todos los votos.

Fue entonces que llegó Alito a Xalapa, le levantó la mano a Américo y se jorobó la borrega porque Américo perdió por una diferencia de 446 sufragios.

Y es que el campechano está lo que le sigue a salado. Y si a eso se le agrega que es arbitrario, corrupto e ineficaz. Futa…

En sus más de 90 años el PRI ha tenido a líderes malos, muy malos, malísimos, pésimos, peores, perversos, inicuos protervos y a Alito, que llegó a la dirigencia nacional en agosto del 2019 y desde entonces el tricolor nomás no la ve llegar.

En las elecciones del 2021 Alito logró para el PRI algo que jamás había experimentado el partido; perder siete gubernaturas de un jalón. Se le fueron Sonora, Sinaloa, San Luis Potosí, Tlaxcala, Colima, Zacatecas y Campeche. En 2022 perdió Hidalgo y Oaxaca y el año anterior se le fue el histórico bastión del Estado de México.

Pero hay más; si en 2018 el PRI obtuvo arriba de 14 millones de votos en la elección para presidente y aquello fue considerado un atroz fracaso. En la elección del pasado 2 de junio apenas logró 5 millones 411 mil 46 sufragios que lo han puesto al borde del abismo.

En menos de cinco años Alito ha hecho pomada al PRI que si aún boquea es por un verdadero milagro.

Arbitrario, autoritario y negado al diálogo cuando sabe que no le favorecerá, ha provocado una desbandada de militantes entre los que destacan José Narro Robles, Miguel Ángel Osorio Chong y Claudia Ruiz Massieu, sólo por citar a tres.

Corrupto como el que más, fue exhibido públicamente por la morenista Layda Sansores (que tampoco es ninguna perita en dulce), como dueño de propiedades que no puede comprobar con sus ingresos, por lo que tiene denuncias penales en la Fiscalía de Campeche.

Alito ha resultado la más letal de las pandemias para el tricolor y se tiene que ir, pero no se irá. Tiene puestos los ojos en la reelección como dirigente nacional y tiene de su lado a todos los miembros del Consejo Político Nacional que le deben el puesto.

Además, tiene asegurada una curul en el Senado que lo librará de todo mal, principalmente de un mal judicial.

Si los priistas permiten que este sujeto siga masacrando al partido, que nadie se llame sorprendido si el PRI se va al hoyo antes de apagar las velitas de su cumpleaños número 100 el 4 de marzo del 2029.

Pero antes de que eso suceda, quiero insistir en su mala vibra. El tipo está más salado que la bragueta de un pescador.

Bastó con que le alzara el brazo a los candidatos a los gobiernos de diez estados, para que perdieran hasta de manera ignominiosa porque en algunas entidades la derrota fue por paliza. Y lo mismo sucedió con quienes aspiraron al senado o a una diputación.

Américo Zúñiga Martínez, uno de los políticos más honestos y brillantes que tiene el PRI en Veracruz, llevará su inconformidad por el resultado de la votación al Tribunal Electoral Federal. Y qué bueno.

Pero debe asegurarse de que no se le acerque Alito y menos que le levante el brazo en público porque perderá sin remedio.

Si Américo se da sus mañas y evita al salitroso sujeto, puedes apostar lector, a que ganará la batalla electoral y será de los pocos diputados federales de oposición que brillen con luz propia en la próxima Legislatura.

bernardogup@nullhotmail.com