De unos meses para acá la actitud de Cuitláhuac García se ha tornado, ciertamente “envalentonada”, (con los mismos errores de siempre), pero “echado para adelante”, como si no tuviera miedo de nada ni de nadie, como si estuviera muy respaldado y le hubieran prometido algo por sus acciones.

El ofrecimiento para García es, en caso de que Sheinbaum se agencie la candidatura, alguna subsecretaría federal dentro del área de Bienestar, o bien, la delegación que actualmente ostenta Manuel Huerta. Si los elegidos son Adán Augusto López, Marcelo Ebrard o Ricardo Monreal, el gobernador tendrá que dedicarse a cualquier otra cosa.

Pero García Jiménez se siente más respaldado que nunca, pues no sólo forma parte del “grupo de choque” del presidente, sino que cada vez que es cuestionado por sus constantes traspiés, en “la mañanera” recibe algún nuevo “espaldarazo”.

En ese grupo de rijosos también figuran (además de García), personajes como Félix Salgado Macedonio, Layda Sansores y Citlali Hernández; integrantes del movimiento que en ningún momento han figurado por sus ideas, pero sí por sus maneras de generar revueltas y escándalos.

Pero lo que no sabe el gobernador de Veracruz es que AMLO también lo degradó (durante esta misma semana), al interior del segmento de los generadores de conflictos, a petición expresa de Adán Augusto López y Sheinbaum, pues ambos consideran que Cuitláhuac García trae “más negativos que positivos” hasta en los escenarios de “pleito”.

El futuro de García no existe si Nahle o Sheinbaum pierden las candidaturas. Ha sido tan “mal político” que si algún otro queda a nivel federal o estatal, el gobernador no podrá ni tocarles la puerta para obtener algo decoroso, es más, ni el propio AMLO podría abogar por él.

Veremos qué ocurre.

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