La ecuación es bien sencilla, lector. Si vives en un país del Primer Mundo y tienes a tu madre en México, pero sabes que la señora está bien atendida por tus hermanos que tienen trabajos aceptables, sabes que la atención médica que recibe es óptima y vive razonablemente bien, sabrás también que con una modesta cantidad de dinero que le envíes será más que suficiente para ella.

Pero si te enteras que está enferma, que los servicios médico-asistenciales no son eficientes y tiene que acudir a médicos particulares que cobran un ojo de la cara. Si para colmo tus hermanos se quedaron sin chamba y están en riesgo de ser corridos de sus casas por no pagar la renta, en automático duplicarás el dinero para tu mamá y agregarás una mesada para tus hermanos.

Lo mismo sucede con las remesas provenientes de Estados Unidos. Mientras más jodido esté el país, más dinero recibirá de sus hijos que trabajan al otro lado del Bravo y que literal, se quedan sin comprarse calzones con tal de que sus familiares no pasen apuros ni privaciones.

México sumó entre enero y mayo un total de 19 mil 178.35 millones de dólares en remesas; todo un récord. El aumento fue del 21.75 % respecto al mismo periodo del año anterior. Sólo en mayo se recibieron 4 mil 514.6 millones de dólares.

Paisanos entrevistados de aquel lado de la frontera dijeron que si están enviando más dinero es por las pésimas condiciones económicas en las que se encuentra nuestro país, condiciones que afectan a sus familias.

Pero con el cinismo que lo caracteriza, López Obrador metió en su Tercer Informe el récord de las remesas como un logro de su gobierno, cuando vergüenza debiera darle. “Récord histórico en remesas” dijo, para de inmediato enumerar otros récords que remató con su frase cajonera: “Tengan para que aprendan”.

Nada comentó sobre obras como escuelas, hospitales, carreteras, mercados o al menos sobre colectores pluviales ahorita que las lluvias están bárbaras.

Sobre la violencia que nos está carcomiendo habló rapidito y por encimita: “De 11 delitos considerados como de mayor impacto, sólo tres han presentados aumentos; el feminicidio que creció en 13 por ciento; la extorsión que aumentó en 28 por ciento, el robo en transporte público que creció 12 por ciento”. Y ya.

¿Le pasaron de noche los homicidios dolosos que en junio eran 72 mil y en agosto se dispararon casi a 90 mil? No, es que entraron en el paquete de delitos que van a la baja. Ah vaya, qué bien.

Tampoco le reviró a sus “detractores” que cada día comentan con más frecuencia los presuntos nexos de su gobierno con el narco.

Ya no habló de los niños con cáncer y su falta de medicamentos, ni de las pésimas condiciones en las que trabajan médicos, enfermeras y camilleros en los Centros de Salud 18 meses después de que llegó la pandemia. Ni una palabra sobre los 4.7 millones de pobres que fabricó su gobierno este año. Nada sobre los 8 millones de desempleados. Pero eso sí, habló de un crecimiento económico que no se ve.

Fue un informe para él y su egolatría, plagado de omisiones y mentiras.

Un Informe a su gusto y medida; al estilo personal del tabasqueño.

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