Son de historias

Toto, es un noble bulldog francés, su nombre deriva de la palabra náhuatl totopo (totopochtli), es una mascota afectuosa, sociable, tratable con las personas y con otras mascotas; gusta de la música clásica, tiene elegante porte inglés, es fuerte, tranquilo e inteligente.

Cuando escucha las notas musicales del chelo, toto se acerca, echándose en un cómodo tapete se extiende cuan largo y pequeño es, estira las extremidades delanteras colocando en medio de estas su gran cabeza de molosa musculatura, observa con tranquilidad, baja pausadamente los párpados de sus enormes ojos, y permanece apacible escuchando con sus erectas orejas las escalas, que a la fricción del arco surgen  al digitar las cuerdas en notas compasadas, con matices y colores que parecen ser del agrado de ésta mascota de origen anglo francesa, que de cuando en cuando levanta los párpados relajado, mira y los vuelve a cerrar.

Toto radica en la Ciudad de México, cuando en ocasiones visita Xalapa, manifiesta intensa alegría saltando con entusiasmo cuando se le coloca la correa para los paseos por algunas calles que a él le gusta recorrer; en el recorrido, por unos segundos, va orinando pequeños árboles, postes, arbustos, paredes, redondeles de jardineras, banquetas, llantas de autos, y en ocasiones una que otra gotita en algún portón.

Salimos una de esas tardes, le coloqué su correa, tomé dos bolsas para la excreta, y nos encaminamos sin ruta establecida. Toto, olfatea por aquí por allá, se detiene, explora, avanza, vuelve a orinar, pega un tirón y jala con fuerza hacia adelante. Ese día, ya un buen trecho andado, delante de nosotros, a unos metros, cruzaba hacia un espacio arbolado a donde nos dirigíamos, un flaco y apacible gato gris jaspeado con manchas ocre, de aspecto descuidado, sucio; con paso cansino avanzaba lentamente, toto, intentó acercársele, le contuve tirando con fuerza la correa, él insistía, el gato parecía no atendernos; con su andar pasivo el gato volteó, nos miró un instante y, continuó su camino; toto, amigable como es, olfateando, nuevamente intentó acercársele, aflojé un tanto la correa para dejarle cierta libertad a una distancia prudente, cuando de pronto, el gato se crispó y con un ágil movimiento felino se abalanzó en dirección a toto, tiré de la correa con fuerza, logrando atraerlo hacia mí, al tiempo que el gato lanzaba con su extremidad delantera derecha, un zarpazo mostrando sus afiladas uñas, erizado el pelambre, y la cola enhiesta como un sable, zarpada que logramos evadir, aunque no del todo; di unos paso hacia atrás, jalando fuertemente a toto, que insistía en acercarse al endemoniado gato, entonces un hilillo de sangre de intenso color rojo apareció en la oscura nariz del bulldog…, el gato, en rápido movimiento, se abalanzaba de nuevo con fiereza sobre la mascota, ante los tirones con fuerza del perro por acercarse inocentemente juguetón al gato, jale con mayor vigor la correa, pero el impulso me hizo trastabillar, cayendo de espalda girando boca abajo sosteniendo firmemente la correa; desde el nivel del suelo, el gato, se veía aún más endemoniado, espeluznante, temerario; estábamos a ras de suelo, sus ojos amarillentos brillaban intensamente, su pelo crispado parecían peligrosas puntas de alambre, y de las cuatro patas se avistaban afiladas garradas; intenté levantarme, el gato se abalanzó al ataque nuevamente sobre nosotros, pero ahora su objetivo era yo, venía velozmente hacia mí, su fiero aspecto asustaba, el instinto me hizo incorporarme con rapidez, el gato ya había saltado, con rápido movimiento me puse de pie en posición defensiva, acerté a darle una patada con el zapato tenis, que lo mandó por los aires, la sensación al impacto con el gato fue de algo suave y caliente;  desconcertado, tiré  a toto de la correa para salir de ahí inmediatamente, pero entonces, el gato, venía nuevamente enfurecido y crispado sobre nosotros, toto no es tan veloz ante los ágiles movimientos felinos de un demonio, fue entonces que en la apacible y solitaria arboleda ajardinada, empecé a gritar con toda la fuerza que podía expresar en esos momentos de tensión…¡Ayuda! ¡Ayuda!…Nadie acudía en nuestra ayuda, logramos escabullirnos entre unos autos estacionados, pero la fiera, conocía bien su territorio, entonces se deslizó por debajo de los autos, y cuando creí estábamos a salvo, el gato volvió aparecer con agresiva furia aún más crispado, en ese momento toto quiso correr y emprendimos la huida.

Me preocupaba el hilillo de sangre, sobre todo por la fiereza del gato no fuera a tener el virus de la rabia, ya que con rabia nos había atacado. Al llegar a casa, tomé unos guantes, gasas, preparé agua jabonosa  y realice un lavado mecánico en la chata nariz de toto; no había más sangrado, examiné minuciosamente con una lupa su nariz, ojos y rostro, no se observaba rasguño alguno, cuando de pronto, recordé el teléfono celular, palpé la bolsa del pantalón deportivo en que lo llevaba, no estaba, salí de prisa a buscarlo por todo el trayecto, mirando, buscando de un lado a otro, algo parecido a las olfateadas de toto, encontré entonces a una pareja de jóvenes, les pedí me apoyarán marcando el número de mi celular, integrándose ellos en la búsqueda pasamos a la zona arbolada, cuando de lo alto de una azotea de un edificio una señora ya de edad, hizo señas mostrando el teléfono, acudí por él, al acercarme, la señora me dijo: vi desde acá, que se tiraba usted y se levantaba, y luego tiraba algunas patadas, me llamó eso la atención y lo estuve observando, se me hizo raro, luego vi que corrió, y que había dejado usted algo entre el suelo y las jardineras, bajé y era el teléfono, lo levanté porque me dije, va a marcar…Me estaba atacando un gato respondí…¿Un gato?, no vi ningún gato, vi que jalaba usted a un perro.

Al otro día llamé a un veterinario que conozco, le expliqué lo sucedido, me pidió características de la fiera, de la cual destacaba su flacura y las manchas color ocre, me dijo que seguramente, no se trataba de un gato, sino de una gata que recientemente habría parido y, en ese estado son altamente agresivas ante lo que consideran un peligro.

Ante la duda, exploré algunos días después la zona ya sin toto, en el horario en que se había llevado a cabo el ataque, finalmente encontré al gato que en efecto era una gata tomando sombra en la arboleda; con datos corporales de haber parido recientemente, lo que me había explicado el veterinario.

Sintácticas  

De Hannah Arendt, en una de sus obras:

Hay gentes dóciles que prefieren seguir la línea de mando eludiendo todo juicio crítico.

De Rosa Montero, en uno de sus artículos en El País Semanal:

Los que prefieren obedecer la línea de mando, haciendo de lado todo juicio crítico, lo hacen por pereza intelectual, o por medrar, o por comodidad, por debilidad…por cobardía, incluso por modestia, es decir por inseguridad en sí mismos…Sea cual sea la causa, los resultados son terribles.

Borges a Roberto Alifano, en el libro, El humor de Borges:

Bueno me acaba de llamar un señor que quiere hacerme una entrevista. Un tal “Cacho” Fontana. Yo le dije que no. ¡Cómo voy a aceptar que me entreviste alguien que usa ese apodo!

En la película italiana  Profumo Di Donna  (Perfume de Mujer. 1974):

En el tren, el ciego militar a su joven asistente: ¡Que calor tan asqueroso! ¿A ti no te molesta el calor? No mucho; apuesto a que tu padre es campesino. No mí padre es empleado. Entonces lo era tu abuelo. Mi abuelo tenía una tienda… ¡Pues tu bisabuelo…, y no me discutas más!

Johann Sebastian Bach. Matthäus Passion. BWV 224: