Norma del Río, académica de la UAM, impartió la conferencia “Retos y experiencias en la formación sobre temas de niñeces”.

Las actividades del Seminario Internacional de Estudios de las Infancias y Juventudes se puede seguir en www.facebook.com/REDinfanciasLA/

26/01/2021, Xalapa, Ver.- Frente a las consecuencias que está teniendo la pandemia ocasionada por el coronavirus SARS-CoV-2, en estos momentos se debe reflexionar sobre la educación como algo que debe aceptar una posibilidad de cambio, planteó Norma del Río Lugo, académica de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). 

Con la ponencia “Retos y experiencias en la formación sobre temas de niñeces”, la investigadora participó en el III Seminario Internacional, Interdisciplinario e Interinstitucional de Estudios de las Infancias y las Juventudes, organizado por la Red Latinoamericana de Investigación y Reflexión de las Niñas, Niños y Jóvenes (Red REIR). 

En el evento virtual, que finaliza el miércoles 27 de enero, participan también académicos del Instituto de Investigaciones en Educación (IIE) de la Universidad Veracruzana (UV). 

“Debemos pensar la educación como algo abierto, que está cambiando. Particularmente, en este momento que no podemos hablar y seguir pensando en una nueva normalidad, debemos detenernos y repensar, tenemos que vaciarnos en cierta manera para que pueda caber esta posibilidad del cambio y esto a veces se convierte en algo angustiante”, sostuvo Del Río Lugo en su charla que se transmitió en vivo por Zoom y el canal de la red en Facebookhttps://www.facebook.com/REDinfanciasLA/ 

En esta edición, la temática principal se denomina “Encuentro de experiencias en torno a la familia, trabajo-escuela y movilizaciones sociales. Compartición desde el corazón en contextos de Covid-19”. 

Norma del Río, coordinadora además del Programa de Investigación sobre Infancia de la UAM, recalcó que es un tema difícil porque implica tomar una posición y pensar “desde qué lugar de enunciación tenemos para tomar la palabra; tenemos que tratar de pensar en este camino que implica la educación como una forma necesaria de relación interpersonal, no como una situación donde uno transmita o muestre una serie de representaciones sobre una serie de asuntos que se consideran como verdades”. 

Para ello, consideró que el nivel de cambio al que se aspira implica “romper las mismas fronteras del conocimiento que estamos construyendo, y estamos hablando de un doble sujeto porque hay formación de adultos y niños implicados”. 

Sin embargo, reconoció que el primer paso no gira en torno a la teoría, sino a “la necesidad de transmitir que la educación es primero una relación afectiva pero de posicionamiento ético también, y se debe tomar una posición en cuanto al conocimiento y cómo nos relacionamos con el otro”. 

A lo largo de su experiencia como psicóloga clínica, encontró que en numerosos trabajos “se habla de los niños sin ellos, y tenemos que aprender a pensar por nosotros mismos qué significa desarrollar una comprensión de la propia existencia en relación con las cosas del mundo y con aquellos que están, que han pasado o que llegarán a él”. 

No obstante, este proceso de comprensión se contrapone –en diversos contextos y regiones del mundo– a “una idea de la libertad bajo una visión individualista que, a su vez, proviene de una visión occidental donde ubicas al otro como limitante de la propia libertad, en donde el cuidado se ve como carga social y como obstáculo para la productividad”. 

Del Río Lugo enfatizó que los niños y niñas han sido blancos políticos del modelo de consumo y el mayor problema al cual se enfrentan hoy en día “es que no tienen la capacidad de representarse: se banaliza el discurso infantil y no nos damos cuenta de todo lo que nos están diciendo; es un discurso que se toma a la ligera siempre y entre más serio más se minimiza”. 

Por estas razones, la investigadora consideró que en estos momentos “hay que silenciarse y dejar hablar a los niños, asumo que es una situación de arriesgarnos porque parece que con mayor edad uno se vuelve más miedoso y precavido, porque aceptamos ciertas posiciones que nos dan espacio y poder, y al ejercerlo generamos asimetrías que aparecen cuando decidimos trabajar con las niñas y niños”. 

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