El Centro de Iniciación Musical Infantil, la Facultad de Música, el Seminario JazzFest, el Conservatorio de Puerto Rico, pero también los bailes populares de música tropical son los pasos que tuvo que dar Yaury Hernández para ser un músico ecléctico, abierto a todas las influencias, capaz de amalgamar ingredientes variopintos para lograr una música que, de ser atrapada por el anzuelo de la ortodoxia, nada, salta, danza en las aguas de la libertad. Él mismo nos platica.

CIMIentos

Soy Yaury Hernández, soy oriundo de esta ciudad [Xalapa]. A mi familia le gusta la música, mi papá incursionó en la música popular pero no se dedicó a eso profesionalmente, tiene otra profesión, sin embargo tiene la vena de músico, entonces, junto con mi mamá nos encaminó a estudiar música a mis hermanas y a mí. Yo soy del año 86, en el 89 o 90 entré a la Academia Yamaha que estaba en Ávila Camacho —mis hermanas fueron antes que yo— a tomar clases de teclado.
Después entré al Centro de Iniciación Musical Infantil de la Universidad Veracruzana —mis hermanas ya habían entrado— y, como a los seis años, empecé a estudiar piano con el maestro Luis Enrique León España. Llevé los ocho semestres del CIMI, tomé clases de conjuntos corales, de iniciación musical enfocada a la música clásica.
Terminé el CIMI como a los once o doce años y entré a la secundaria. El piano ya no me gustó tanto y empecé con la inquietud de la percusión, en esos años había un maestro cubano, Rafael Peñalver —que en paz descanse, falleció hace dos o tres años—, que era bajista pero era un músico muy completo, sabía de piano, de percusión. Daba clases en una academia que se llamaba Centro de Estudios Democráticos, empecé a estudiar con él los inicios de la percusión: bongos, cómo agarrar las baquetas, todo eso; empecé a escuchar géneros como son cubano, salsa, timba. Me gustó mucho y le dije a mi familia que quería estudiar batería.

Facultad de Música

A los catorce años me compraron una batería y empecé a jugar en la casa, literalmente porque no sabía tocar más que las cosas que me decía Rafa Peñalver, pero como estudié piano en el CIMI, ya sabía solfear, sabía entonación, tenía buen oído, entonces ya era muy rápido el aprendizaje. Estuve como dos años con Rafa y él me preparó para entrar a la Facultad de Música, pero ya no en piano sino en percusiones. No era fácil quedar porque había pocos lugares disponibles, creo que había quince lugares al año en percusiones y diez en violín, pero hice mi examen y quedé en la Licenciatura en Música opción Percusiones y empecé a los quince años.
En la Facultad de Música me encontré a los maestro del CIMI, de hecho, en el CIMI conocí a muchos de mis compañeros de la Facultad, ellos siempre siempre habían sido percusionistas y ahora yo ya no era pianista, era percusionista.
Yo quería ser baterista pero ahí no había música popular, entonces tuve que entrarle a la marimba, vibráfono, xilófono, timbal de orquesta, toda la percusión orquestal, pero tuve la fortuna de que me tocó con el maestro René Pérez Casas, el fundador y director del Ensamble de Percusiones de Xalapa, y a René también le gusta mucho la música afro —de hecho, se dedica más a esa música—, y la batería, mucho más que lo orquestal, entonces fue un buen maestro porque me enfiló hacia la dirección de la batería, pero sin dejar el programa de la Facultad.
Hice ocho semestres con René y el noveno y el décimo, que eran mis dos primeros semestres del ciclo profesional, los tomé con el maestro Jesús Reyes López, principal de percusiones de la Sinfónica de Xalapa. El maestro Chucho tiene maestría en North Texas, improvisa en el vibráfono, es muy buen músico.

Primer jazzimiento

Cuando entré a la Facultad, el maestro Alejandro Corona tenía un taller de jazz, pero yo era un chavito de quince años y veía al maestro Alejandro Corona y decía «Dios mío», además, ya conocía las notas pero no sabía nada de armonía popular, y no entré a su taller, pero cuando estaba en séptimo semestre, ya había llegado Édgar Dorantes de estudiar su maestría en jazz en Texas, ya daba clases en la Facultad y le autorizaron que en la materia de Conjuntos de Cámara, en lugar de tocar una pieza de percusión contemporánea, sus alumnos tocaran jazz. Entré con él y conocí la armonía del jazz.
En esa misma época, Édgar dio un diplomado en jazz en la EMBA —Escuela Municipal de Bellas Artes— de Veracruz y lo tomé, entonces iba a estudiar clásico a la Facultad de Música de lunes a viernes y los sábados me iba a Veracruz a tomar el diplomado, era un adolescente, no tenía otra cosa que hacer más que estudiar.

Cuando vayas a bailar…

También en estos años empecé a meterme a los grupos de música versátil para salir un poco de la escuela clásica donde todo debe ser supercuadrado, y aprender lo que es ir a un baile a tocar una cumbia, una chunchaca, el Pasito Tun Tun (risas), todo eso que necesita el baterista para poder ejecutar su instrumento. Entonces fue un buen mapeo porque tenía lo clásico, tenía el jazz y tenía lo comercial popular de ir a tocar a los pueblos, a las bodas, a los XV años, a los salones de fiestas de aquí en Xalapa. En esos años también empecé a tocar con gente de aquí en La Tasca, en La Casona del Beaterio, en varios lugares en los que se tocaba no jazz sino música instrumental. También tuve un par de invitaciones del difunto Sergio Martínez, el Picos. En ese entonces, el mundo de los músicos de Xalapa era muy chiquito y todos nos conocíamos, ahora el ambiente ha crecido con gente que no es de aquí, ya hay muchos músicos de Oaxaca, de Puebla, de la Ciudad de México, de todos lados, pero en esos años era padrísimo tocar con todos, a mí me gustó mucho, de eso tiene diecisiete o dieciocho años.
Hubo dos bateristas que me ayudaron mucho a tocar, el primero —también que en paz descanse— fue el maestro Iván Martínez, súper baterista, es una desgracia que haya fallecido porque fue una pérdida muy grande. Para mí era el mejor baterista de Xalapa, así como tocaba jazz, tocaba latino, tocaba chunchaca, tocaba fusión; aprendió a leer por su cuenta, súper baterista. También tomé clases con el maestro Javier Cabrera Jasso, salía de la prepa y me iba a su casa que está por la carretera antigua a Coatepec. Él me enseñó mucho de los ritmos latinos, mayormente en la batería porque yo nunca he estado tan interesado en el tambor, reconozco los ritmos pero no soy conguero, no soy batacero, no soy timbalero, conozco pero mi vena es la batería. Ellos fueron los que más me enseñaron, sobre todo Iván Martínez, y yo tenía toda la teoría de la Facultad de Música, podríamos decir que era como una esponja en esos años.

Segundo jazzimiento

En esa época se hacía el Seminario JazzFest que organizaba el maestro Javier Flores Mávil, en los veranos venían maestros de Berklee. Se hacían en la Facultad de Música, que era mi casa, y yo veía en el auditorio donde daba mis recitales a Antonio Sánchez, a Víctor Mendoza, a Rafael Alcalá, a los grandes maestros de Berklee. El Seminario empezó en el 98, pero yo tenía doce años; a los quince tomé mi primer Seminario y ese fue otro acercamiento al jazz.
Cuando tenía diecinueve años, vino al JazzFest el maestro Marco Pignataro a promocionar el Conservatorio de Música de Puerto Rico y una camada de alumnos de la Facultad de Música hicimos nuestra audición, cada quién hizo sus papeles y nos fuimos a Puerto Rico
Yo tenía veinte años, terminé el décimo semestre y dije ya me voy, ahora sí voy a estudiar batería.
Estuve cinco años en la Facultad de Música —de los quince a los veinte años—, cuatro años con el maestro René Pérez y el último año con el maestro Chucho Reyes, ahora ellos son mis amigos y seguimos en contacto. Lo que me gustó mucho de la Facultad de Música es que los maestros que me tocaron fueron muy serios, excelentes maestros: Eugenio Sleziak, Ryszard Siwy, la maestra Lidia Kusielczuk; fueron mis maestros en materias como Contrapunto, Solfeo y Armonía. Le agradezco mucho a estos maestros polacos —que ya eran xalapeños, realmente, porque hicieron su vida aquí— ese aprendizaje porque sabían lo que hacían, sabían que estaban enseñando de principio a fin, y yo aprendí demasiado con ellos.
Ahí acabó la etapa de Xalapa, de no tocar por dinero sino tocar por formación, los grupos versátiles me pagaban pero el objetivo era otro, todavía no era vivir de eso, yo soy de aquí de Xalapa y vivía con mis padres. Y así fue como me fui de Xalapa hace catorce años —me fui a los veinte años y ahora tenga treinta y cuatro.

 

 

(CONTINÚA)

 

SEGUNDA PARTE: Loco de contento…
TERCERA PARTE: All The Things I Am

 

 


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