¿Eres una escort? Fue la pregunta que Pablo lanzó a Norma una mañana cualquiera a través de un mensaje telefónico.

La pregunta de alguien que apenas conocía, lo había visto un par de ocasiones, le pareció extraña.

Norma averiguó más, entonces Pablo le envió una captura de pantalla, eran fotografías de ella extraídas de su red social, pero sacadas de contexto, él había preguntado por los servicios.

Ofrecían sus servicio sexuales, 200 pesos por dos horas, el hotel y los condones iban por cuenta del cliente.

Las dudas y el coraje asaltaron a Normal, “¿alguien habría publicado algo en Facebook?” “¿sus fotografías estaban en alguna página web?” “¿sería que Pablo solicitaba un servicio sexual y tomaron las fotografías al azar?” o “¿alguien la acosaba sin que ella se diera cuenta?” “¿algo estaba por venir, y eso solo era un aviso?”.

Buscó la forma de rastrear el número para tener pistas y saber de dónde provenían los mensajes, para nada le fue útil. Entonces pidió ayuda a Pablo para rastrear más información.

Al pedirle a Pablo que le proporcionará más información del número de donde recibió la información y fotografías de Norma, él solo dijo que lo había bloqueado, así que con lo único que podía ayudarle, era con una captura de pantalla y el número de teléfono.

Las horas siguientes fueron un infierno para Norma, un amigo policía le dijo que eso era común, incluso le contó de un arresto en Xalapa de una persona involucrada en un grupo en WhatsApp llamado “Escorts VIP México”.

Norma empezó a sospechar de Pablo, le dijo que su familia sabía y harían contacto con la a policía cibernética. “No pensé que esto llegaría tan lejos”, fue su respuesta.

La relación entre ambos continuó vía telefónica aprovechando el incidente, entonces Pablo le propuso salir y ella aceptó. “¿Enserio? Júrame que nos veremos, ¡júralo!”. Escribió Pablo con mucho interés.

Pero la relación se tornó en acoso, cuando Norma no contestaba los mensajes, él era insistente, ella no asimiló el acoso de forma inmediata.

Según el sistema de salud Main Line Heatlh y especialistas del tema, sufrir acoso de cualquier tipo puede conducir a problemas graves y duraderos. El estrés por vivir en un constante estado de alerta y de miedo, puede crear problemas, principalmente en el estado de ánimo, el nivel de energía, el sueño y el apetito.

Finalmente norma buscó ayuda con su familia, cerró su red social, y cambió su número de teléfono.

“No podía asimilarlo, tenía muchos proyectos en puerta y dependían de una red social, pero mi bienestar estaba en juego, así que tuve que encontrar soluciones a como diera lugar”, recuerda Norma.

Si duele, no es amor

Zabdi, tenía 13 años de edad cuando conoció a Julio César de 21. Iban a la misma Iglesia Cristiana.

Ella que era nueva por el rumbo, buscaba integrarse a los jóvenes de la banda que tocaban en la iglesia, así que Julio se acercó para ayudarle con algunas notas musicales.

Iniciaron las atenciones, entre ellas llevarla a la puerta de su casa, para sortear el camino peligroso.

“Un día me llegó una solicitud de amistad, cuando vi que era él, lo acepté. La mayor comunicación que teníamos era por Facebook y después cuando íbamos a la iglesia y me traía a mi casa”, cuenta la joven quien recuerda la historia que vivió en 2013.

Para hacer más amena la plática, él le pedía fotos a ella, le decía que era muy bonita, no pensó que sería un problema.

Seis meses después, todo comenzó. En una de las caminatas su casa, Julio César se le acercó de más, acariciaba su rostro hasta llegar a su cuerpo.

Pero como a la mayoría de las víctimas, no pensó que estaba siendo acosada sexualmente.

“No sabía de qué manera decirle que no, yo no pensé que fuera algo malo, en algún momento llegué a pensar que era amor” , recuerda.

Aunque Zabdi no dijera un no y él entendiera que estaba accediendo, el hecho de que era menor de edad, lo convertía en un delito.

Ella no era la única persona que fue acosada, varias chicas que asistían a la iglesia vivina lo mismo, pero verbalmente.

El miedo invadía a Zabdi. En algún momento llegó a sentirse culpable por las situaciones que vivía, no fue capaz de contarlo a alguien.

El acoso llegó hasta el punto de proponerle tener relaciones sexuales, de no acceder, la amenazó con acosar su prima, una menor que también asistía a la iglesia.

“Nadie se va a enterar, no te va a doler, esto nos ayuda en muchas formas”, le prometió.

Aunque Zabdi calló los hechos por miedo, Julio Cesar conto los detalles del encuentro a un miembro de la iglesia, eso la hizo reaccionar, le confesó a familia y fue a levantar la denuncia.

Kari, una solicitud de amistad que no fue segura

«Yo acepté la solicitud porque teníamos muchos amigos en común, pero ahora entiendo que eso no es sinónimo de seguridad, está mal», cuenta Kari, otra joven universitaria.

Hace algunos meses ella aceptó a Nadir en Facebook, no tenía idea de quién era, pero un día le habló con mucha confianza, como si fueran viejos amigos, así que Kari confió.

Pero unos días después, el le hizo propuestas de dinero, lujos, ropa a cambio de ser su compañía.

Las propuestas la hicieron sentir incómoda. Cortó la comunicación, bloqueó el contacto y dio de baja su red social.

Kari decidió alertar a las chicas más cercanas a ella, porque no había sido la única con quien Nadir había hablado, En una publicación de Facebook varias chicas dieron su testimonio de acoso.

El difícil camino a la justicia

Norma, y Zabdi fueron víctimas de delitos que están tipificados en el Código Penal de Veracruz, como acoso sexual, hostigamiento, delitos informáticos, suplantación de identidad. Y pueden ser castigados hasta con 20 años de prisión.

Pero el proceso en la Fiscalía General para denunciar fue tortuoso.

En el caso de Norma, recibió ayuda en varias ocasiones de la línea violeta de Xalapa, para atenderse psicológicamente, ahí le dijeron que lo que sufría era acoso, le recomendaron la denuncia.

Al llegar a la Fiscalía, contó la historia otra vez, mostró las capturas de pantallas, los número de teléfono y las fotografías.

El fiscal en turno, hojeo con rapidez, deteniéndose en las fotografías de Norma; trato de culparla diciendo que al subir fotos a internet dejan de ser propias y pasan a ser de quién sea, para el fin que le diera la gana.

Incluso expresó que había casos en espera realmente graves, que no trabajaban para solucionar “bromas de adolescentes” : “además no sales desnuda y por eso no procede”.

El caso de Zabdi fue igual de complicado. Al pasar con la ginecóloga le dijo que tenía un desgarre vaginal, su historia la contó a tres personas distintas, aun así su expediente fue extraviado, tuvo que poner la denuncia por segunda vez, pero ninguna procedió.

Delitos sexuales avanzan con escasa condenas

Según las cifras del Sistema Nacional de Seguridad, en 2019 fueron interpuestas 147 denuncias de abuso sexual y 96 de hostigamiento sexual.

En lo que va del 2020, van 258 denuncias de abuso sexual y 151 de hostigamiento. En ninguna de estas cifras aparece el acoso sexual.

En una solicitud de acceso a transparencia al Poder Judicial se informa que del 2018 al 2020, solo 11 casos que llegaron hasta el juzgado, ninguno tiene sentencia.

Se trata de casos de jóvenes de Xalapa, Coatzacoalcos, Córdoba, algunas menores de edad, otras entre 21 y 29 años, acosadas por hombres mayores.

Las secuelas psicológicas

Una encuesta realizada por internet a diferentes usuarios de Facebook , reveló que el el 94.3 % de 35 personas entrevistada dijo ser acosada sexulamente en la red social.

Como ocurrió en los casos de Norma y Zabdi, existen consecuencias por el acoso a la violencia como: inseguridad, miedo, problemas psicológicos.

La vida de norma sufrió un cambio radical que ahora la hacen alerta, desconfiar gente, tener miedo de salir a las calles, incluso sintió temor de vivir sola cuando cambió de ciudad para estudiar.

En el caso de Zabdi, los problemas y daños psicológicos fueron severos, tuvo que asistir con una psicóloga, y a un grupo de apoyo. Pero su vida no siguió igual

Harmida Rubio, representante de equidad de género en la facultad de arquitectura, advierte que el acoso sexual es una manera de opresión a la que muchas veces la población se acostumbra, está normalizado, por lo que hay que estar en alerta.

Yadira Hidalgo González, directora del instituto Municipal de las mujeres de Xalapa, consideró que el acoso sexual es una expresión del machismo.

El instituto Municipal de la Mujeres de Xalapa realizó un ejercicio que lleva por nombre: “Mi primer acoso”, que reveló que está práctica machista conlleva a varios problemas.

Se descubrió que un gran problema es que la pedofilia es algo bastante aceptable en México, ya que muchas mujeres describieron su primer acoso cuando tenían edades muy tempranas.

¿Cómo se tipifica en Veracruz?

Violación

El código penal, tipifica el delito de violación con 6 a 20 años de prisión y multa de hasta cuatrocientos días de salario, a quien por medio de la violencia física o moral tenga cópula con una persona.

En violación equipara se impondrá de diez a veinticinco años de prisión y multa de hasta quinientos días de salario cuando el delito previsto en el artículo anterior se cometa en contra de persona que no tenga la capacidad de comprender el significado del hecho o que por cualquier causa no pueda resistir.

Abuso erótico sexual

A quien, sin el consentimiento de una persona mayor de dieciocho años y sin el propósito de llegar a la cópula, ejecute en ella un acto erótico-sexual o la haga ejecutarlo, se le impondrán de uno a seis años de prisión y multa de hasta cien días de salario. Si la victima fuere incapaz de comprender el significado del hecho o por cualquier causa no pudiere resistir, se impondrán prisión de cinco a diez años y multa de hasta doscientos cincuenta días de salario. Un roce o tocamiento accidental no constituye abuso erótico-sexual.

Acoso sexual

A quien, con fines lascivos, acose u hostigue reiteradamente a una persona de cualquier sexo, se le impondrán de seis meses a tres años de prisión y multa de hasta trescientos días de salario. Cuando la víctima sea menor de dieciocho años, se impondrá una pena de uno a siete años de prisión y multa de hasta quinientos días de salario.

Cuando el sujeto activo de este delito se valga de su posición jerárquica, derivada de sus relaciones laborales, docentes, domésticas o cualquiera otra condición que implique subordinación de la víctima, se le impondrán de uno a cinco años de prisión y multa de hasta trescientos días de salario.

AVC/ Vanessa Calixto Palacios

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