La semana pasada, en reunión virtual con el titular de la SEP, Esteban Moctezuma Barragán, y el subsecretario de Educación Superior, Luciano Concheiro Bórquez, los rectores y directores de las 225 universidades públicas y privadas agrupadas en la ANUIES se pronunciaron por que las clases presenciales se reanudaran hasta que el semáforo epidemiológico de su localidad se encuentre en color verde.

Y pusieron sobre la mesa un tema que el gobierno federal está queriendo pasar por alto: antes que cantar victoria por la supuesta baja en la tendencia de contagios del Covid-19 en el país, más importante es garantizar la salud, seguridad e integridad de las diferentes comunidades que interactúan en las instituciones de educación superior.

En la reunión virtual acordaron los protocolos sanitarios que se aplicarán en el regreso presencial a clases, y se informó al titular de la SEP que las instituciones afiliadas a la ANUIES han realizado múltiples acciones en el marco de la pandemia sanitaria.

La ANUIES refrendó su compromiso de salvaguardar la salud de sus comunidades y, en coordinación con las autoridades sanitarias, contribuir al bienestar de la sociedad en general; asegurar la continuidad de sus servicios académicos, y poner a disposición de la sociedad sus capacidades científicas y técnicas, y en caso necesario, su infraestructura y equipamiento para atender los efectos de este fenómeno epidemiológico.

Lo realmente grave es definir cómo van a asumir colectivamente el enorme reto de remediar la postergación de los planes educativos (incluso, adecuándolos a entornos virtuales) y llevar a cabo procesos administrativos tan importantes como el de nuevo ingreso, luego de la cancelación temporal de los exámenes de admisión, sin exponer a nadie a un contagio masivo.

Este lunes, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo (con esa grave vaguedad con que se refiere a los asuntos importantes del país) que en estos días se dará a conocer información sobre el posible regreso a clases en algunas regiones del país, lo que se hará paralelamente con el reinicio de varias actividades productivas.

Lo hizo en momentos críticos en que la pandemia no parece ceder ante las cifras de contagios y fallecimientos que han colocado a México entre los diez primeros lugares del mundo que enfrentan los más altos niveles de afectación.

La UV pintó su raya antes

Antes de esa reunión, en nuestra comarca la Universidad Veracruzana ya había definido su postura. En un comunicado oficial señalaba: en vista de la curva epidemiológica específica para el estado de Veracruz presentada el miércoles 20 de mayo, durante la rueda de prensa del subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud del gobierno federal, Hugo López-Gatell, “la Universidad Veracruzana reconoce la imposibilidad de reanudar actividades presenciales el 01 de junio”.

Como en todas las universidades del país, pese a la prisa que le ha dado al presidente Andrés Manuel López Obrador por regularizar las actividades productivas y educativas, la UV tomará una decisión con base en las condiciones sanitarias prevalecientes, y no en acatamiento de un decreto que señale fechas fatales.

“La administración universitaria analizará los escenarios de reanudación posibles, siempre en coordinación con los consejos de Salud, las secretarías y los gobiernos federal y estatal, e informará los ajustes necesarios a la brevedad posible”, señala en su comunicado.

Y concluye con un exhorto “a mantenernos informados siempre a través de fuentes oficiales y mantener, también, el espíritu de solidaridad y unidad que nos permita encarar la pandemia de Covid-19 con el menor daño posible y retornar a nuestras actividades presenciales cuando esto sea posible y en las condiciones más seguras y ciertas posibles”.

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Veracruz no tendrá pronto luz verde en Covid-19

Veracruz no estará pronto entre las regiones del país en que puedan reanudarse las actividades escolares que, en algunos casos, se señalan para el próximo 1 de junio. Tanto el gobernador Cuitláhuac García como el titular de la SEV, Zenyazen Escobar, han debido salir a parar ímpetus sobre el regreso a actividades escolares, y la UV también ha debido publicitar sus reservas.

El 14 de mayo, el mandatario veracruzano dijo que los estudiantes en Veracruz no van a regresar todavía a clases, dado que Veracruz no ha llegado al pico de la pandemia por Covid-19, incluso que en la entidad ni siquiera se puede hablar de “municipios de la esperanza”, eufemismo con que López Obrador ha bautizado, antes de reconocerlos, a los municipios con prácticamente cero contagios de coronavirus y que se supone pueden regresar a clases.

Por desgracia, Veracruz ha tenido no precisamente un comportamiento adecuado ante la pandemia, y hablamos tanto de autoridades como de la población en general. Por el lado de las autoridades, hemos repetido (casi hasta la saciedad) que los responsables de salud con que trabaja el gobierno de Cuitláhuac García Jiménez no están, ni remotamente, capacitados para enfrentar una emergencia sanitaria de la magnitud del nuevo coronavirus. Y las autoridades federales lo saben.

No solo mandaron a la directora del DIF Nacional, Rocío García Pérez, a tratar infructuosamente de coordinar un sector dejado en las manos de un torpe pediatra que no sabe absolutamente nada en el tema de políticas públicas, y que mostró su absoluta inutilidad en 2019 para contener la epidemia de dengue que causó no solo miles de casos de dengue y dengue hemorrágico, sino la muerte de muchos veracruzanos.

Según el Panorama Epidemiológico de Dengue 2019, emitido por la Secretaría de Salud del gobierno federal, del total de casos confirmados el año pasado, 41 mil 505 (por cierto, un incremento descomunal frente a los 12 mil 706 casos de 2018), el 69 por ciento correspondieron, en ese orden, a Jalisco, Veracruz, Chiapas, Quintana Roo y Oaxaca.

Después de Jalisco, que cifró 11 mil 727 casos confirmados, Veracruz ocupó el segundo lugar nacional, al confirmarse 10 mil 902 casos, lo que constituyó un incremento respecto de 2018 de más del 300 por ciento, gracias a la ineptitud del sector Salud del gobierno estatal morenista. Y el número de fallecimientos por dengue también creció en 300 por ciento al pasar de 12 en 2018 a 37 en la era del “austero” doctor Roberto Ramos Alor.

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La curva del Covid-19 seguirá ascendiendo

La situación en cuanto al Covid-19, si solo nos basamos en las cifras oficiales (muy distantes de las cifras reales de lo que ha significado la pandemia con la muerte de decenas de veracruzanos), ya es de por sí grave y Veracruz se cuenta entre los seis estados con más casos.

Hasta el domingo 24, Veracruz contabilizaba 378 fallecimientos, más de 60 por ciento de ellos (237 casos) concentrados en los municipios de Veracruz, Coatzacoalcos, Poza Rica y Minatitlán.

En tanto, la cifra de positivos acumulados era, por la noche del domingo, de 2 mil 774 en 123 demarcaciones y 547 activos. Los municipios más afectados eran Veracruz (1067 casos), Coatzacoalcos (377), Poza Rica (241), Boca del Río (148) y Minatitlán (130), que en total sumaban 1,963 casos, es decir, arriba del 70 por ciento de los casos.

Cabe resaltar la situación grave que enfrenta la zona petrolera del sur de Veracruz, colindante con Tabasco y con cientos de trabajadores que laboran en plataformas petroleras de la Sonda de Campeche que, literalmente, han caído como moscas por la desatención de Pemex y las empresas plataformeras.

En los municipios de Coatzacoalcos, Minatitlán, Cosoleacaque, Nanchital, Jáltipan, Agua Dulce y Las Choapas se sumaban, el domingo, 605 casos positivos a Covid-19, más de una quinta parte de los identificados en toda la entidad, y de 111 fallecimientos, es decir, casi un tercio de los que se reportan en el estado; un nivel alto de letalidad.

La pregunta que todos nos hacemos es: si con el dengue no pudieron, ¿qué puede hacer las autoridades sanitarias veracruzanas, con Ramos Alor al frente, para contener la pandemia, más compleja y generalizada?

Se trata no solo de lograr un más eficiente sistema de salud pública, en coordinación con el gobierno federal, los ayuntamientos y las instituciones privadas, además de la Secretaría de Marina, Pemex y las instituciones federales como el IMSS y el ISSSTE; también hace falta liderazgo y confiabilidad para que la población acate las medidas y recomendaciones emitidas por la autoridad sanitaria para disminuir los contagios.

En este último punto, se ve más severo el reto: Ramos Alor es pendenciero y dicharachero, además de privilegiar los ahorros y la aplicación de sus delirantes teorías sobre la medicina tradicional.

Con el dengue, en 2019, todo fue invocar la participación de la población para vaciar los cacharros y limpiar el entorno de las comunidades para evitar la proliferación del Aedes aegypti, porque ya había corrido a todo el personal de [Insectos] Vectores en las jurisdicciones sanitarias y no había previsto la adquisición de insecticidas.

Vaya, ni siquiera pudo coordinarse con las autoridades municipales, que siempre despliegan sus propios recursos humanos y materiales para mitigar los efectos del dengue.

Si eso no pudo, mucho menos podrá establecer medidas para atemperar y disminuir los niveles de contagio del coronavirus Covid-19, y por cuestiones políticas seguiremos los veracruzanos a merced de las amenazas sanitarias.

Frases sin disfraces

«Nada le puedes quitar o dar a un hombre que está más cerca de la muerte que de ver cómo se pierde en la mentira y en el autoritarismo el sueño de una transformación en México. Hoy puedo decir que hemos dado un salto hacia atrás de 30 o 40 años, y lo puedo decir porque yo lo viví. Yo no me voy de Morena, Morena se sale de mi corazón». Porfirio Muñoz Ledo

Comentarios: belin.alvaro@nullgmail.com

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