Si usted creía que Yeidckol Polevnsky era una cabra en cristalería cuando estuvo al frente de Morena, es que le falta kilometraje y no ha podido ver los niveles de locura que el poder puede generar en militantes y dirigentes del partido gobernante.

Mientras los seguidores de Morena son puestos a dieta de sapos para atacar a la oposición y a periodistas acusándolos de golpistas, retrógradas, autoritarias y demás epítetos fraguados por el inquilino de Palacio Nacional cada que abre el pico, el presidente interino de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, ha salido con una joya que ni a Augusto Pinochet se le hubiera ocurrido.

Animado por la militarización del país, Ramírez Cuéllar ha propuesto, con esa boca suya que se han de comer los gusanos, una reforma constitucional que permita al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) ingresar a las casas de los ciudadanos para revisar su patrimonio inmobiliario, a fin de medir la concentración de la riqueza.

Eso sí, sin cumplir los requisitos de formalidad y legalidad de este acto de molestia, previstos en el artículo 16 constitucional, párrafos primero y décimo primero, en los que se establece que nadie podrá ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente que funde y motive la causa legal del procedimiento.

El antropólogo zacatecano quiere que el INEGI también tenga la facultad legal de revisar el patrimonio financiero de las personas, en coordinación con el Servicio de Administración Tributaria (SAT), para que cada dos años presente un informe que dé cuenta de la riqueza de cada persona.

Para él, ya no es suficiente la medición del ingreso y gasto de las familias mexicanas por deciles, como hace actualmente el INEGI, y con sobrada estulticia señala que el INEGI “debe de tener la facultad constitucional de medir la concentración de la riqueza en nuestro país (porque) tenemos miles de millones de dólares que constituyen una riqueza totalmente inobservada”.

Seguramente molesto porque la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, se negó a observar la riqueza acumulada por el director general de la CFE, Manuel Bartlett Díaz, y solo lo evaluó desde que fue redimido por la Cuarta Transformación, el dirigente nacional morenista dijo que medir la pobreza en México es un gran avance pero “ahora se demanda, con urgencia, medir también la desigualdad y la concentración de la riqueza”.

Las benditas redes sociales

INEGI: ¿la nueva policía financiera?

Convertidos los trabajadores del INEGI en la nueva policía financiera (como si no tuviéramos suficiente con el SAT y la Unidad de Inteligencia Financiera), cada dos años deberán dar cuenta de los resultados que arroja la totalidad de los activos con los que cuenta cada mexicano.

Para ello, según el toxicómano Ramírez Cuéllar, “el INEGI también debe tener acceso a las cuentas del Servicio de Administración Tributaria y a toda la información financiera y bursátil de las personas”.

No crea que la propuesta ha surgido en algún momento de inspiración del susodicho dirigente morenista, tocado acaso por los humores de algún estupefaciente. No. Ramírez Cuéllar refirió que esta propuesta surgió de un análisis llevado a cabo por Morena y especialistas en política y economía ante la emergencia sanitaria y con la finalidad de forjar nuevas reglas de convivencia basadas en el bienestar.

Buscando la casa de Ovidio

Hace unos meses, antes de la pandemia, miles de encuestadores contratados por el INEGI tuvieron innumerables contratiempos para aplicar sus cuestionarios, algunos fueron corridos violentamente de algunas casas e, incluso, se contaron varios que fueron asesinados por delincuentes que los creyeron policías disfrazados de simples trabajadores eventuales.

La pandemia y los riesgos de sus enviados obligaron al INEGI a detener el Censo Nacional de Población y Vivienda 2020, y optó por despedirlos sin darles siquiera las gracias.

¿Será que ahora, con la mafufada del desorientado morenista, irán casa por casa, órdenes de cateo en mano, escoltados por el ejército y acompañados por expertos inmobiliarios, con las bases de datos del SAT, a realizar extenuantes auditorías casa por casa, incluso en las de aquellos dedicados al narcotráfico, la extorsión, el secuestro, para saber sus niveles de riqueza y exigir después que paguen más impuestos? ¿Comenzarán por las casas de la familia del Chapo Guzmán, Ovidio incluido?

¿Será posible que acudan a las mansiones de los miembros del gabinete lopezobradorista y de diputados y senadores de Morena que son famosos por sus enormes fortunas, como Napito, Gordillo, Bartlett y Guadiana, o de los multimillonarios, muchos de los cuales han logrado la bendición inversora del presidente o de los gobernadores, como los Slim, Salinas Pliego, Larrea, Baillères, Aramburuzabala, Beckmann, Arango, Hank Rohn, Hernández, Del Valle, Vigil, Harp Helú, Azcárraga, Chedraui y Garza Lagüera, entre otros?

¿O simplemente quieren poner un ultimátum o un aviso de que Morena se propone desplumar a los millonarios que no concuerdan con sus acciones (que no políticas) de gobierno?

La última pregunta: ¿Qué pretende esconder a la opinión pública el gobierno morenista con esta evidente cortina de humo?

Si es esto último, el comunista de aire acondicionado ha quedado en el papel de un pésimo payaso. Aunque los mexicanos ya estamos acostumbrándonos a ver en el gobierno la actuación de innumerables bufones.

Frases sin disfraces

“Avaro es quien no gasta en lo que debe ni cuando debe”. Aristóteles

Comentarios: belin.alvaro@nullgmail.com

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