«Lo que estamos viviendo ahorita con el coronavirus no es nada comparado con lo que se vivió en el proceso de conquista y colonización con las epidemias, hubo una acción letal sobre la población indígena del noventa por ciento de muerte. La densidad de población era alta, por eso se logró una sobrevivencia, pero de más de cien lenguas indígenas que se calcula que existían al momento de la conquista, quedan aproximadamente ochenta, o sea, veinte o más grupos indígenas desaparecieron totalmente. Estamos hablando de un verdadero genocidio no solamente militar, el proceso de conquista más efectivo fueron las enfermedades porque arrasaban con la población y los españoles sencillamente llegaban a ocupar los territorios», me dijo la doctora Sagrario Cruz Carretero en esta segunda parte de la conversación en la que hablamos de la presencia de africanos —y africanas, que no venían como compañía o de cocineras, eran combatientes— en las expediciones que antecedieron a la de Hernán Cortés y en la Conquista, del origen de la esclavitud y de los muchos rasgos culturales que heredamos de los africanos y que ignoramos.

Garrido, Medina, Eguía, ladinos de artillería

Cortés traía varios africanos en sus huestes, de hecho, el guardaespaldas y hombre de más confianza de Cortés era Juan Garrido, también conocido como Juan Cortés. Era negro y todo apunta a que llegó a Lisboa en 1494, justo después del descubrimiento de las Américas, y vio que la acción no estaba en Lisboa sino en Sevilla. Se fue a Sevilla y de ahí se embarcó para el Caribe con Ponce de León para «pacificar» Cuba, Puerto Rico, el Caribe Menor, incluso intentaron conquistar la Florida y les fue muy mal porque hirieron a Ponce de León y terminó muriendo en Cuba.
Rastree algo de la biografía de Juan Garrido y no se sabe si era de Senegal, pero sabemos que era de África occidental y probablemente era un intermediario para envío de esclavos. Era de familia noble en África y era muy común que a estos nobles africanos —y también a comerciantes e intermediarios que mandaban esclavos, a los que les decían brokers—, los padres los mandaban a Europa para que se aculturaran y conocieran mejor el negocio.
Cuando ya estaba establecido en la Nueva España, Garrido vivía en el centro de México, adquirió minas y se hizo esclavista. Luego se fue a la conquista de Sudamérica y allá también adquirió minas e hizo un juicio reclamando mercedes —más bienes— en 1538, es ahí donde confesó toda su vida y por eso sabemos de él.
No dice del todo los datos de su biografía, pero sabemos que vino con Cortés, incluso aparece al lado de Cortés en tres códices por lo menos: Durán, Azcatitlan y Florentino. Es interesante porque los indígenas ponían a los personajes por el tamaño de su importancia y en los códices ponen a Juan Garrido del mismo tamaño que Cortés y la Malinche, esto nos habla de que los indígenas veían a Juan Garrido como parte de una tríada de poder. Era lancero, en esas imágenes aparece con su lanza y detrás de Cortés. Cortés lo llevaba a todos lados y le tenía mucha confianza.
El apellido puede ser por su condición física, era muy gallardo y otros de los apellidos de negros que aparecen como característica física son Garrido y Gallardo. No se apunta que haya sido esclavizado, pero tuvieron que bautizarlo y ponerle un nombre cristiano: Juan Garrido.
A los negros que se aculturaban en Europa y se hacían a la usanza europea, se les llamaba negros latinos o ladinos —de ahí viene el término «ladino»—. Después de Juan Garrido, vino otro negro ladino, Francisco Eguía. Pánfilo de Narváez vino a aprehender a Cortés, Cortés lo venció y le dijo a sus huestes que si se pasaban con él, les perdonaba la vida. Se pasaron con él y dentro de ese destacamento venía Francisco Eguía.
Cuando Cortés se dio cuenta de que miles de indígenas estaban muriendo por las enfermedades, en una de sus Cartas de Relación le dijo al rey Carlos V que el culpable de estas enfermedades era Francisco Eguía porque venía con viruela seca. Venían más de quinientos hombres, entre ellos había varios contagiados pero a Cortés se le hizo muy fácil tomar como chivo expiatorio a Francisco Eguía, por eso sabemos de él.
Uno pensaría que los militares que acompañaban a Cortés venían solos, pero no, muchos de ellos venían con familia, traían a sus mujeres o a sus hijas como acompañantes. El año pasado, cuando se celebraron los quinientos años de la llegada de Cortés a las costas de Veracruz —no llegó exactamente al actual puerto de Veracruz, pasó por ahí pero donde se asentó fue en Villarrica, frente de Quiahuiztlan, ahí fue el primer asentamiento de la Vera Cruz— se presentaron investigaciones, muy interesantes, de mujeres que venían en la expedición y que combatían a la par de ellos, una de ellas es del doctor Marco Polo Hernández, quien en sus investigaciones encontró a Beatriz de Medina, una mujer de origen africano —también aculturada— que venía acompañando a su padre. A Beatriz Medina se le reconoce porque en la Noche Triste fue la que alentó a los militares, incluso les dijo ya dejen de llorar, hay que seguir luchando; por eso se registra su presencia, me imagino qué mujer ha de haber sido.

También hubo africanos en tiempos precortesianos

Pero también vinieron negros en las expediciones anteriores a la de Cortés, Francisco Hernández traía uno que era militar pero lo trajo de bufón, es muy interesante que en una campaña de conquista llevara un cómico, que tuviera la necesidad de llevar, dentro de esta empresa tan difícil —que hay que verla como es hoy cualquier otra empresa—, a alguien que lo hiciera reír en situaciones tan difíciles. Francisco Hernández de Córdoba no triunfó en esa expedición y se regresaron a Cuba; no tengo más referencia de este bufón pero es interesante que dentro de la expedición vinieron negros.
Hay un hallazgo reciente que me parece espeluznante, hay un sitio cerca de Tlaxcala que se llama Tecuaque, que en náhuatl quiere decir «el lugar en donde se los comieron», esto es porque la expedición de Pánfilo de Narváez nunca llegó a México-Tenochtitlan porque tomaron una ruta alterna a la que tomó Cortés; Cortés tomó una ruta guiado por los totonacos de Cempoala, ellos sabían por dónde pasar seguros sin encontrarse a los mexicas, y Pánfilo de Narváez se fue siguiendo una ruta que pasaba por Tlaxcala, ahí los capturaron los mexicas, los sacrificaron y se los comieron.
El año pasado se hicieron análisis de los huesos y el resultado fue que eran restos de hombres y mujeres —entre ellos venían negros y negras— que fueron sacrificados, cocidos y comidos. A esto se debe el nombre de este sitio, Tecuaque, que ahora quedó dentro del estado de Tlaxcala y hay un sitio arqueológico importante de origen mexica.
Entonces, tenemos piezas del rompecabezas que nos hablan de una presencia africana antes del triunfo de Hernán Cortés sobre México-Tenochtitlan el 13 de agosto de 1521 y que fueron parte de la conformación de esta nación, eso fue parte del argumento que presentamos ante el Congreso para que aprobaran la Ley del Reconocimiento.

El primer alcatraz

Todavía huelo la espuma del mar que me hicieron
[atravesar.

La noche, no puedo recordarla.
Ni el océano podría recordarlo.
Pero no olvido al primer alcatraz que divisé.
Altas, las nubes, como inocentes testigos presenciales.
Acaso no he olvidado ni mi costa perdida,
ni mi lengua ancestral.
(Nancy Morejón.
Poeta afrocubana)

Portugal fue el gran esclavista y llegó hasta el siglo XVIII compitiendo con Inglaterra y Holanda, los otros dos grandes esclavistas. Francia también era un gran esclavista, pero Portugal llegó a ser dueño de África de costa a costa, desde la región del Congo hasta la región de Mozambique, y tenían libre paso transcontinental por haber conquistado esos territorios que luego fueron perdiendo; la última independencia de un territorio portugués en África ocurrió en 1970, es muy reciente.
En Portugal hay un mosaico africano impresionante hasta la fecha, muchos africanos se asentaron en Portugal por esta filiación lingüística y cultural, de hecho, portugueses que tienen ancestría africana hablan de regresar a la tierra para visitar Mozambique, Cabo Verde, esto habla de un vínculo africano todavía muy fuerte.

Aquí construí mi mundo

Me dejaron aquí y aquí he vivido.
Y porque trabajé como una bestia,
aquí volví a nacer.
A cuánta epopeya mandinga intenté recurrir (…)
En esta misma tierra toqué la sangre húmeda
y los huesos podridos de muchos otros,
traídos a ella, o no, igual que yo.
Ya nunca más imagine el camino a Guinea.
¿Era a Guinea? ¿A Benín?
¿Era a Madagascar?¿O a Cabo Verde?
Trabajé mucho más.
Fundé mejor mi canto milenario y mi esperanza.
Aquí construí mi mundo.
(Nancy Morejón.
Poeta afrocubana)

Había varias rutas para los barcos en la época de la Colonia, dependían de las corrientes oceánicas pero también tenía que ver con las naves, dependía de cómo podían manipular los barcos de vela usando los vientos.
Una ruta salía de la zona de Cádiz —sur de España—, llegaban a Canarias, de ahí se iban al Caribe y del Caribe a los diferentes puntos de las Américas. Ya estando en Cuba, salían de Santiago de Cuba hacia la península de Yucatán, pasaban por todo el Golfo de México hasta llegar a la península de la Florida, de ahí se iban a Luisiana y llegaban a Nueva Orleans; de ahí retornaban a Santiago de Cuba, pero con remos podían desviarse a La Habana.
Esta fue una ruta comercial que produjo un área cultural, a toda esta zona se le llama Caribe afroandaluz, ahí se comparten ritmos, formas de hablar, formas de cantar, métrica musical, palabras, gastronomía, fenotipo, actividad económica. Estamos hablando, por ejemplo, de un canto fundamentalmente establecido por décimas, uso de instrumentos en común —instrumentos de cuerda, percutores en las cajas de los instrumentos de cuerda—, la forma de canto con esta impronta del norte de África y con un sistema de llamado y respuesta, como lo encontramos en el jazz, en el blues, actualmente en el hip hop, en el son jarocho; incluso hay versos en común, como en la Bamba —que es un canto que se piensa que llegó de Cuba— o los mismos versos de la Rama, que encontramos versos muy similares en Puerto Rico y en Cuba; o la honra a santos patronos, por ejemplo a San Benito, encontramos formas de culto similares en varios lugares; la forma en la que se rinde culto a la Candelaria en Tlacotalpan es la misma con la que se rinde culto a otras advocaciones marianas en el Caribe, a la Virgen de Regla, a la Virgen de la Caridad se les saca y se les pasea en el río igual que a la Candelaria, y la honra de la fiesta patronal es muy similar.
Otra actividad común de la región es la económica: ganadería, cultivo de caña, tabaco, esto es muy particular porque, por ordenanzas y ante la protección indígena, se prohibió que se usaran indígenas en el cultivo de caña, en la minería y en las fábricas de telas —que se llamaban obrajes— porque porque eran letales. Gracias a un ordenamiento que logró Fray Bartolomé de las Casas —por eso se convirtió en el santo patrón protector de los indígenas—, los indios no podían trabajar en estas actividades, quienes las hacían eran los africanos, ¿y dónde encontramos caña y tabaco?, a todo lo todo lo largo de Veracruz. Lo mismo pasa con la ganadería, también está presente a todo lo largo del estado, pero las comunidades indígenas no conocían el manejo del ganado, quienes estaban a cargo de eso eran los africanos.
Entonces vemos un Veracruz totalmente pintado de negro y reconocemos claramente cuáles eran esos reductos que Aguirre Beltrán llama «zonas de refugio»; y el resto del estado, aunque con baja densidad de población, también era negro, te estoy hablando de toda la zona Huasteca costera aledaña a Tamiahua, Tancoco, Tuxpan, Tecolutla; de la zona central de Veracruz, en la zona de montaña, llamada barlovento, encontramos presencia de esta corriente musical con arpa, de carnavales como Coyolillo, Alto Tío Diego, Almolonga, que aunque fenotípicamente ya no son afro, son detentadores de una cultura afrodescendiente, aunque no lo saben.
Toda la Cuenca del Papaloapan es sumamente afro, tú vas a Alvarado y haz de cuenta que estás en Salvador Bahía, hay mucha similitud en la comida, en la música, hasta en la disposición arquitectónica. Lo mismo pasa en Cosamaloapan, Tlacotalpan y toda esa zona, de hecho, en la encuesta intercensal del 2015 resultó que los lugares en los que más personas se reconocieron como afrodescendientes fueron Cosamaloapan —mi pueblo— y Carlos A. Carrillo, son los dos lugares más negros de todo Veracruz.
En toda la zona sur: los Tuxtlas —San Andrés, Santiago y Catemaco—, la zona de Acayucan —Acayucan, Juanita, San Juan Evangelista— y la zona Coatzacoalcos-Minatitlán, también son sumamente afrodescendientes.
Hay una confusión en la identidad porque también hay una presencia indígena muy fuerte y ellos se reconocen más por la filiación indígena que por la afro, o no se reconocen como afrodescendientes porque hay un sentimiento de inferioridad por el racismo y la discriminación tan introyectados, pero estamos hablando de un estado muy, muy afrodescendiente desde el norte hasta el sur.

 

 

(CONTINÚA)

 

 

PRIMERA PARTE: Presencia africana en la región circuncaribe
TERCERA PARTE: La Torre de Babel
CUARTA PARTE: ¡Fuerza, fulgor y vida!
APÉNDICE: Poesía africircuncaribeña

 

 

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