«Muchos músicos son solamente músicos y muchos investigadores son solamente investigadores, cuando me di cuenta de esta división, llegué a la conclusión de que no quiero estar solamente en una o en otra, yo no me puedo despegar de la interpretación musical, no puedo, y la investigación me gusta mucho y me abre el panorama, definitivamente me da una nueva perspectiva de la práctica, me da una nueva perspectiva de mi ámbito de conocimiento, de mi círculo social. Es como mirar otra cara de la música, es como otra dimensión de todo lo que hago, entonces me ha gustado mucho y he procurado, desde entonces, llevar los dos caminos. No quiero decir que sea fácil, pero hasta ahora ha funcionado; ambas requieren mucho tiempo, mucho esfuerzo, mucho trabajo; paso muchas horas en la computadora, ahora tengo que usar lentes», me dijo Sandara Velásquez —esto último seguido de su inseparable risa— en esta segunda parte de la conversación, en la que habla de sus dos formaciones: la interpretación y la investigación, esas dos caras de la moneda indivisible que es su vida.

Tomé la rienda y transité la senda

Yo era muy pequeña cuando entré a la Facultad pero recuerdo a Édgar Dorantes, a Claudia Corona —hija del maestro Alejandro—, a Leonora Barrales, a Nicte-Há Aguilar —me parece que ella llegó después—, a Lorena Arrieta, a Daniel Villegas y a varios que ahorita no se me vienen a la mente; Alonso Blanco es más chico que ellos pero también lo conocí en la escuela. Nos veíamos en la Facultad y muchas veces en las reuniones que hacía el maestro Alejandro Corona en su casa, eran reuniones de tocar y escuchar música y platicar con el maestro; esas eran las mejores, eran muy divertidas.
Cuando yo tenía quince años, mi maestro me dijo:
—Mira, Sandara, has hecho esto muchos años y yo sé que te gusta, sé que lo disfrutas, pero de aquí en adelante ya se vuelve otra cosa, es una carrera mucho más en serio y tienes que saber que no es fácil y que la entrega que le has dado hasta ahora va a ser toda la vida. Piénsalo bien, ya no es por complacer a tus papás, no es por estudiar como parte de tu formación; si quieres hacer esto, piénsalo bien y me dices qué decidiste
—Maestro, no tengo nada que pensar, hago esto porque me encanta y lo quiero para toda mi vida
—Muy bien, entonces va en serio
—Sí
Digamos que estudiar música era como algo dado en mi casa, algo que iba a pasar, sí o sí, en mi familia y yo tomé las riendas de eso; tomé las riendas de mi gusto por la música, del amor que le tengo, de la entrega que le doy. Tomé las riendas de mi carrera y de ahí para adelante.

El nuevo mundo

Salí de la Facultad a los veintidós años, me titulé a los veintitrés. No fue un cambio fácil, haber hecho esto todos los días desde los seis años hasta los veintidós y de repente salir, y además, todavía era muy joven y no sabía qué hacer. Estuve pensando en hacer una maestría, apliqué y quedé para hacer una maestría en Boston, pero hubo problemas económicos porque tenía beca pero no era suficiente. Entonces decidí intentar en la Facultad de Música de la UNAM, lo hice y entré a la Maestría en Interpretación Musical. También fue un cambio muy brusco al principio, me costó trabajo adaptarme, digamos, el primer semestre, pero después resultó uno de los grandes aciertos de mi carrera porque en la UNAM, además de interpretación, hay investigación musical, eso no había aquí —al menos en aquel entonces— en el sistema rígido que me tocó, en la Facultad nada más era interpretación. Le agarré un gusto enorme a la investigación, tanto que, desde que salí de la UNAM, en 2017, hasta ahora, he procurado hacer las dos cosas.
Me gusta combinar la investigación y la interpretación, entonces, en varias ocasiones, mi práctica interpretativa tiene que ver con la investigación musical. Desde 2018 para acá, he tenido la gran fortuna de que mi actividad en la investigación ha llamado la atención en varios lugares y he tenido la oportunidad de ir a congresos internacionales en musicología. Presento investigaciones y siempre me gusta, además, dar conciertos, entonces estoy activa en ambas actividades.
He tenido la fortuna de salir del país entre recitales y congresos de investigación, sobre todo últimamente, y es algo que me encanta. He ido a Colombia, a Argentina, a Costa Rica, un par de veces a Cuba y voy a volver a ir en marzo; en noviembre del año pasado estuve en España, esa fue la última vez que toqué..
La última conferencia que di fue en la Universidad Complutense de Madrid, en un congreso internacional de musicología en el que el tema principal era migraciones musicales. Cuando uno piensa en migraciones musicales, piensa principalmente en los flujos migratorios de músicos, inclusive de obras, pero yo me enfoqué en los flujos migratorios de prácticas musicales, principalmente en la práctica musical de los concursos internacionales de piano. Principalmente hablé de los flujos musicales de Europa hacia las Américas. Esa ponencia se va a publicar en una revista en España y estoy trabajando en la versión para publicar.
En marzo voy a ir a la Habana, voy a tocar y además voy a dar una ponencia. Me invitó una maestra que es investigadora del Centro Nacional de Investigación Documentación e Información Musical (Cenidim) que está en Ciudad de México, es un proyecto conjunto: ella, otra doctora de la UNAM y yo nos vamos a presentar en un congreso que se llama Casa de las Américas. Congreso Internacional. Vamos a tomar unas piezas de colecciones de impresos musicales que hubo en México entre el siglo XIX y el siglo XX, ellas van a hablar de la metodología del registro de partituras, yo voy a hablar desde el punto de vista de la interpretación, del contexto socio-histórico de las obras y, además, voy a interpretarlas. Ese es el proyecto más cercano que tengo ahora, lo vamos a presentar en febrero en Ciudad de México, en las instalaciones del Cenidim, esa va a ser la versión extensa, voy a tocar un poco más, voy a hablar más tiempo, y después llevaremos el mismo proyecto a La Habana.
También estoy trabajando en una propuesta para el siguiente congreso en España que se va a realizar en noviembre. Estoy montando repertorio porque, aunque no lo puedo asegurar todavía porque están buscando el presupuesto, muy probablemente vaya a tocar a Colombia este año. Para este proyecto es un repertorio muy específico: música mexicana de los siglos XIX y XX. Además, tengo mi repertorio canónico: Bach, Beethoven, Mozart, todo eso que utilizo, más que nada, para mis recitales, para mis conciertos.

Encuentro de dos mundos

Desde pequeña, había una separación bastante grande en la música: cuando despertaba, oía la música que se escuchaba en mi cada y la disfrutaba, pero era otro mundo. Después me sentaba al piano a estudiar: sacaba las partituras, las leía, las analizaba, hacía mis anotaciones, me aprendía la música de memoria; era otro proceso y otro el resultado. Siempre he tenido separadas esas dos cosas, aún hoy son dos amores (risas).
Estoy casadísima con la música clásica, ha sido parte de mi vida; hace poco, cuando estaba de viaje en España, alguien me preguntaba a qué edad empecé a estudiar y me dijo ¿nunca has pensado darte un tiempo, dejar la música por un rato? Pero no me imagino mi vida sin la música, no puedo, yo aprendí a leer música al mismo tiempo que aprendí a leer español, es tan parte de mí que no lo puedo imaginar. Puede suceder que pase varios meses sin oír jazz por «x» o «y» razón, o puede ser que pase varios meses sin bailar o sin escuchar un poco de música afrocubana, no voy a ser feliz pero puede que pase, pero no me puedo imaginar la vida sin música clásica, sin sentarme al piano, por ejemplo, ahora llevo algunos días sin tocar pero siento que me hace falta, además, quizá no me he sentado a tocar pero siempre estoy oyendo música y buscando partituras.
Hace poco fui a Guanajuato a un congreso internacional de musicología, cuando regresé, me quedé un par de días en México para ir al Cenidim a revisar una colección de partituras antiguas, fue fascinante porque son colecciones reservadas, entonces tenía que buscarlas con guantes, fue un descubrimiento muy lindo; no estaba sentada en el piano pero ahí estaba el proceso creativo vivo.
Ahora que llegó aquí a Xalapa de vacaciones —entre comillas— estoy desempolvando esas partituras, leyéndolas, descifrando la música, estar pensándola desde mi práctica, para después poder darle al público no solo a la música, no solo sentarme y tocar, sino también hablar de los aspectos técnicos interpretativos, de mi proceso creativo, que es otro mundo.

(CONTINÚA)

 

PRIMERA PARTE: La luz que iluminó mi ser
TERCERA PARTE: Los pájaros blancos de las manos

 

 

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