La posible alianza entre dos fuerzas políticas tradicionalmente antagónicas, como los partidos Acción Nacional y Revolucionario Institucional, no es un tema nuevo; de hecho, el asunto se ha ventilado desde hace poco más de un año.

Alejandro Moreno Cárdenas acababa de rendir protesta como dirigente nacional del PRI, cuando el 22 de agosto abrió la puerta a una coalición con el PAN. Dijo que, sin renunciar a sus principios, el tricolor podría hacer una suma con el blanquiazul en futuros procesos.

Una semana después, el líder panista, Marko Cortés, se refirió a una alianza con los priistas para impulsar una agenda conjunta en temas legislativos.

El 29 de septiembre, en Querétaro, el dirigente albiazul fue cuestionado por la prensa sobre dicha posibilidad; no la descartó, aunque tampoco fijó una postura clara; apuntó que su partido buscaría convertirse en 2021 en la nueva mayoría opositora al gobierno y que en ese proceso intentarían hacer una suma de fuerzas.

¿Podrían esas declaraciones interpretarse como un adelanto de lo que ocurrirá en el proceso 2020-2021?; no necesariamente; sin embargo, es claro que tanto priistas como panistas consideran la alianza electoral como una posibilidad para frenar al Movimiento de Regeneración Nacional.

En algunos círculos políticos, incluso, incluyen en esa fórmula contraria a Morena al Partido de la Revolución Democrática, pero el Sol Azteca simplemente quedaría fuera de las negociaciones, dada su cada vez más escasa importancia en el contexto nacional.

Hay que recordar que, por sus malos resultados electorales en los procesos recientes, el PRD ha terminado por desdibujarse.

Lo que sí ha permeado entre algunos sectores de PAN y PRI es la posibilidad de ir juntos al proceso intermedio, como un experimento que podría repetirse en 2024, año de la sucesión presidencial en México.

En los círculos cercanos a las altas esferas del tricolor se habla cada vez con mayor insistencia de dicha posibilidad, para hacer frente a la alianza que se anticipa entre Morena y el Partido Verde.

En Veracruz, a pesar de las resistencias tanto en el PAN como en el PRI, el tema se ve como altamente probable; sin embargo, el dirigente estatal del albiazul, Joaquín Guzmán Avilés, se ha pronunciado ya contra las alianzas, al considerar que éstas sólo nutren a los partidos pequeños, pero no aportan prácticamente nada al panismo.

Hay otro grupo al interior del PAN veracruzano que no vería con malos ojos la suma de fuerzas con el PRI; es el que lidera el ex gobernador Miguel Ángel Yunes.

Por el lado de PRI, hay quien ubica al dirigente estatal del partido, Marlon Ramírez Marín, como una pieza en el ajedrez de Yunes Linares, lo que facilitairía la posibilidad de una alianza, al menos del lado tricolor. Ante los rumores que lo ubican como subalterno del ex gobernador panista, el presidente del Comité Directivo Estatal, regidor en el ayuntamiento porteño encabezado por Fernando Yunes, simplemente ha guardado silencio.

Ramírez Marín ha centrado su crítica al gobierno de Morena, pero ha pasado por alto al autor de la primera derrota del PRI en una elección para gobernador de Veracruz, lo que fortalece las versiones que señalan una relación de dependencia política.

Al final, sólo el tiempo y los acontecimientos marcarán el rumbo que habrá de tomar esta posible alianza, que significaría el surgimiento de una importante fuerza opositora a Morena.
@luisromero85