Cual comparsa carnavalesca, denigrante, el señor Roberto Ramos Alor, indigno y vergonzante, Secretario de Salud del Gobierno del Estado, exhibe y se exhibe en su condición, en la calle de Enríquez, del centro histórico de la capital veracruzana; apareciendo en el desfile, tal cual es, para los festejos del 109  aniversario de la Revolución Mexicana. Con postura grotesca, triunfalista, empoderado, ataviado outfit en tres piezas, con guayabera blanca primavera-verano, enfundado en un pantalón de color oscuro a la moda, con una pamela de creatividad Sileno el “de los bosques” de la mitología griega, deidad menor conocido por sus excesos, pretendiendo así, escenificar a los paladines de la Revolución: Villa, con su División del Norte, que se compuso de rancheros, vaqueros, caporales y otros elementos de la población rural; con entusiasmo zapatista reflejado en el rostro, propio para la ocasión, Ramos Alor,  hizo gala de su atuendo, aderezado, con senda prenda llamativa, en tela de lino, con aplicaciones en brocado floral suplementario, hecho a mano, con hilos multicolores, que destacaban a un costado de los pliegues de las alforzas, resaltando su silueta. Lució, en tejido arcoíris, prêt-à-porter, contrastante con el escenario solemne, conmemorativo del tradicional desfile cívico militar. Emergiendo así, en una nueva propuesta de la moda para festejar los eventos del 20 de noviembre. Llamó la atención, haciendo sombra, provocando el recelo de propios y extraños, el sombrero estilo Stetson 5x, color verde aceituna, simulado en tono café, con tendencia de una primaveral pamela de ala ancha révolution, que portó en la testa el señor Alor, para la ocasión, descollando aún más, los gestos de su figura, protegiéndole de los intensos rayos solares, que se filtraban por la mañana soleada, entre los edificios del centro histórico,  emulando la pamela, a los sombreros de 1910, usados en la gesta revolucionaria, hizo, de esa pasarela, las delicias del público asistente, provocando la hilaridad de quienes, con suspicacia, asombro y pena ajena, le miraron también a través de los medios de comunicación en el magno evento.

“Para ser, se tiene que parecer”, reza el refrán popular, o de lo contrario, se parece a lo que realmente se es. Y, esa escena, de figura dramática vergonzosa, nos demuestra con el escáner de la prudencia y de la sensatez, precisamente, la imprudencia y la insensatez,  la profunda verdad, al estilo socrático, la verdad verdadera, la verdad real, de cómo se encuentran  los Servicios de Salud de Veracruz, esa, es la figura apocalíptica, ni más, ni menos; radiografía que penetra las profundidades de la condición humana, de la liviandad, del atrevimiento, del destrampe, la locura del empoderamiento, de un poder que se observa transitorio, que de hecho, no existe, aunque de derecho, se manifiesta, permisible a la ligereza, a la locuacidad, que ha cobrado la muerte de veracruzanos, pueblo que se encuentra entrampado, cercado, incarcerado, sometido, ante la incapacidad, de un individuo que se observa alterado de su estado emocional, y de la capacidad cognitiva, factores que le impiden actuar en beneficio de la Salud Pública, para proteger a la población, con acciones preventivas que eviten o mitiguen la propagación de enfermedades, colocando en alto riesgo la vida y la salud de los veracruzanos.

Entre tanto, el flujo turbulento de la muerte materna, dengue, embarazo en adolescentes, incremento de VIH/Sida y demás patologías, coloca a la población de Veracruz, en dantesca escena escalofriante, sobre todo, porque, se es condescendiente desde el altiplano de la permanencia de Roberto Ramos Alor, al frente de los Servicios de Salud de Veracruz.

Cuanta soberbia, altanería, vulgaridad y prepotencia otorga la ceguera de la ignorancia, cuanto desdén provoca hacia los demás la demencia de un cargo público, cuando no se está preparado con antelación, cuando se es inconsciente de lo que es el Estado.

Despótico es el trato de Roberto Ramos Alor con los trabajadores de la salud,  signo inequívoco  que denota el desprecio por el bien común, por la ardua labor del personal médico todo, que se esfuerzan día a día, en poner lo mejor de sí, con precarios recursos, con miserables salarios, luchando por la preservación de la vida humana.

¿Qué hay de eso Josefina?, escribiría el filósofo del karma, Rubén Pabello Acosta.

A ver que le preguntan el miércoles los señores diputados de la LXV Legislatura.

Sintácticas

Cuando en una causa de lucha social se infiltran intereses ajenos significa la decadencia de la causa.

La moral es el morral que toda sociedad lleva colgando del hombro, cuando siente que le pesa, la suelta.

Por eso hay en el morral de la moral, una moral subyacente, que es, la moral de la moral.

¡Que cada quien agarre su mecate!

Una ideología tramposa, es tramposa por eso, por tramposa.

¿A quién le dan pan que llore?, al empanizado y al que le hace daño la levadura.

Dime con quién te acuestas y te diré como amaneces.

Franz von Suppé. Obertura: Poeta y Campesino. London Festival Orchestra: