A diez días de entregar a un Congreso local con nuevos dirigentes el informe de labores de su primer año de gobierno, los analistas políticos ven más claroscuros que logros tangibles en el primer tramo del gobierno de Cuitláhuac García Jiménez, que ha destacado por la grisura de su gabinete, la patética improvisación de varios funcionarios que no logran superar la curva de aprendizaje, la autosuficiencia y arrogancia con que varios servidores públicos han actuado (algunos incluyen al propio mandatario) y la falta de contundencia para enfrentar los problemas más acuciantes de la entidad, como la creciente violencia criminal, los bajos indicadores económicos y la decadente infraestructura que no ha sido tocada por lustros.

¿Hay algo bueno del gobierno morenista tras un primer año trompicado, asediado por un exgobernador panista tocado por la discordia tras la derrota de su hijo? Por supuesto que sí.

Si algo podemos calificar a botepronto como acertado es el proceso de aseo y terapia intensiva a que han sido sometidas las finanzas públicas, puestas en grave riesgo por los sucesivos gobiernos priistas de Fidel Herrera y Javier Duarte, y casi condenadas a la bancarrota por el gobierno panista de Miguel Ángel Yunes Linares, sobre todo en los meses de julio a noviembre en que, sabiendo que no vendría su hijo a sucederlo, se dedicó a sembrar bombas de tiempo que creyó insalvables, particularmente en materia de deuda pública.

El gobierno morenista no solo ha logrado mantener la nave a flote sino que ha logrado emprender su propia reestructuración de la deuda con el sector financiero (es muy posible que pronto se informe sobre sus resultados), ha permitido que las empresas calificadoras eleven sus calificaciones y expectativas e, incluso, está logrando el finiquito de las deudas con empresas proveedoras que tienen más de 4 años pidiendo que se les cubran los adeudos por obras realizadas que no quiso pagar Duarte y que Miguel Ángel Yunes solo se hizo como que la Virgen le hablaba.

Otras dos dependencias que han destacado, de manera insinuante si se quiere, son las de Desarrollo Agropecuario, Rural y Pesca (Sedarpa), que continuamente informa de acciones de apoyo a productores (ya veremos qué resultados tiene su trabajo), y la Secretaría de Infraestructura y Obras Públicas, que ha estado trabajando particularmente en la región más olvidada en materia de infraestructura carretera, el norte de Veracruz.

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Los secretarios chambones

Las demás o han navegado de a muertito o de plano han realizado un trabajo absolutamente deleznable. En este último estrado podemos considerar los casos de la Secretaría de Seguridad Pública, que ha mantenido el esquema propagandístico de realizar acciones contra pequeños delincuentes pero se ha alejado absolutamente del trabajo de prevención contra la acción de la delincuencia de altos calibres, que están sembrando de homicidios prácticamente todo el territorio estatal y que en el caso de delitos emblemáticos como el feminicidio nos mantiene en el primer lugar nacional.

La otra gran deudora es la Secretaría de Salud. La obstinación del gobernador García Jiménez por mantener a Roberto Ramos Alor, recomendado por la titular de la Sener Rocío Nahle, no solo le está significando un profundo desgaste político a él y a su partido; lo más grave es que ha puesto en grave riesgo a la población de sufrir enfermedades y ser presa de epidemias como la del dengue e, incluso, de perder la vida, por la ineptitud del pediatra.

Por supuesto, poco podrá informar realmente sobre logros en materia de promoción turística, teniendo a una secretaria que no sabe ni siquiera dónde se para, aunque ya piensa en irse al Oriente a atraer turistas internacionales. Mientras se generalizaba la queja de los empresarios turísticos por la baja afluencia de turistas en Día de Muertos, similar a la expresada en Semana Santa, la siempre sonriente Xóchitl Arbesú afirmaba que varios destinos habían rosado el 100 por ciento de ocupación hotelera, como Coatepec, Xico, Xalapa, Naolinco, el puerto de Veracruz y Altas Montañas, en un arrebato de ficción política que solo le cree su jefe.

Ya vimos cómo se comportó quien fue la primera titular de la Contraloría General del Estado, Leslie Garibo Puga, quien finalmente fue despedida tras sus nulos resultados en la búsqueda del quebranto financiero realizado por el gobierno yunista, aunque Mercedes Santoyo Domínguez tampoco ha dado luces en ese sentido.

En el caso de la Secretaría de Desarrollo Social, cuyo titular Guillermo Fernández Sánchez tuvo apenas su momento de gloria, aunque para mal, al ser señalado de enviar a sus operadores políticos a tratar de encaminar las asambleas distritales de Morena a favor del grupo en el gobierno, su labor al frente de esta importante secretaría encargada de los programas sociales estatales ha sido calificada de absolutamente nula, lo que ya es mucho decir.

Hay otros secretarios cuyo desempeño pasa totalmente desapercibido e incluso con cierto tinte negativo por sus implicaciones sociales, como el caso de Protección Civil donde la titular Guadalupe Osorno ha recibido más de una vez la “alerta gris” por su deficiente trabajo, lo que ha puesto en grave riesgo a la población que no ha sido prevenida con tiempo y, lo más grave, en ocasiones sin que se pongan en acción labores de auxilio.

Ya mañana seguiremos analizando las áreas gubernamentales de Morena en Veracruz.

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Caminos de Veracruz, desahuciados

Tiene muchas décadas que los estamos padeciendo, cada año tienen (si la suerte de un programa de mejora les beneficia) ciclos que van de la miseria al esplendor para caer de nuevo en la ignominia, y lo mismo se vuelven peligrosos por la velocidad que incitan a la hora de su renovación que por la lentitud a que obliga la desaparición de tramos enteros que regresan a la terracería originaria, aquella que permitía la convivencia de carretas, viejos vehículos y autobuses casi convertidos en chatarras ambulantes.

Me refiero a los caminos, a las carreteras de Veracruz, verdaderas vía crucis para los automovilistas cuando no pasadizos de aventuras peligrosas y fatales, a los que obligadamente se someten los veracruzanos para transportarse a otros sitios o llevar sus mercaderías y productos agrícolas a los mercados locales o nacionales.

Las pérdidas que la falta de adecuadas vías de comunicación representa son incalculables, pero repercuten en la economía de Veracruz: frutos que no llegan a su destino, vehículos con pérdida parcial o total por accidentes, asaltos por la obligada lentitud de tránsito, tiempo de trabajo perdido en los trayectos.

A principios de octubre, en gira por Axochiapan, Morelos, el presidente Andrés Manuel López Obrador, hoy perdido en una batalla más con molinos de viento, arremetió contra alcaldes y gobernadores por el descuido en que tienen los caminos estatales. Presumió los 20 mil millones de pesos que estaba destinando su gobierno a la conservación de caminos federales y pidió un esfuerzo similar a los gobernadores y alcaldes. Y se refirió en particular no solo a Morelos, sino también a Puebla, Guerrero y Veracruz.

El pasado 1 de noviembre fue el secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, quien durante su comparecencia ante la Cámara de Diputados reconoció que las carreteras en Veracruz, sobre todo en la zona norte, están en mal estado. Dijo que es una realidad que existe un deterioro en la infraestructura del estado, a causa de la negligencia de pasadas administraciones, y justificó  que no podían resolver un problema ancestral en ocho meses.

Sin embargo, ese reconocimiento del problema no parece que vaya a ir emparejado con mayor presupuesto. En la misma comparecencia, reconoció que la SCT ha visto disminuido su presupuesto en lo que va de la actual administración y para 2020 se tiene previsto un recorte de 21.1 por ciento frente a 2019, lo que impactará en proyectos carreteros en varios estados, como en Veracruz.

Y vaya que va a impactar a Veracruz. Para caminos rurales y carreteras alimentadoras se destinaron en 2019 a nivel nacional 15 mil millones de pesos, mientras que para el entrante se proponen 9 mil 500 millones de pesos, una disminución del 37%. Para Veracruz, la podadora estará más filosa, pues de mil 492 millones de pesos que se aprobaron este año, para 2020 se proponen 895 millones, una reducción de casi 600 millones de pesos, es decir, de poco más de 40 por ciento.

Por supuesto, las cifras hay que tomarlas con pinzas porque una enorme proporción de recursos aprobados en el presupuesto de egresos de la Federación no se ha ejercido a estas alturas del partido, y mire que se habla de más del 60 por ciento, lo que ha impedido dinamizar la economía con inversión pública en infraestructura.

Frases sin disfraces

“Ahora es distinto. Aunque son otras realidades y no debe caerse en la simplicidad de las comparaciones, la transformación que encabezo cuenta con el respaldo de una mayoría libre y consciente, justa y amante de la legalidad y de la paz, que no permitiría otro golpe de Estado”. Andrés Manuel López Obrador

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