Rafael Figueroa Hernándezinvestigador del Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación (CECC) de la Universidad Veracruzana (UV), presentó el jueves 19 de septiembre la conferencia “@yohenacidorumberoyjarocho; identidades fundacionales en tiempo de globalización”, en las instalaciones de dicho centro. 

A la pregunta: ¿Somos los veracruzanos más rumberos que jarochos, o más jarochos que rumberos?, el autor de más de 20 volúmenes sobre música popular veracruzana y caribeña indicó que todo apunta a que “somos lo que somos por el lugar en que hemos nacido. Se puede sacar al muchacho del corazón del barrio, aunque el barrio jamás lo sacaremos de su corazón”. 

El Licenciado en Sociología por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Doctor en Historia y Estudios Regionales por la UV, expuso que son seis las circunstancias que definen a la identidad: la naturaleza, la historia, la raza, las divisiones administrativas, la cultura y la aldea global; cada una de ellas mereció una detenida consideración. 

¿Veracruzano es igual a jarocho? ¿Un jarocho debe ser necesariamente prieto y jaranero? Trajo a colación la zona de Loma Bonita con sus tres mentiras: no es loma, no es bonita y no es oaxaqueña. La división administrativa ubica a sus habitantes en la entidad vecina, aunque su cultura los identifica como jarochos. Caso semejante es Tuxtepec con todas sus manifestaciones y costumbres que apuntan indudablemente a lo veracruzano. Ambas se ubican en la zona del Sotavento, zona geográfica de potente identidad que de muchas formas se asemeja a la Huasteca. 

Respecto al movimiento jaranero, dijo que surgió cuando el son parecía languidecer en el campo y sólo guardaba vigencia en la memoria de algunos ancianos. “Ese movimiento significó el rescate de la música jarocha y la poderosa expansión que le ha convertido en una de las corrientes estéticas populares de mayor vigor contemporáneo. Surgido hace cuatro décadas gracias, en parte, al Encuentro de Jaraneros de Tlacotalpan, marcó la pauta para la revitalización de los fandangos y su expansión hacia horizontes inimaginados”. 

Surgieron los “jarochilangos”, después los “juarochos”, los “tijuarochos” y más adelante los “jarochicanos”. Esta última es una comunidad cuyos integrantes, en medio de aquel enorme conglomerado cultural de los Estados Unidos, se sienten identificados y unidos gracias a la música jaranera. 

En cuanto a lo rumbero, la identidad caribeña es privativa del puerto de Veracruz y se conformó desde el siglo XIX. Se trata de un espacio urbano que difícilmente podemos identificar como “jarocho” por su parentesco con las formas populares propias de La Habana, de San Juan de Puerto Rico, Santo Domingo o Cartagena de Indias. No es casual que en todos estos lugares hayan florecido formas musicales como el danzón, la guaracha, la guajira, el son montuno y muchas más. 

La aparente conexión se dio a partir de dos presidentes veracruzanos: Miguel Alemán Valdés y Adolfo Ruiz Cortines, quienes enarbolaron lo jarocho en la escena nacional y esto llegó apenas de rebote al puerto. “He buscado y rebuscado imágenes de alguna dama de sociedad del puerto ataviada como jarocha antes de 1940, y no existen. Eso hubiera significado que la mujer se vistiera como campesina, algo inaceptable en aquella época”. 

En la actualidad, los festejos populares y carnavales multitudinarios se dan con respaldo de la música rumbera. Eso lo resume todo. Figueroa Hernández finalizó su exposición con un video que ilustró la base salsera de la tradición musical propia del puerto. 

UV/Jorge Vázquez Pacheco