Más de siete pasos ha dado Rive Quiroz para llegar al paraíso del jazz, de las enseñanzas de su abuelo pasó a las clases particulares, las academias, la Escuela Superior de Música; de la Ciudad de México pasó a Canadá, París, Moldavia, Nueva York; de la música mexicana pasó a la estadounidense; de los boleros al jazz y desde jazz emprendió el retorno a los boleros, las rancheras, los sones. Todo cabe en una carrera sabiéndolo acomodar, de todo ello me habló en su reciente visita a Xalapa.

Contigo aprendí…

Mi nombre es Rivelino Quiroz y soy de la Ciudad de México. Creo que la cuestión musical me viene a partir de mi abuelo materno, él tocaba en tríos de boleros, llegó alternar con Los Panchos y algunos tríos importantes de la Ciudad de México, también era actor. Los abuelos de mi papá eran músicos, en la generación siguiente no hay músicos, son arquitectos, pero yo creo que ahí estaba el gen, salió y me tocó a mí (risas).
Cuando tenía nueve o diez años, me surgió la cosquilla de acompañar a mi abuelo, él llevaba tríos, marimbas y todo eso a las fiestas familiares y a mí siempre me llamaba mucho la atención. Me empezó a dar clases de guitarra y un amigo de él me empezó a dar clases de piano, y empecé a acompañar a mi abuelo. Yo estaba muy chavito y estaba ahí pegado con otros primos, pero yo era de los más persistentes.

… que existen nuevas y mejores emociones

Como a los 12 años, cuando estaba saliendo de la primaria y por entrar a la secundaria, estaba con la estudiantina, un día agarré la batería, se me facilitó y me encantó. Mi papá me dijo ¿quieres una batería?, te la compro pero vas a tomar clases. Me la compró y estudié bajo la tutela de buenos músicos, estuve con Edy Vega, un baterista que en ese entonces estaba mucho en la escena jazzística, ha tocado con Julieta Venegas, con Kalimba, graba muchos discos en la onda pop, pero es un baterista que siempre está pegado en la onda jazz y funk. Crecí un poco con él y luego me le pegué a Hernán Hecht.
A los 15 años ingresé a la Escuela Autónoma de Música que está en la colonia Roma, ahí estudié bajo la tutela del maestro Enrique Valadez, bajista, y me invitó a su academia de música de jazz llamada Valajazz, estuve dos años en esa escuela.
Cuando tenía 17 años apliqué a la Escuela Superior de Música y quedé. Estudié el propedéutico, que dura tres años, y después hice la licenciatura en jazz. Al mismo tiempo estuve tomando clases con Hernán.
Creo que es importante mencionar a algunos personajes que han sido trascendentales en mi desarrollo artístico y de los cuales aprendí mucho: Héctor Infanzón, Eduardo Piastro, Jorge Fernández, de la Superior, y de las clases que tomaba por fuera, Gabriel Puentes y Tavo Nandayapa.

Steps to heaven

Hice una pausa en primer año de licenciatura para irme a estudiar a Victoria, British Columbia, en Canadá. Entré al conservatorio de Victoria y estudié un año nada más. No me fue muy bien en la cuestión económica, intenté moverme a Vancouver, tampoco la pude hacer bien, total, estuve un año en la lucha de tratar de estudiar la licenciatura, no lo logré, me regresé a la Ciudad de México y continué estudiando en la Superior de Música.
Terminé la licenciatura cuando tenía como 21 o 22 años y empecé a tocar con los jazzistas de la ciudad. Luego me entró la cosquilla de ir a París y me fui, estuve ahí como seis meses y me fui a Moldavia, un país cerca de Ucrania y Rumania, allá aprendí mucho de la música balcánica, me estaban enseñando a tocar violín, algo que nunca había imaginado.
Me regresé a la Ciudad de México y decidí irme a Montreal, allá apliqué para McGill, entré a un curso preparatorio para entrar a la maestría, ese curso dura un año, lo estudié pero, de igual manera, vivir allá era muy caro, me dejé de andar con rodeos y decidí irme a la ciudad de Nueva York.

New York, New York

Decidí irme a Nueva York porque allá es La Meca de todo y aquí estaba en un punto en el que me sentía estancado, me sentía muy inseguro porque mis raíces no estaban muy pegadas en el jazz y no me sentía seguro de tocarlo porque no mamé de él desde un principio, mi papá era gran fan de Duke Ellington y también le gustaba Count Basie, sí crecí escuchando big bands pero no a un nivel como el que yo sentía que requería haberlo aprendido, eso fue lo que me impulsó a irme y aprender de los que realmente crecieron en esa cuestión.
En 2016 entré a estudiar la maestría en Aaron Copland School of Music de Queens College donde tomé clases con gente muy importante: David Beerkman, Dennis Mackrel, Antonio Hart, una serie de músicos de alto nivel. Además estuve tomando clases por afuera con gente bastante importante: Barry Harris, Alexandre Kautz —el brasileño esposo de Magos Herrera—, Ari Hoenig, Ali Jackson, Jonathan Barber, mucha gente importante.
Cuando llegué, iba con el afán de aprender en la escena neoyorquina, salía a las sesiones del Smalls [Jazz Club], iba a conocer cómo se movía la ciudad. Después, cuando entré a la maestría, se me calmó un poquito esa cuestión de estar en el ambiente de la ciudad, me metí de lleno a estudiar y fue una etapa de aprendizaje muy grande en mi vida porque necesitaba ir en busca de esa raíz o de esa seguridad musical, eso me hacía falta y creo que ahí fue donde cerré ese ciclo. Todavía estoy en constante desarrollo de lo que he aprendido, pero ahí tuve la oportunidad de tocar con gente bastante importante, más que nada en masterclass acompañando gente de la alcurnia de Peter Bernstein, Tom Harrell, trompetista bastante famoso, Chico Pinheiro, guitarrista brasileño. También tuve la oportunidad de tocar con los maestros, David Beerkman, por ejemplo, de pronto me mandaba mails y me decía:
—¿Qué haces mañana?, hay un toquín en Manhattan
—No, pues voy —e iba a tocar con él
Me empezaban a jalar los maestros a tocar fuera de la escuela, ya estaba tocando en la escena, ya había dado un salto.
Algo que aprendí en Nueva York es que allá la gente es súper relajada, uno cree que son personas que viven en otro mundo pero son personas comunes y corrientes como nosotros, cuando recién llegué, era fan de todos ellos y les hablaba con miedo, pero aprendí que eso es lo peor que uno puede hacer porque te empiezan a ver como un tipo raro, te dicen ok, ya me conociste, ahora ¿qué puedes aportarme?, todos están en la frecuencia de aprender, entonces, lo mejor que uno puede aportar allá es la reciprocidad. Cambió mi forma de comunicarme con ellos, los admiro, los respeto y todo, pero ya tengo con ellos un trato de gente profesional.
Cuando llegué a Nueva York, al principio tuve el apoyo por parte de mi familia y luego de una tía que siempre me ha apoyado, llegué con eso pero cuando entré a la maestría tuve que trabajar en la escuela porque la colegiatura es bastante elevada, y más por ser internacional. Intenté tener becas pero no coordiné los tiempos, se me pasó una y esa fue la que me atoró. Hay unas becas trabajo que están bien peleadas, tuve una durante un semestre y después hacía horas en la biblioteca de la escuela y en otras áreas de Queens College, con esos trabajos te dan puntos y te descuentan un poco la colegiatura, pero también te ayudan económicamente para subsistir, te dan un apoyo que al menos te ayuda a pagar los servicios.

(CONTINÚA)

 

SEGUNDA PARTE: Voz de la bataca mía
TERCERA PARTE: La verdadera voz

 


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