El viernes en la noche, mientras mi copa de vino y yo navegábamos por los mares infinitos de YouTube, me apareció una lista de versiones de Days of Wine and Roses, el tema de la película homónima de 1962 que les valió a Henry Mancini y Johnny Mercer, autores de la música y la letra respectivamente, el Oscar a la mejor canción de ese año. La lista estaba encabezada por el trío de Bill Evans —con Marc Johnson en el bajo y Joe LaBarbera en la batería— en el Molde Jazz Festival, en Noruega, en 1980. La plataforma se dio cuenta de que me gustó mucho y me propuso otra de Bill Evans, la del dueto con Toots Thielemans. Y siguió la mata dando, después me puso enfrente las de Dexter Gordon y Cassandra Wilson. Luego cambió de rosa, me propuso La vie en rose; entre las alternativas que me ofreció, elegí la de Louis Armstrong. Como vio que no le entré a la de Edith Piaf pese a ser la original y la mejor de todas, dedujo que quería escuchar jazz y, desatendiéndose de la rosas, me puso el endiablado dueto que formaron Chet Baker y Stan Getz en los ochenta. Después vinieron muchas otras cosas y la noche se fue por muchos rumbos, ya sin rosas pero aún con vino.

Antes de dormir, ya sin vino, volvieron las rosas en versos que me han acompañado durante muchos años (ambos, lugares comunes, lo sé): el dístico de Silesius que me fue revelado por Borges:

La rosa sin porqué florece
porque florece.

 

Y el aforismo de Gertrude Stein:

A rose is a rose is a rose.

 

Al día siguiente, como muchos sábados elegí un libro para entretener el tiempo en el que la señora que me ayuda se parte el lomo por doscientos pesos para dejar mi casa y mi ropa limpias, y Noé, el bolero, suda la gota gorda por veinticinco pesos para que mis zapatos queden relucientes como espejos. Sonetos del Amor y de lo Diario, de Fernando del Paso, fue el libro elegido para la rutina sabática. Suelo leer en desorden los libros de poesía, abrí el pequeño volumen azarosamente, caí en la página 58 y ahí estaba, acenchante, la rosa:

La rosa es una rosa es una rosa.
Tu boca es una rosa es una boca.
La rosa, roja y rosa, me provoca:
se me antoja una boca temblorosa.

La roja, roja sangre rencorosa
de la rosa, que quema lo que toca,
de tu boca de rosa se desboca
y me moja la boca, ponzoñosa.

La pena, pena roja de mi vida,
de no vivir bebiendo ese lascivo
licor de boca rosa y llamarada,

rubor de rosa roja y encendida,
me ha dejado la boca al rojo vivo,
del rojo de una rosa descarnada.

Fernando del Paso

 

 

En el segundo lance del azar, apareció un bouquet de rosas endecasílabas.

Sonetos de la rosa enamorada de sí misma

PARA XAVIER VILLAURRUTIA
IN MEMORIAM

I

De luz su tallo, de agua su corola,
su alma de vidrio, su rumor de nada,
es una rosa aprisionada
en una azul y tibia caracola.

Es una rosa transparente y sola,
de sal sus hojas y de frente alada;
una rosa de sol, abandonada
en las saladas alas de una ola.

Encandilada rosa de un reflejo,
danzante rosa que se vuelve encaje
de espumas claras y de brillos lentos,

la rosa está prendada de su espejo,
apasionada rosa del oleaje,
enamorada rosa de los vientos.

 

II

Dice la rosa que el celeste manto
azul de la mañana, la verbena,
la flor de la pasión, la hierbabuena,
la magnolia y la flor del palo santo,

que el clavel, la violeta y el acanto,
el girasol, la flor de nochebuena,
el lirio, la amapola, la azucena,
el pensamiento, el loto, el amaranto,

y otras mil flores que la rosa nombra,
en majestad, belleza, proporciones,
en aroma, en color, dice la rosa

que no le llegan ni a su sola sombra,
e incluye al alhelí, los dandeliones,
las lilas, la gardenia y la mimosa.

 

III

Aplicada la rosa a su elegancia,
se dedicó a estudiar rosicultura,
aprendió la ecuación de su estatura,
y elaboró un teorema de su infancia.

Y aún hizo más, la rosa, en su arrogancia:
se doctoró en su propia arquitectura,
se aprendió de memoria su hermosura
e hizo una tesis sobre su fragancia.

Así quedó la rosa cultivada
tonta de tanta alambicada ciencia,
de tanto teorizar sobre sí misma.

Sola quedó la rosa, enajenada
en el prisma de turbia transparencia
de un perfumado y pálido sofisma.

 

IV

Nacida ayer, la rosa escurridiza
en su recinto del aire, los rosales,
en ráfagas redondas, en raudales
de relámpagos rosas se desliza.

Muerta de risa que acaricia y riza
y enreda su corola en espirales,
ahogada en laberintos de corales
la rosa no se muere: se eterniza.

Rosa, rencor en flor de carne viva
que perpetúa el color, de estirpe roja,
del sortilegio alado de su historia;

rosa más alta que la vida, altiva
rosa que cuando, rota, se deshoja,
se hace de nuevo rosa en la memoria.

 

V

Es natural que el solo pensamiento
sea de la rosa, vana y ambiciosa,
unirse al esplendor: esplendorosa
queda la rosa de este casamiento.

Se entiende así por qué su atrevimiento,
por qué insiste la rosa jactanciosa
en amar al primor, pues primorosa
la rosa queda de su ayuntamiento.

Candorosa, amorosa, cuánta henchida
reunión de nombres, y qué bien le vienen;
bien hace sólo al preferir lo bello

y mejor todavía, cuando olvida
que el rencor y el dolor también la tienen
agarrada, a la rosa, por el cuello.

 

VI

¿A dónde fue la rosa, la más fina
entre todas, la rosa invertebrada?
Se fue la rosa tras la amada,
la rosa elemental, rosa de harina.

La rosa cenital, rosa marina,
¿a dónde fue la rosa inmaculada?
Tras de su sombra fue, tras de la nada,
la prodigiosa rosa cristalina.

¿Se deslumbró la rosa con su estrella?
No hay más hondo dolor, pena más honda,
que a la rosa, por la rosa, la consuma.

¿Se fue la rosa tras su propia huella?
Se fue, sedienta de su amarga fronda,
ciega, la rosa, con su propia espuma.

Fernando del Paso

 

Por la tarde, con nueva copa de vino en mano, fui de visita a la página de la fotógrafa Marina Choy porque recordaba haber visto un rosal ahí, la serie The roses are in my bag. Para que los de esta semana sean siete days of wine and roses, yo pongo las rosas, a ver quién es el valiente que pone el vino. ¡Salud!

 

Marina Choy. De la serie The roses are in my bag
Marina Choy. De la serie The roses are in my bag

 

Marina Choy.De la serie The roses are in my bag

 

Marina Choy. De la serie The roses are in my bag

 

Marina Choy. De la serie The roses are in my bag

 





 

 

 

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