Durante semanas, cada mañana acudíamos mi esposa y yo al centro de Salud “Sebastián Lerdo de Tejada” en la calle Coyoacán, allá por los intrincados caminos que conducen a Plaza Crystal, en busca de vacunas para completar el cuadro básico de mis dos hijas pequeñas.

La menor requería la aplicación de la vacuna DPT para ayudar a protegerla de la difteria, el tétanos y la tos ferina. La mayoría de los niños que reciben esta vacuna están protegidos durante toda la infancia, sin embargo, muchos otros están en riesgo de contraer estas enfermedades si dejáramos de vacunarlos, como hoy está sucediendo. Los niños por lo general deben recibir 5 dosis de la vacuna DPT, en un periodo que va de los 2 meses a los cuatro años de edad.

Su hermana mayor tampoco corría con mejor suerte. Ya era el momento de recibir la vacuna para prevenir el sarampión, las paperas –algún compañero de escuela las contrajo a pocos días de terminar el ciclo escolar- y la rubeola, sin embargo, tampoco había en los centros de salud auspiciados por el gobierno.

A finales del mes de mayo, hace poco más de dos meses, nuestra búsqueda coincidió con la semana nacional de vacunación, así que nuestro periplo se hizo más extenso. Según el gobierno, se estarían aplicando los refuerzos de las vacunas BCG, Pentavalente o Hexavalente acelular, anti hepatitis B, Triple viral (SRP), anti rotavirus, anti neumocócica conjugada y precisamente la DPT.

Llegamos a los puestos de vacunación de la unidad habitacional de Agua Santa II y de ahí nos mandaron a uno más que se estableció en el estacionamiento del centro comercial Aurrerá, en el camino que lleva a El Castillo. La vacuna se había agotado y sólo estaban suministrando las de reforzamiento; nos enviaron a un tercer módulo de vacunación en la biblioteca municipal Juan Díaz Covarrubias.

Así transcurrió toda esa semana, de puesto en puesto, buscando las famosas vacunas. De repente, casi en secreto, nos enterábamos que al día siguiente habría la vacuna en el centro de salud Gastón Melo, pero que no había garantía de que se aplicaran las suficientes. En efecto, antes de las 9 de la mañana ya no había más vacunas.

En cada visita, las filas eran enormes. La cantidad de padres de familia solicitando las vacunas era cada vez mayor y la frustración era creciente. Y como siempre, los niños de escasos recursos tienen que pagar los platos rotos de las fallas administrativas de un gobierno ineficiente. Las cosas no han cambiado.

Al final, optamos por la solución más práctica: comprarlas al pediatría particular. Ninguna de las vacunas tiene un valor menor a los mil pesos, lo que deja fuera de esta posibilidad a miles de familias de Xalapa que, sin importar las veces que visiten hospitales y centros de salud, no han podido obtenerlas todas.

Cuento todo esto porque ayer el presidente López Obrador tocó por primera vez el tema del desabasto de vacunas, aludiendo que sólo se trataba de una mala racha, como si el gobierno y la administración pública responsables de la salud de los mexicanos fuera un asunto de buena suerte. Además, responsabilizó al “hampa de los medios” de difundir noticias falsas sobre la gravedad de la situación.

Nadie nos lo platicó a mí ni a cientos de familias que siguen esperando el abasto de vacunas para sus hijos. No lo leímos en los medios, lo supimos en la larga espera, tolerando el fastidio del personal de salud –comprensible cuando la solución no está en sus manos-. Basta con ir a cualquier hospital y centro de salud para confirmar que el asunto es cada vez más grave.

La realidad es que no hay vacunas suficientes y no sabemos por cuánto tiempo. Algunas autoridades del gobierno federal han reconocido que el problema podría alargarse por lo que resta del año, lo que pone en grave riesgo a millones de niños ante los primeros casos de sarampión que se han presentado en el país.

Hace un par de días, antes de que el Presidente culpara a los medios de difundir información falsa, Ruy López, titular del Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades de la Secretaría de Salud, reconoció que la falta de la vacuna se debe a los procesos de compra, pero aseguró que están agilizando los trámites para tener el abasto entre octubre o noviembre.

El viernes pasado, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López Gatell, admitió un retraso en la compra de 3 millones 800 mil dosis de vacunas. Tal vez nadie le ha dicho al Presidente que la información del desabasto tiene su origen en los funcionarios de su administración.

El gobierno está enfermo de cinismo y arrogancia, y contra eso, ¡tampoco hay vacuna!

Las del estribo…

  1. La pérdida del cardenal Sergio Obeso dejó muchas lecturas. Me refiero a dos de ellas: la inexplicable y mezquina crispación en las redes sociales en contra de quienes mostraron su pesar, más allá de sus creencias religiosas; y segundo, la ausencia de Cuitláhuac García en las exequias, en las que fue representado por el gobernador de facto, Eric Cisneros Burgos.
  2. Sin embargo, es tanta la ansiedad de reflectores del Secretario de Gobierno, Eric Cisneros, que suele tropezar con suma facilidad. Convertido también en vocero oficioso de la Fiscalía y la Secretaría de Seguridad Pública dijo que la familia baleada ayer en Coatzacoalcos “tenía antecedentes”, para luego responsabilizar a la Fiscalía de establecer si la agresión tiene relación con el crimen organizado. En su infinita sabiduría, él ya dictó sentencia.
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