En esta segunda parte de la conversación, Santiago Von habla de sus experiencias en Ámsterdam y hace una revisión de algunos elementos de la aquella cultura y de la nuestra.

Tres veces avancé, tres veces avancé, tres veces aaaaaaavancé

Tuve tres escuelas de jazz bien importantes antes de decir irme a Holanda: JazzUV, que me dio las bases; el quinteto con el que tocaba en la Roma, que me sirvió para agarrar callo; y la Orquesta Nacional de Jazz, donde conocí la vida profesional de músico, que era a lo que aspiraba: quería llegar a poder arreglar para la orquesta, sentir que era una parte del engranaje, viajar y sentir el reconocimiento de un público. Estar ahí fue fue bien especial y bien importante, me dio mucha dirección para saber que sí quería irme para estudiar más, porque era irme o quedarme a seguir trabajando, pero dije vale la pena salir un rato y llenarme de información lo más que pueda. Gerry López estuvo en París, Jahaziel [Arrocha] estudió en Berklee y todos me decían lánzate, aprende, agarra todo lo que puedas y cada vez que vuelvas, va a ser mejor y te vas a sentir más sólido. Yo creo que entre más sabes y entre más puedes, disfrutas más porque puedes ir más lejos, entonces decidí volver a aplicar para el Conservatorio, esta vez sí quedé y me fui.

El campo de guerra

Llevo dos años y medio en Ámsterdam, estoy en el tercer año de la carrera y ha sido otro reto, otro cambio de jugada. La escena es bien distinta allá, tiene más antigüedad, Chet Baker estuvo ahí, he visto a Lee Konitz —vive en Köln, que está súper cerca—, Benny Golson sigue por ahí. He podido ver esta otra escena y este otro ambiente donde los trancazos son otros y a otro nivel, llegan chavitos de diecisiete años y tocan animal; siento la presión de ver que están estudiando todo el día en la escuela y no es tan fácil irme temprano porque paso por los salones y veo que siguen dándole y digo bueno, me meto a darle otra media hora. Obviamente se avanza estando en estos lugares en los que te tienes que probar, tienes que meterte al campo de guerra.
Es un país muy distinto a México, hay otra forma de apoyar la cultura, la gente paga más porque hay más dinero y es un país más pequeño, entonces está un poco más distribuido, pero eso no quita que uno siga batallando día a día para alcanzar para la comida, para la renta y todo eso, pero ha sido bien enriquecedor también.
Justo ahora que empecé mi tercer año de la licenciatura, Ben Van Gelder —el saxofonista que escuché antes y por el que me fui a Holanda— empezó a dar clases en el Conservatorio y me tocó de maestro, entonces, cada día es intenso, es un ídolo, una figura, es alguien por quien realmente hay mucho respeto y tomo muy en serio todo lo que dice.
El ambiente es muy buena onda, siento que es un poco parecido a lo que viví aquí en Xalapa, todo mundo está queriendo tocar con todos, es un constante intercambio de ideas; aquí, todo mundo viene de un estado diferente de la república, allá todo mundo va de otro país, entonces es un intercambio bien rico, tengo compañeros de casi todos los continentes, tienen ideologías y formas de pensar bien distintas que te van llenando, te van abriendo un montón el horizonte.

My ideal

Cuando me fui, me dieron una beca para pagar el primer año, pero esa lana también se fue para la renta y todo lo demás; también he tenido apoyo de familiares que me han ayudado a poder mantener la cabeza afuera del agua y seguirme dedicando a estudiar. No es fácil pero una vez que entras al sistema y puedes funcionar dentro de él, te vas nivelando; dicen que «el convierte, no se divierte», pero cuando ganas en euros, ya puedes gastar en euros. Tuve que cambiar un poco el chip y eso me ha ayudado a tratar de buscar qué soy como artista profesional y cómo pretendo vivir de eso, a veces tengo que trabajar en una cocina porque hay que sacar para el día a día, pero también estoy encontrando un círculo de trabajo tocando otro tipo de música. Tal vez no era lo que esperaba cuando llegué allá, pero también llegué sin muchas expectativas, simplemente iba a ver qué sucedía y a aprender, y estoy aprendiendo de todas las posibilidades: de dar clases, de tocar otra música, de tomar huesos tocando Careless Whisper, que jamás hubiera pensado que iba a tocar, pero me ofrecieron cien euros por tocar eso quince minutos sin parar y está bien, también puedo hacerlo y tengo que hacerlo porque es chamba y también he aprendido que hay que ser profesional en todo lo que se haga, ya sea trabajando en una cocina, ya sea tocando música que tal vez no es la que me interesa, o tocando música que me interesa pero que no es precisamente jazz, y siempre hay una forma de hallarte a ti mismo y de hallar lo que tú amas hacer dentro de eso, y aun así sigo tocando música que me interesa, sigo hallando gente que me llena y es simplemente otra búsqueda y por otros caminos.
Ha sido bien interesante porque casi todos mis compañeros de sax del Conservatorio estudiaron clásico antes y varios licenciatura de clásico, entonces llegan a la escuela ya con una técnica monstruosa, con un sonido hermoso, porque allá la formación musical, las escuelas de música llevan mucho tiempo; allá es donde se creó la música clásica, donde creció, puedes pasar por la casa en la que vivió Mozart y más adelante te dicen mira, de este edificio es de donde se cayó Chet Baker —está como a una cuadra del Conservatorio y ahí está su foto y su placa—. Ahí sucedieron un montón de cosas y siguen sucediendo y van a seguir sucediendo porque hay muchísima gente que sigue la tradición, que sigue la onda de ir a escuchar orquestas, de estar escribiendo música nueva y de estar en la vanguardia de la cultura.

Dos mundos

No es por demeritar nada de lo que se hace aquí, simplemente sucede que un país como Holanda está en un proceso bien distinto, por ejemplo, allá sí ves a dónde se van los impuestos, todo está perfecto, todo funciona perfectamente, la gente no tiene que lidiar con la corrupción política o con la violencia al nivel al que se lidia aquí; las chavas pueden vestirse como quieran y salir de noche sin tener que preocuparse porque es un lugar seguro y saben que no les va a pasar nada; todo eso se traslada a la vida cultural, obviamente, la gente ocupa su tiempo en hacer música o en estudiar mucho, puede invertirlo en cultura; acá, la gente está más enfocada en sobrevivir o en buscar la forma de llevar pan a su mesa.
Allá, los músicos están enfocados en buscar nuevos caminos y eso es chido porque se están empujando a otros límites y aquí no es tan fácil llegar a ese punto de estabilidad, no digo que no suceda, obviamente hay muchísimos músicos como Diego Franco, Roberto Verástegui, esta gente está haciendo cosas de súper avanzada pero no es una generalidad.
Allá, las perspectivas son otras y es bien interesante, pero a veces me conflictúa la forma de vida de allá porque siento que es muy desapegada de la realidad del resto del mundo y no suceden cosas que sí suceden aquí, por ejemplo de cuestiones humanas, de solidaridad, de gente que está velando por sus hermanos, por sus compañeros o por gente que no conoce, eso allá tal vez no es prioridad porque el sistema funciona y piensan que no tienen por qué estar echándole la mano a nadie, y no tienen idea de esta unión que hay entre la gente aquí y esta solidaridad y este amor por tu compañero que está al lado aunque no lo conozcas y que puedes contar con alguien, que si necesitas algo, alguien te va a echar la mano.

Perspectivas

Allá también está el temor a los terroristas y a la gente que es de fuera, me ha tocado que en la calle me empiezan a decir cosas porque voy hablando en español, me han dicho vete a tu país, ¿qué haces aquí, inmigrante de mierda?, cosas fuertes que suponemos que la humanidad ya superó, pero no, seguimos en lo mismo, sigue habiendo gente súper retrógada, es lo mismo que vivimos aquí con nuestros vecinos del norte, hay mucho temor, mucho odio, mucho resentimiento.
Creo que hay que buscar otra forma de solucionar estos conflictos y estos desacuerdos que tiene la gente, que a mí me parecen muy irracionales. Me parece muy irracional temerle a alguien porque es de otro color o porque tiene una religión distinta a la tuya, pero sigue sucediendo y va a seguir sucediendo, y como artistas, como humanos, como gente común y corriente, tenemos que ver cómo podemos aportar algo. Fuensanta [Méndez Lecomte] tiene una canción que se llama Perspectiva en la que habla de todo esto, de que cada quien trae su mundo, cada quien trae sus ideas y uno como artista tiene la labor de irse a trabajar, a abrir mentes y abrir corazones, que podamos ver a alguien que viene de un país musulmán o de un país ortodoxo de quién sabe qué, y podamos entenderlo y hablar de su comida, de sus costumbres, y podamos apasionarnos con su música y podamos apreciar su arte, su idioma. Creo que la labor del artista es lograr que podamos apreciar la belleza de lo que sea.

(CONTINÚA)

PRIMERA PARTE: Now’s the Time
TERCERA PARTE: Blah Blah Jazz Trío



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