En esta tercera parte de la conversación, Mauricio Franco habla del nacimiento de JazzUV y de sus experiencias en la Orquesta Sinfónica de Xalapa.

Nace una escuela

Regresamos a Xalapa el lunes siguiente y Édgar estaba muy contento porque por fin empezaba la escuela, me decía esperamos como a 70 personas. Llegando me fui a comer y me llamó por teléfono:
—Mauricio, ¿estás ocupado?
—Pues estoy comiendo
—¿Puedes venir a la escuela cuando termines?, llegaron 150 alumnos, no tenemos maestros para atenderlos, no tenemos capacidad, nos han superado por el doble
Comí rápido, la escuela estaba en la casa en la que ahora está el Café Tal, me fui para allá y me dijo
—¿Tienes prisa?
—No
—Perfecto
Me metió a un salón y le dijo a los alumnos:
—Él es Mauricio Franco, es alumno mío y les va a dar clases
Y se salió. Aleph estaba en el patio gritando: ¡alumnos del nivel tal, de la materia tal, al salón tal! Tratando de organizar, era todo un caos. Salí atrás de Édgar y le dije:
—¿Pero de qué se trata la clase?, ¿cómo se llama la materia?
—Entrenamiento auditivo, tú sabes, dale, dale
—¿Y a qué hora los saco?
—Tenían que empezar hace 40 minutos, tú dale
Me aventó al ruedo directo, empecé a dar la clase, cuando terminé fue por mí y me dijo:
-Mira, necesito que me eches la mano, puedes tomar las clases que quieras pero ayúdame dando unas, tómalo como una beca
—Bueno, me parece bien
Empecé a dar clases de arreglos de nivel básico y a esa misma hora Édgar daba la clase de arreglos en el nivel de avanzados, entonces no podía entrar a clases con él.

JazzUV

Al mismo tiempo que daba clases en JazzUV por las mañanas, iba a ensayar con la Sinfónica, después de eso me iba a clases a la Facultad de Música y saliendo de ahí me iba a tocar a un antro, era la locura para mí, no tenía tiempo ni para dormir. Se me complicó mucho el tiempo para estudiar y el último año de la carrera me di de baja, decidí calmarme. Estaba dando clases gratis en JazzUV pero no lo quería dejar porque me di cuenta de que dar clases me permitía aprender. Me metí a la Sinfónica Juvenil, ya no era tan inestable como la Sinfónica de Xalapa, donde a veces tocaba y a veces no, acá siempre tocaba y por lo menos ya tenía una entrada constante de dinero. Me quedé ahí un año, en lo que me recuperaba, y regresé a terminar la Facultad.
Cuando salí de la Facultad dije bueno, ya terminé la carrera, ahora sí ya debo pensar en trabajar. Me ofrecieron un trabajo en Matamoros para ir a tocar con la orquesta y dar clases allá, primero fui con Édgar y le dije oye, Édgar te agradezco mucho la invitación a la escuela, he aprendido muchísimo, he tenido la oportunidad de tocar con mucha gente, de aprender mucha música y muchas cosas, pero me están ofreciendo trabajo y me tengo que ir.
Él ya había contratado a muchos de sus alumnos de ese entonces, estaban Beto Jiménez, Alejandro Bustos, Vladimir y Emiliano Coronel, Nissiel Ceballos y Gilberto Anell, también muy amigo mío; cuando le dije que me iba me contestó:
—No, yo estoy muy contento con tu trabajo, te ofrecemos un trabajo de tiempo completo y quédate
—Bueno, la verdad me ha gustado demasiado esto
En ese momento ya me gustaban todas las músicas pero dije el jazz es suficientemente complejo como para dedicarle toda una vida, igual que todas las músicas, pero es que para mí representaba un reto demasiado grande y me interesaba mucho aprenderlo.
Decidí quedarme, firmé el contrato al segundo año de que comenzó la escuela —aunque había estado dando clases desde el primer día— y a partir del tercer año de JazzUV empecé a ser maestro de forma oficial, ya con mucho mayor responsabilidad: tenía que ir a las reuniones porque ya era parte del equipo, tomar decisiones y trabajar como todos los demás. Empezamos a tener la idea de hacer la licenciatura y había que crear programas y organizar todo, la Secretaría de Educación es muy estricta en cuanto a todo lo que hay que hacer para poder validar una licenciatura, entonces me puse a estudiar muchas cosas: metodología enseñanza-aprendizaje, cosas de pedagogía, un montón de cosas, pero ya estaba fuera de la escuela y podía dedicarme a eso de tiempo completo.
En JazzUV he tenido varias responsabilidades: he estado como coordinador de varias academias, tengo unos años siendo coordinador de la academia de metales: trompeta y trombón; estuve varios años como coordinador de la academia de lenguaje musical, que comprende todas las materias de teoría; ahora estoy como coordinador de tutorías para apoyar a los alumnos de licenciatura, me toca asignar y dar cursos a los tutores para que aprendamos, ya institucionalmente, cómo podemos ayudar a los alumnos; cuando estuvo el maestro Jordi Albert de Coordinador General, me invitó a la participar como Secretario Académico de la escuela, ahí me metí un poco más en lo institucional porque ya tenía que conocer y hacer respetar los reglamentos de la Universidad, conocer el funcionamiento de la escuela, asistir a reuniones con los directores de otras facultades, con directores de área, ver programas estratégicos de la Universidad, todo esto que está más lejos del jazz y de la música, pero que es necesario para que la escuela siga funcionando.
Lo hacía por el compromiso con la escuela, no por el trabajo de sentarme en un escritorio y organizar muchas cosas, porque a mí me gustaba estar detrás de la trompeta, pero afortunadamente no dejaba de dar clases.

Los tesoros de la sombra

… sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
(Jorge Luis Borges.
El sueño)

Desde que empecé a estudiar en Celaya con el maestro Velázquez, me decía que quería que yo me dedicara a dar clases, yo tenía como 15 o 16 años y le decía no, yo quiero ser músico, yo quiero tocar, el músico está para tocar, no para dar clases. Lo que me hacía feliz era tocar pero después de todo lo que fui viviendo, me di cuenta de que en realidad dar clases también es parte de la música porque es compartir lo que sabes hacer y tus experiencias, y sobre todo, ayudar a alguien que tiene el sueño de ser músico, a serlo; eso es muy gratificante, yo no sabía qué tanto hasta que lo estuve haciendo y me di cuenta de que podía disfrutar tanto dar clases, estar frente a un grupo ayudando a los estudiantes a conseguir ese sueño, como estar tocando en un escenario o estar detrás de un papel escribiendo, haciendo un arreglo; descubrí que podía disfrutar por igual todo eso.

La silla vacía

Desde que firmé el contrato con JazzUV, me seguían invitando a la Sinfónica y yo les decía que no, este semestre invité al trompetista principal de la Sinfónica a dar clases en JazzUV para fortalecer poco la academia, porque entre el maestro Olson [Joseph] y yo no nos dábamos a basto con todos los alumnos; él me dijo:
—Oye, ¿no quisieras venir a tocar con nosotros?
—Sí quiero, desde hace años me invitan pero ya no puedo porque tengo trabajo de tiempo completo. Me ponen clases en las mañanas, ustedes ensayan en las mañanas y para mí es una falta de respeto con una orquesta no ir a todos los ensayos
—¿Das clases todas las mañanas
—No, solo dos días a la semana
—¿Y los otros tres puedes?
—Sí
—Yo hablo con el jefe de personal y arreglamos eso
Fui y nuevamente me volví a sentar en la silla de la orquesta, en esta ocasión por primera vez en ausencia de mi maestro Tim porque ya está jubilado. Al maestro Tim le debo mucho más de lo que podría pagarle —y no hablo monetariamente— por todo lo que aprendí con él en la escuela, porque él se compromete a un nivel increíble con sus alumnos, va mucho más allá de sus obligaciones. Siempre tuve la suerte de estar sentado en la silla de la orquesta al lado de él y en esta ocasión no, y lo extrañé —no sé por qué no se lo dije—, sin embargo, disfruté mucho tocar con ellos esa semana
Antes de terminar la semana, ya me estaban invitando para la siguiente, pero iba al Primer Congreso Iberoamericano de Trompeta que se hizo en Cancún y no pude aceptar, pero ya me estaban esperando con una invitación para la semana de regreso.
Regresé y fui a tocar con ellos otra vez y la pasé muy bien, estuve muy contento. Dos semanas después, me estaban invitando otra vez, pero en la administración me dijeron disculpe, maestro, pero usted no puede estar tocando aquí porque ya tiene un trabajo de tiempo completo en la Universidad, su trabajo es muy bueno, pero literalmente no hay manera de pagarle porque la Universidad no lo permite
Aparte, desde hace como dos años estoy dando clases en la Facultad de Música porque Jeffrey [Smith] y Bernardo [Medel Díaz] ya no estaban dando clases ahí, solamente estaba el maestro Tim y estaban buscando maestros, me llamaron y decidí hacerlo porque, para empezar, creo que muy poca gente tiene el privilegio de dar clases en la escuela en que se formó; no lo hago por el dinero —porque la Universidad paga poco por horas—, lo hago más que nada para pagar un poco a mi maestro que siempre estuvo ahí para mí, cobrando prácticamente nada y comprometiéndose con los alumnos de la Facultad; es como una manera de retribuir a la escuela que me haya dado un maestro como el que tuve, que siempre estuvo apoyando. Aparte, tuve una educación gratuita, entonces creo que lo que lo menos que puedo hacer es ir y hacer lo mismo, apoyar a los chavos que ahora tienen el mismo sueño.
Cuando me dijeron que no podía seguir en la Sinfónica dije no hay problema, yo entiendo, yo encantado de estar ahí, pero también tengo demasiadas cosas, entonces creo que esta es la última vez que piso el escenario con la Sinfónica de Xalapa, por lo menos de invitado.

(CONTINÚA)

PRIMERA PARTE: Relato de Guanajuato
SEGUNDA PARTE: Fantasía y fuga
CUARTA PARTE: El eje del universo

 

 

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