Este lunes 5 de noviembre se instala una nueva Legislatura en Veracruz. En mi imaginario como politólogo y también como ciudadano, la apertura de sesiones de un nuevo Congreso me ha parecido siempre un símbolo de la democracia representativa, una esperanza renovada en un proyecto común, una apuesta consciente al diálogo, a la creación de consensos, a la discusión parlamentaria, a la exposición de ideas, proyectos, visiones de futuro, diversas, opuestas muchas veces, pero también que pueden confluir y encontrarse.

La realidad es que en México nuestros parlamentos han funcionado más bien como transmisores de las voluntades del ejecutivo o de los partidos políticos, pero no se puede negar la enorme responsabilidad y poder que tienen los diputados con base en sus atribuciones establecidas en el artículo 33 de la Constitución Política de Veracruz.

Dados los tiempos establecidos en nuestro sistema constitucional esta nueva legislatura tendrá que convivir durante casi un mes con el Gobernador saliente. Es decir, noviembre será un mes difícil y complicado especialmente en este contexto que vivimos en Veracruz donde el diálogo no existe, donde hay una nula colaboración de parte del gobierno actual hacia el Gobernador Electo y su equipo, e incluso una intención explícita de obstaculizarlo.

Noviembre será un mes clave en esta transición porque podremos ver si se mantiene esta conducta irresponsable e infantil por parte de las autoridades encabezadas por Yunes, o bien representa la oportunidad de una relación adulta y madura que permita la recepción del poder ejecutivo y de la administración pública de un modo republicano y democrático.

En este escenario, el Congreso juega un papel fundamental, puede ser, como siempre, un espacio de grupos de poder e intereses partidistas que actúen de manera parcial, caprichosa y facciosa, o bien verdaderos representantes ciudadanos que velen por los intereses generales.

Tres asuntos serán durante noviembre los que ocuparán principalmente la atención del Congreso: el análisis y aprobación del presupuesto de egresos para 2019; el último informe de Gobierno y las comparecencias de los titulares de las dependencias y del propio Gobernador; y, el llamado a cuentas al Fiscal General del Estado. Este último caso será el que mayor dificultad representará en esta transición.

Si no se resuelve bien este tema de la permanencia o remoción del Fiscal General del Estado, dado el sinnúmero de quejas, controversias, opacidad y acusaciones del mal actuar del Fiscal Jorge Winckler, corremos el riesgo de entrar a una etapa muy difícil que perjudicará enormemente a los veracruzanos y al gobierno entrante que encabece Cuitláhuac García. Aquí sí ya no estamos ante un mero debate político, sino frente a una crisis institucional grave, que si no se resuelve bien tendrá que entrar a dirimir el Poder Judicial o incluso el Congreso de la Unión.

El problema principal es que en la Constitución de Veracruz se señala claramente cómo se elige y nombra al Fiscal General del Estado, pero no cómo se remueve. El artículo 29 de la Ley Orgánica de la Fiscalía dice que el Fiscal General se nombra y remueve conforme a lo que señale la Constitución, pero resulta que ésta no indica en qué circunstancias o razones y bajo qué procedimiento se remueve al Fiscal General.

En mi opinión es el Congreso del Estado, dado que es la instancia que lo nombra, la que debe remover al Fiscal General en los supuestos que no cumpla con sus atribuciones o ante señalamiento graves de omisiones en sus funciones o de incumplimiento de las mismas.

Así, noviembre será un mes muy complicado, un mes donde estaremos viendo lo mejor o lo peor del carácter de nuestros representantes. Este 5 de noviembre toman protesta 50 diputados que deben tener claro que no trabajan para un partido, ni para un gobernador, ni para una iglesia o sector empresarial o sindical, trabajan para todos y cada uno de los veracruzanos, nos representan en nuestros intereses generales y no en nuestros intereses particulares.

5 de noviembre es el mes que en Inglaterra se recuerda el intento fallido de explosión del Parlamento inglés.  Noviembre es también el Brumario, segundo mes en el calendario republicano francés cuando se instala el Directorio que pone fin a la etapa de terror de la Revolución. Noviembre también es el mes de la Revolución mexicana. Noviembre es un mes que representa lo republicano, representa anhelos y principios republicanos. Esperemos que nuestros diputados y nuestro nuevo Congreso estén a la altura de ese papel.

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