«Los hijos de Laura Rebolloso, aunque ahorita sean jazzeros, antes eran fans de los Beatles y un día, hablando de eso Laura me dijo chito, es que la verdadera raíz no es el son jarocho, son los Beatles», me comentó entre risas Manuel López Rocha, en esta segunda parte de la conversación nos habla de los diferentes ángulos desde los que se fue aproximando a la música, desde sus primeras incursiones en el son chilangojarocho, hasta la formación de La Manta.

A remar, a remar, a remar…

En el DF conocí gente que estaba haciendo son jarocho, que tampoco eran tan expertos en el tema en la UAM un día me acuerdo que fue
Al final de mi primer trimestre en la UAM, en las vacaciones de diciembre, era el último día, yo ya estaba por irme a la casa a recoger maleta y después venirme para acá, y al ir saliendo, en la cafetería vi que estaba un chico tocando guitarra -porque no tenía una jarana ese día- y otro tocando un cajón, y estaban tocando son jarocho. El del cajón era de Sinaloa, entonces era un chilango y un sinaloense tocando son jarocho (risas), pero estaban jugando alrededor de eso.
Me quedé escuchándolos y cuando terminaron de tocar los saludé y me dijeron ¿quieres tocar? entonces en el cajón era de Sinaloa un chilango y un sinaloense tocando son jarocho (risas) Yo nunca había tocado cajón pero me senté y me puse a tocar lo que había escuchado en los fandangos, recuerdo que ese día me había cortado con un cúter porque había estado haciendo los trabajos de la escuela, le estuve dando y se me abrió el dedo, dejé el cajón todo sangrado y después el tipo me decía que había tocado tanto que había sangrado (risas).
Las instalaciones de la UAM son muy grandes, entonces uno no siempre coincide, pero por casualidad, como a los seis meses me los volví a encontrar tocando con gente que tocaba son jarocho un poco más en serio y me pegué con ellos. Cuando se juntaban a tocar, yo iba y de repente me prestaban el cajón o me daban una quijada o algo así, yo estaba descubriendo los instrumentos porque nunca los había tocado. Un día empezó a zapatear con ellos una chica que resultó que era de Xalapa. Estudiaba psicología, se llama Arcelia Hernández, nos hicimos amigos, nos empezamos a decir paisanos entre los dos y de ahí es que se dispersó el apodo y desde entonces me dicen Paisa.
Empecé a juntarme con esta gente que tocaba son jarocho allá y, claro, en mis venidas a Xalapa empecé a ir más a los fandangos que entonces se hacían en el Patio Muñoz casi cada semana, a descargar toda la música que podía de son jarocho y a meterme a estudiar un poco más este asunto.

Y tuvimos nuestro Axel, con una cinta morada…

En ese entonces, mi amiga Arcelia tenía un novio que es Jorge Rodrigo Revilla Lomán, ahora lo conocen más bien como Rodrigo Lomán, es músico y compositor, pero entonces era cantautor. Resulta que Rodrigo siempre había sido mi vecino, de niño vivía a media cuadra de donde vive mis papás y de pronto nos saludábamos, los dos íbamos a la secundaria 128, entonces, a veces bajábamos y nos encontrábamos y no saludábamos, pero nos habíamos perdido la pista, nunca fuimos realmente tan amigos. Ella me dijo oye, te voy a presentar a mi novio, que es cantautor, nos presentó y dijimos no, pues ya nos conocemos. Ellos tenían un muy buen amigo, Axel Juárez, que entonces tenía la manía de descargar toda la música que podía, tenía discos duros llenos de miles de discos.
Axel se convirtió en mi proveedor de música y de todo el círculo de amigos, todos los días llegaba enseñando un montón de cosas, fue una época en la que también estábamos muy ociosos, cuando venía los fines de semana o en vacaciones, no hacíamos más que pasárnosla en el Café Cali toda la tarde, nada más viendo quién llegaba y Axel poniéndonos música, enseñándonos unos vídeos que había bajado en su Ipod, y terminando de ahí decíamos vamos a un concierto de no sé qué, íbamos a un fandango y esas cosas.

Luna que se quiebra…

Rodrigo, que para entonces estaba estudiando guitarra clásica en la Facultad de Música de la UV, me presentó a un amigo suyo de la Facultad, era Eloy Zúñiga y también nos hicimos amigos. Finalmente, en este círculo empecé a conocer a más y más personas que son mis amigos actuales y con los que después he tocado. Había un lugarcito que se llamaba Noche de Ronda, que duró muy poco tiempo, enfrente del gimnasio Omega, era un bar y ahí empezaron a juntarse todos los sábados a tocar, iba Rogelio Limón, que también toca guitarra, ahora vive en Zongolica, iba Eloy, iba Rodrigo, iba a Víctor Díaz el Manox, se juntaban varios amigos, agarraban la guitarra y se la pasaban tocando sus canciones. Esto duró unos cuantos meses, pero se hizo un buen ambiente y ahí es donde conocí a Víctor, que ahora también es muy amigo mío.
Al chico que tocaba el cajón allá en la UAM, de pronto le dio por tocar la jarana y dejó el cajón abandonado, me lo prestó, me lo traje para acá y cuando se juntaban a tocar, yo iba y tocaba con ellos. Rodrigo, en su faceta de cantautor, me empezó a jalar y cuando yo venía, tocábamos juntos, hasta que ya decidió dejar de hacer canciones.
Después empecé a tocar también con Víctor en algunas presentaciones, todo esto fue entre 2006 y 2009, que fue cuando estuve en el DF. Tocando con ellos, con el interés más fuerte en el son jarocho y la música tradicional, con las cosas que me enseñaba Axel y con todo lo que hay en Xalapa de música para consumir y para aprender, fue que me fui metiendo más en eso.

Yo no soy jaranero, al fin seré, al fin seré…

Después, mi amiga Ana Valderrama me prestó una jarana que le había dado Arael Landa, que a la vez había hecho otra persona, no recuerdo el constructor. Era una jarana rarísima, ensamblada no escarbada, se llamaba Sin hato porque no tenía su hato. Ana la tenía por ahí arrumbada y me la prestó para que aprendiera a tocarla. Aprendí como pude, Axel me pasó un método de Rafa Figueroa que había encontrado en Internet. Después fui acercándome a los fandangos para aprender directamente, pero las primeras pisadas y los primeros rasgueos de la jarana, los aprendí en mi computadora (risas), ese acceso que tiene uno ahora, miente un poco la gente que dice que aprendió a ras del suelo, en la comunidad, todavía hay quién lo hace, pero muchos, en realidad, hemos aprendido por otros medios.
Así aprendí, la ventaja es que tenía todos los recursos para después ir e integrarme al fandango, viajar a la Candelaria y demás. En el fandango también conocí a muchas otras personas que venían haciendo son jarocho, algunos más jóvenes que yo, que hacían son jarocho desde niños, como Arantxa Peláez, es mi amiga desde que ella tenía como 13 años y yo tenía como 20, también me ha enseñado cosas alrededor de eso. Así se fue haciendo este círculo de amigos que comenzamos a aprender juntos un poco más sobre música.

Encuentros cercanos

Después empecé a conocer a los que ahora somos los de La Manta.
Eloy tenía un barecito que se llamaba La Murga en la calle de Zamora, en el tramito que está entre Murillo Vidal y Xalapeños Ilustres, era un local chiquitito. Un invitó a tocar a Víctor y me llamaron:
-Oye, ¿vas a venir este fin?
-Sí, llego el sábado
-Pues tocamos el sábado en la noche, caele las ocho y trae el cajón
Llegué como a las nueve, ya estaban empezando a tocar, instalé el cajón y empecé a tocar, ni siquiera habíamos ensayado todo fue muy improvisado. Había un flautista por ahí, terminamos de tocar y me dijeron te presentamos a Ramiro, acaba de llegar de Tampico. Así fue como conocí a Ramiro [Gozález], tocando con Víctor.
A Carlos [Zambrano] lo conocí cuando recién llegó de San Luis Potosí porque se juntó a tocar con Ramiro y con Diego Salas. En un periodo de vacaciones que estuve aquí como dos meses y cada semana, después del Cali, con Axel íbamos a verlos tocar a distintos lugares.
A Hiram [Marcor] lo conocí cuando tocaba con la primera camada de Jazz LP, tocaban en el Au Petit. También llegó Axel y dijo encontré un grupo de chavitos que están tocando jazz, vamos a verlos. Ahí estaba Rodolfo [Hernández] el Chane. Fue un momento en el que se hizo mucho jazz en la calle, como por ahí del 2008, 2009, ahorita yo ya no veo tanto.

La Manta

En 2009, terminé de estudiar en el DF. Vine a Xalapa como un mes antes de acabar mis clases allá, nos juntamos con Eloy y con Axel. Eloy, por entonces usaba el cabello largo y ese día llegó con dos noticias: de que se había rapado y que se había juntado con Ramiro y con Carlos y que habían empezado un grupo que le iban a poner La Manta, eso nos contó ese día.
Como dos semanas después tocaron en una fiesta particular, subieron unos videos y me los compartieron, recuerdo que me gustó mucho lo que estaban haciendo, eran tres arreglitos: La Llorona, La Bruja y no recuerdo qué otra cosa, creo que la Petenera Huasteca. Yo estaba terminando mis clases allá, ya casi listo para regresarme y un día me escribió Eloy:
-Oye, queremos ver si quieres venir al próximo ensayo del grupo para que toques con nosotros, a ver qué sale
Vine un fin de semana antes de acabar, fui al ensayo y así fue como empecé a tocar las percusiones con La Manta. Tenía como un año que había agarrado la jarana y cuando finalmente me regresé, una semana después hicimos nuestra primera presentación en lo que era la galería Holos, que estaba en contraesquina de la Biblioteca de la Ciudad. Eso fue en junio del 2009, yo estaba recién llegado a Xalapa y ya me quede aquí.
Después de esa presentación tuvimos un poco de actividad con la mamá de Eloy, Cecilia Guinea, acababa de grabar su disco y yo creo que en realidad ese fue el germen de La Manta, porque fue el primer momento en el que colaboraron Carlos. Ramiro y Eloy. Empezamos a tocar con ella, hicimos una pequeña gira en la Huasteca. Entonces, mi llegada a La Manta fue un poco por casualidad (risas).

(CONTINÚA)

PRIMERA PARTE: In my life
TERCERA PARTE: Tipografonía



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