Normalmente una administración estatal comienza a hacer los preparativos para la entrega-recepción siete meses antes de que termine su periodo. Esto cuando hay garantía de que el partido político en el poder continúa ahí y los “errores” que se cometan no merezcan siquiera una reprimenda, pero en las circunstancias actuales, cuando el candidato del partido más odiado por el gobierno panista de Miguel Ángel Yunes Linares, Morena, va a la cabeza en las preferencias electorales y no se ve cómo le puedan ganar, las cosas se ponen color de hormiga. Por eso es que el contador Lorenzo Antonio Portilla, Auditor General del Órgano de Fiscalización Superior (Orfis), quien a cambio de impunidad entregó los expedientes de la corrupción de los duartistas, anda desesperado convocando a los titulares de las dependencias del Ejecutivo para que vayan poniendo todo en orden porque el tiempo apremia, y si Miguel Ángel Yunes Linares no logra imponer a su hijo como sucesor, muchos irán a la cárcel por haber abusado, en solo año y medio de estar en el poder, de los recursos públicos además de los negocios que han hecho aprovechando su estancia en el gobierno. La desesperación comienza a hacerse general y a pesar de la calma que aparenta tener sobre este asunto el titular del gobierno, el jefe del clan Yunes, la angustia se ha apoderado de muchos miembros del equipo quienes analizan formas para salir huyendo y ponerse a salvo de lo que parece inevitable. Bien decía el maestro Guillermo Zúñiga Martínez: Los carniceros de hoy serán las reses de mañana.

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