Hace un par de semanas platiqué con el trompetista y cantante haitiano Olson Joseph, cuando hablamos de sus experiencias en Xalapa, necesariamente apareció el nombre de Rosy Gutiérrez:

«Con Rosy fue una hermosa experiencia, la conocí por Arturo Caraza, creo que Arturo y Rosy son de esas personas que son como el amor a primera vista, de esas personas que apenas conoces, pero es como si la conocieras de toda la vida.

«Cuando Arturo me habló para decirme oye, hay un concierto con una cantante, quiero que vayas, le dije sí, estoy a tus órdenes. Y me llevó con Rosy, y con ella me pasó lo mismo que con Arturo, desde que la conocí sentí ese click. Para el primer concierto que hicimos ni siquiera nos dio tiempo de ensayar porque con mis 40 mil movimientos fue difícil encontrar el tiempo para hacer un ensayo en buena y debida forma, literalmente nos conocimos en el escenario porque llegué barriendo a la prueba de audio para el concierto, pero el click se hizo de una forma maravillosa.

«Admiro la sensibilidad de Rosy, cómo se entrega al escenario, su forma de interpretar, su forma de dejar llevar la música y de dejar ser a los músicos sin ningún afán de controlar el asunto, en el escenario se nota cómo fluye el ambiente, cómo todos se retroalimentan de los demás. Tocar con Rosy, para mí, siempre es una grata experiencia».

Su formación académica en el antiguo Conservatorio Libre de Música y Danza (antecedente de la Facultad de Música de la UV) donde tomó clases de violín, cello, canto y piano, le otorgó el dominio técnico de la música y especialmente de su instrumento principal, la voz. Su formación «callejera» al lado de Sergio Martínez, «el Picos», le proporcionó la flexibilidad y la apertura necesarias para enfrentar la música popular. La suma de esos elementos le ha permitido participar por igual en agrupaciones de música académica, que en formaciones de música popular. Testimonio de su versatilidad son su participación en el Coro de la Universidad Veracruzana, el quinteto vocal dedicado a la música sacra que formó con cinco compañeros a fines del siglo pasado, sus colaboraciones con Sergio Martínez y, más recientemente, su proyecto personal, lugar donde confluyen todos sus conocimientos, toda su experiencia, su gran profesionalismo y su notable sensibilidad.

La dirección musical y el bajo de Emiliano Coronel, el piano de Alberto García, la guitarra de Vladimir Alfonseca, la batería de Enrique Nativitas, las percusiones de Vladimir Coronel, la trompeta y la voz de Olson Joseph y el saxofón alto de Arturo Caraza forman un tejido elástico y resistente que permite a la cantante explorar y ensayar sonoridades para dotar a la música de frescura y novedad.

Sin ser propiamente jazz, la propuesta de Rosy Gutiérrez tiene mucho de jazzística, especialmente la capacidad de destacar las brillanteces individuales y después aglutinarlas para conformar una voz poderosa y unitaria. Los solos, los diálogos, los momentos polifónicos logran construir una música llena de relieves, de colores, de atmósferas; alarde de la sorpresa, festín de la imaginación.

Con todos esos ingredientes, la cantante xalapeña presentará, el martes 13 de marzo, el concierto Nostalgias en el Casino Jalapeño (Zamora 12. Centro Histórico) a las 20:00 horas. La cuota de recuperación, que incluye cocktail, será de 150 pesos. No vayan a perdérselo.

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