Mucho tendrá que bregar José Yunes Zorrilla para que cada vez más veracruzanos crean en sus propuestas y en la convicción que él mismo muestra de que su forma de hacer política es totalmente distinta de la que han caracterizado a los últimos gobiernos estatales, en particular, los que salieron con fama pública de corruptos, los dos últimos de su partido (Fidel Herrera y Javier Duarte), pero también, el que concluirá en 11 meses, el de Miguel Ángel Yunes Linares, del PAN.

Ayer que estuvo en Xalapa como parte de su gira como precandidato priista a la gubernatura, al reunirse con las bases de su partido puso en el tapete dos valores que seguramente buscará fortalecer: el de la lealtad de los priistas con su partido (lo cual ha estado en entredicho por la compra de líderes para actuar en contra del PRI), y el de una nueva forma de entender la política, “como un servicio y como un vehículo que nos permita alcanzar mejores escenarios”. Política interna de buena militancia y ejercicio externo de la política contrario al ofrecido por Fidel y Javier, centraron su discurso con los priistas xalapeños.

Y debe estar preocupado con ambos factores. En los próximos días, como en los demás partidos, habrá seguramente expresiones de malestar e, incluso, de rompimiento por parte de grupos de militantes cuyos dirigentes no lograron algo en la masiva oferta de candidaturas. Y es que el 1 de julio próximo no solo estará en juego la gubernatura sino también las 20 diputaciones federales, las 50 locales y los dos escaños al Senado.

Que el voto duro se manifieste

Tanto Pepe Yunes como, sobre todo, el precandidato presidencial Pepe Meade, necesitan urgentemente que el voto duro priista se manifieste abiertamente por ellos. Aunque hay miles de veracruzanos que votan por el tricolor, lo que es notorio en los últimos años, más a partir de la salida y posterior encarcelamiento de Javier Duarte (sin contar la desastrosa gestión de Enrique Peña Nieto, quien ha destacado en corrupción y en la incapacidad para controlar la violencia criminal), es que hay un sentimiento de vergüenza y de ocultamiento público.

Pocos son capaces, primero, de manifestar a los cuatro vientos su filiación priista, y si esto ocurre, menos son aquellos con la fuerza, la convicción y los argumentos necesarios para defender al PRI de los embates de todos los demás, tirios y troyanos, panistas y lopezobradoristas, incluso de antiguos aliados, que están empecinados en desaparecer del mapa a un partido político que por sus propios errores ha ido perdiendo espacios y se hunde en la miseria de sus cuadros gobernantes.

¿Resucitarán los priistas bravos que una vez recibieron beneficios de sus correligionarios en el poder, para reivindicar la capacidad de enmendar el rumbo por parte de sus actuales representantes? Pepe Meade y Pepe Yunes están tratando de convencer de que su máximo activo son la honestidad y capacidad de servicio.

La corrupción somos todos

Es cierto que los contrarios buscan cualquier indicio para señalar que no hablan con la verdad, incluso fotografías en que ellos aparecen con los máximos sacerdotes de la corrupción, pero ello ocurre con todos los candidato que hoy contienden. ¿O no hemos visto a Andrés Manuel López Obrador con el dirigente nacional del PT, Alberto Anaya Gutiérrez, con más de 22 años al frente de ese cascarón que los priistas resucitaron, acusado junto con su esposa María Guadalupe Rodríguez de defraudar 100 millones de pesos de recursos federales y hoy es acusada por la PGR por el delito de lavado de dinero? ¿No ha prodigado el tabasqueño su abrazo a expriistas corruptos de Quintana Roo como los excolaboradores del exgobernador Roberto Borge, hoy procesado por corrupción, como Maribel Villegas Canché, José Luis Pech, Jesús Pool Moo y Juanita Alonso Marrufo, a quienes además les ha dado la posibilidad de ser candidatos, dejando de lado a la gente que construyó el partido, como sucede en Morelos, donde le otorgó la candidatura al gobierno estatal a Cuauhtémoc Blanco, llevado por el PES a la lucha por la alcaldía de Cuernavaca a cambio de millones de pesos?

Por desgracia para los Pepes, todo mundo piensa que la corrupción es una marca registrada por el PRI, explotada exclusivamente por ellos, cuando hay muestras de sobra de que este mal corroe las entrañas de absolutamente todos los partidos, incluido Morena, que se jacta de ser la Iglesia de la purificación política.

El camino será peligroso y escarpado

Pepe Yunes dijo a sus correligionarios, como para que no quede duda de cómo los valorará en caso de ganar, que en esta elección “se estará poniendo a prueba a la buena militancia, la definición y la lealtad”. Dijo que quiere ser el candidato de los priistas “porque hay cosas qué sacudir en el estado”, y añadió que el PRI “no puede permitirse perder el instinto y principio de solidaridad en ninguna de sus expresiones”.

El precandidato priista ha transitado por la entidad, se ha reunido con sus militantes, ha compartido un ideario que ha ido conformando en años de intenso trabajo legislativo y en su experiencia exitosa como alcalde de Perote, pero sobre todo, confrontando liderazgos corruptos dentro de su propio partido, que le han hecho trastabillar como en la primera ocasión en que buscó el Senado.

Pero tiene enfrente a dos importantes contendientes: el precandidato morenista Cuitláhuac García Jiménez, quien viene con todo el impulso de Andrés Manuel López Obrador y en los pasados comicios para gobernador estuvo en un tris de desplazar del segundo lugar al priista Héctor Yunes Landa, y a Miguel Ángel Yunes Márquez, quien competirá con todo el apoyo del gobierno estatal, donde su padre ha ido tejiendo apoyos regionales a cambio de respaldos políticos y financieros o brindando impunidad a exoperadores de Javier Duarte.

 

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