Sin duda, Cataluña tiene razones suficientes para impulsar su independencia, y el Estado español las suyas para evitar que esto suceda. El fin de semana pasado hemos vivido una jornada electoral muy peculiar en España, lo que ha desembocado en una crisis política que no sucedía ni siquiera a la muerte de Franco. La imagen de policías golpeando a ciudadanos que salieron a votar en el referéndum ha dado la vuelta al mundo.

Sólo para cultura general. Cerca del 80% de los catalanes no están de acuerdo con su actual sistema de autogobierno. La decisión de separase está basada en aspectos económicos, políticos y culturales.

Los partidarios de la independencia dicen que Cataluña, que tiene su propia lengua y cultura, es una «nación» y que como tal se les debe permitir tener su propio Estado. Asimismo, sostienen que son una de las regiones más ricas de España, con un PIB de 250 mil millones de dólares, y que les están transfiriendo un exceso de recaudación fiscal a las comunidades más pobres.

Para ponerlo en contexto, algo parecido podría reclamar Nuevo León respecto de su aportación al PIB nacional y el oneroso subsidio que recibe el sureste del país, la región más rica en recursos naturales pero con la población más pobre.

El Tribunal Constitucional español suspendió la votación amparándose en dos puntos. Uno de ellos dice que la nación española «es indivisible» y por el otro lado, hay una ley que establece que el único que tiene «potestad» para convocar el referéndum es el Estado Central. Estas consultas solo pueden ser proclamadas por el Rey, a propuesta del presidente del gobierno y con previa autorización del legislativo.

Cataluña es una comunidad autónoma –de las 17 que conforman a España- que tiene una población muy similar a la de Veracruz (7.5 millones de personas) en apenas la mitad de su territorio. Es la comunidad con el mayor ingreso per cápita y con el menor índice de desempleo en el país ibérico. Esa provincia aporta a España la cuarta parte del PIB y de sus ingresos por industria. Para el Estado español, no es un asunto de leyes –como ha sido su discurso- sino de economía.

Con un aplastante “sí” a favor de su independencia, los catalanes han armado un verdadero follón. El Gobierno catalán ha dicho que el Parlamento local declararía unilateralmente la independencia esta misma semana, con lo que se iniciaría el proceso para la redacción de una nueva Constitución y la formación de las estructuras del nuevo Estado, como el de un Tesoro público o un ejército.

Lo que pasa en Cataluña no es algo nuevo. Los países se han ido reconfigurando a lo largo del tiempo. De hecho, millones de personas han visto desaparecer los países donde nacieron, como sucede por ejemplo, con Yugoslavia, Checoslovaquia o la propia Unión Soviética.

El último país en aparecer en el mapamundi es precisamente Sudán del Sur en África, una provincia que en 2011 se separó de Sudán. Antes que él, Kosovo había nacido en Europa en 2088 luego de independizarse de Serbia.

Y pues tampoco los mexicanos nos podíamos quedar atrás. Las ansias independentistas siempre han estado presentes, de manera más reciente de lo que muchos suponen. Estados que en distintas etapas no pertenecían a México, siempre han guardado celosamente su interés de separación del pacto federal.

Primero, en 1839 hubo un intento separatista de los neoleoneses para formar un país independiente junto con Texas, buena parte de Tamaulipas y Coahuila la cual se iba a llamar República del Río Grande; en ese entonces, Texas era un país pues se había independizado de México en 1835. Esa locura ha pasado por la cabeza del actual gobernador.

Después, Yucatán, Campeche y Quintana Roo querían conformar la hermana República de Yucatán. De hecho estos tres estados fueron independientes dos veces en la historia. La primera, en 1841 cuando estas tres entidades obtuvieron su independencia y se constituyeron como República de Yucatán, independiente de la nación mexicana.

La segunda, cuando Andrés Quintana Roo, negoció la reincorporación de Yucatán a la República Mexicana, siempre cuando se respetara su autonomía, lo cual no ocurrió pues Santa Anna era centralista y se negaba a que los estados fueran autónomos, por lo tanto en 1841, la República de Yucatán volvió a ser nación independiente.

Y muy recientemente, en 2013 en Baja California surgió un movimiento separatista que se hacía llamar ‘Bajaindependiente’ y buscaba la independencia de toda la península del resto del país como respuesta contra la homologación del IVA a 16% en los estados del norte, cuando recién se aplicaba la reforma fiscal del actual gobierno.

Este movimiento resurgió a principios de 2017 tras las protestas contra el gasolinazo y la ley de Aguas en aquella región. Este movimiento se tomó muy seriamente el asunto de su soberanía y creó propuestas de bandera, moneda y anuncios que exaltaban el amor a esa patria nueva. Pero hay quien dice que la falla de San Andrés se encargará, tarde o temprano, de cumplirles el deseo.

Después de Cataluña, los aires independentistas empezarán a correr por todo el mundo.

Las del estribo…

  1. Otra del cochinero legislativo. Resulta que los diputados del cambio decidieron invertir el dinero del Congreso –que es dinero público- en la instalación de un gimnasio privado, cuando bien se pudo evitar el cese de algunos empleados, o en todo caso, enriquecer el acervo de su biblioteca. Eso sólo sucede en la “porrocracia” veracruzana.
  2. Curioso que el informe que sustenta la recomendación 01/2017 emitida este martes por la Comisión Estatal de Derechos Humanos -en el que se señalan errores y omisiones en la integración de las carpetas de investigación de 81 personas desaparecidas- sólo llegue a octubre de 2016, cuando el colectivo Solecito acusa vacío de poder en la entidad. Cosas de la alternancia.