En esta parte final, Abraham Rendón habla de los proyectos en los que participa y hace una reflexión final sobre su concepción de la música y del jazz.

Artesanos de la calle

Guacamole (Foto tomada de la página del grupo)

Un poco antes de entrar a la licenciatura conviví más, de hecho viví junto con Santiago Armijo, que es el baterista de Guacamole, y con Alan, el pianista, que también vivió aquí un rato. Ya habían formado Guacamole y me invitaron a tocar ahí. Estuve desde el debut oficial, en diciembre de 2012. Aprendí muchísimo, bastante porque desde la primera tocada que tuvimos nos escuchó gente que nos tenía que escuchar y empezaron a salir más y más cosas, una vez estábamos tocando en la calle, creo, y después salió que una fecha para no sé dónde y después otra y después nos dijeron les queremos grabar el disco y así, para mí fue muchísimo en muy poco tiempo. Apenas estaba empezando a conocer y, sobre todo, a tocar otras cosas que no fueron trova y todo ese cambio fue muy rápido. Durante todo ese tiempo íbamos aprendiendo todos sobre la marcha.

Para ser libre

Cuando conocí a Karina Galicia, la cantante de Hilvana, ella tenía su proyecto, sola de la misma escuela de cantautor, todas sus composiciones eran así y justo la conocí cuando andaba en el proceso de armar una banda, ya tenía a todos los integrantes, un tiempo después el guitarrista, Carlos Alcalá, se tuvo que retirar del grupo, quedó libre el espacio de guitarra y los integrantes que estaban en ese entonces, y ella, me invitaron a formar parte del proyecto.
En ese entonces todavía era otro tipo de música, a mí me interesó mucho el proyecto porque el perfil que siempre me ha gustado es el de arreglista, me encanta escuchar una rola y se me ocurre hacerle más o abrirle tal cosa entonces me gustaba que mostraba sus canciones y se me ocurrían mil ideas. El proceso en el que pasamos de Karina Galicia & Sound Machine a Hilvana fue de muchísima creatividad.

Hilvana (Foto tomada de la página del grupo)

Empezamos como Hilvana y todo ha estado fluyendo bastante bien, ganamos la beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y a partir de ahí el grupo se empezó a unificar mucho más, ya estaba más claro qué era lo que queríamos con la música, con los arreglos, con las letras y estuvo bien tener que trabajar a otro ritmo
Las cosas que hacemos en Hilvana quizá no tan elaboradas musicalmente, no tienen un grado de exigencia como el de un ensamble de JazzUV, por ejemplo, en donde los arreglos son más elaborados pero tratamos de rescatar el proceso compositivo y de demostrar que la sencillez puede hacer la música un poquito más disfrutable. Tratamos de lograr que suene mejor con menos cosas, de aprovechar todos los instrumentos y hacer más cosas en los arreglos, me gusta bastante.
En los grupos independientes siempre se va aprendiendo sobre la marcha, cuando metimos la beca al FONCA no sabíamos qué tan exigentes son con los requerimientos ni cuántos trámites teníamos que hacer. Fue una experiencia muy buena porque es muy importante aprender cómo gestionar un grupo, cómo administrarlo, pensar cómo puedes tener más impactos, cosas así que normalmente en una escuela de música nunca pasan, ahí uno se preocupa por la música nada más.
Sacamos el disco el 21 de marzo y vamos a hacer una gira, en abril vamos a estar en el Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México, tocando en varias fechas y vienen muchas cosas para Hilvana, creo que se van a abrir muchas puertas porque el trabajo que se está haciendo es muy honesto, hay mucho entusiasmo de parte de todos los integrantes, todos cooperan en todo y eso ayuda bastante a que el grupo crezca.

Vamos ya

Hace como un año o un año y medio empecé con el proyecto de mi sexteto con el que trataba de encontrar la liga entre cómo empecé a incursionar en la guitarra con la trova y esta última parte que he tendido con el jazz, de encontrar ese punto del jazz latinoamericano que escuché a partir de Miguel Zenón. A él lo conocí en el Festival Tónica como dos años antes de que viniera aquí a Xalapa y me gustó toda esa fusión que hacía y cómo lograba unir sus raíces con una música más contemporánea. Me gustó mucho y estoy haciendo mi intento de encontrar eso, tengo composiciones en las que me guío mucho con ese lenguaje que es muy diferente, es muy difícil encontrar ese hilo conductor pero me divierto mucho haciendo esas composiciones porque trato de hacerlas muy conceptuales.
Hay una canción que se llama Batik Shá, que en tzotzil significa Vamos ya, en la que trato de describir la jornada laboral de un hombre indígena en Chiapas, que es de los estados donde la gente trabaja más y recibe menos. Siento que cuando estás lejos de tus raíces te aferras más a investigarlas, a saber de ellas, te empiezas a dar cuenta de realidades de las que, cuando estás dentro, no te enteras. Eso es lo que trato de hacer en el sexteto.
Empezamos con arreglos de canciones como La Mentira, de Álvaro Carrillo, unas canciones de David Haro, cosas así. Nos presentamos en el Festival JazzUV pasado y luego lo abandoné mucho por cuestiones de la tesis y todo lo que hay que hacer para titularse pero pienso retomarlo. Ahí está Karina Galicia en la voz pero su participación es más instrumental que con letras, es otro proceso compositivo de buscar registros y ver qué puede quedar bien con el sax y la voz. También están Adolfo Vivanco en el saxofón, Pedro Morán en el bajo, Alex Lozano en la batería y en las percusiones estaba [Francisco] Wilka, ahorita está Santiago Armijo.

Un nuevo color

También he estado tocando con Johnny Hernández, un cantautor de Tabasco que está aquí en Xalapa, es muy interesante porque está tocando una canción normal en 4/4 y de repente mete 9/5, hace cosas así nada más por gusto, por sonoridad pero a uno como músico lo saca de onda y lo pone a buscar nuevas formas de tocar.
Ahora que estoy a punto de terminar en JazzUV, me queda claro que la escuela nada más te da las herramientas para hacer las cosas y de ahí cada uno decide qué hacer. Para nada son suficientes los cuatro años que dura la licenciatura, debe haber una búsqueda constante de sonidos, de gustos, de tu música, de hasta qué punto seguir tocando standards o componer o tener un proyecto, o hasta qué punto dedicarse totalmente al jazz, en mi caso, me encanta el jazz pero también me gustan otras cosas, todo lo que hago con Guacamole y con Hilvana es el reflejo de eso.

PRIMERA PARTE: Raíces
SEGUNDA PARTE: Días de lira y rosas
VER TAMBIÉN: Abraham Rendón, una conversación │ Avance



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